28 de abril de 2008

Un sacerdote de izquierda en la Presidencia


Fernando Lugo acabó con el dominio del Partido Colorado en Paraguay

Por Jorge Zárate*, especial para Revista Emeequis (www.m-x.com.mx)



Un obispo condenado por el Vaticano, defensor de la Teología de la Liberación, ese movimiento que tanto incomodó a la Iglesia católica en los sesenta y setenta. Un abogado de los pobres. Eso era Fernando Lugo antes de contender por la Presidencia de Paraguay, ganar y poner fin, así, a seis décadas de control político del Partido Colorado, el último partido de Estado en Latinoamérica. El discurso que lo llevó a la victoria, y que ha obligado al mundo a mirar hacia a ese país de 6 millones de habitantes, está enfocado en la justicia para los indios, en reformar la Constitución, en exigir que Brasil y Argentina paguen el precio justo de la energía que compran a la pequeña nación, y en una Reforma Agraria Integral para más de 300 mil campesinos sin tierra. Lugo, el hombre que venció al casi invencible Partido Colorado, ha venido a colocarse como otra pieza en el tablero de la izquierda en Sudamérica.


Asunción, Paraguay.- ¿Moo jahata, Fernando? —preguntó el que manejaba.
—¡Al Palacio! —dijo con una carcajada Fernando Lugo, la bocaza abierta, los ojos que empequeñecen al aumento de los lentes.

La anécdota ayuda a saber que el obispo supo leer lo que ocurrió aquel 29 de marzo de 2006. Había concluido la marcha contra la impunidad, donde unas 30 mil personas encontraron en él un vector para canalizar las históricas broncas por los atropellos a los derechos humanos, por el robo sistemático del Estado, por la mafia que siempre
anda rondando detrás de todo en este país, por todo lo que representa el Partido Colorado en el imaginario opositor.
Si la Asociación Nacional Republicana (ANR), nombre oficial del Partido Colorado, llevaba 61 años en el poder y lo esgrimía como algo imbatible, había idéntica cantidad de años de injusticia que podían convertirse en el combustible de su caída.
“Es posible”, se dijo en el momento preciso en que nacía un líder.
Al ver la movilización, la misma frase habría pasado por la cabeza del saliente presidente Nicanor Duarte Frutos mientras un rictus amargo, que ya no lo abandonará, se instalaba en su rostro.
Pero todavía, días, horas antes de las elecciones de este domingo 20, Duarte había soltado los amarres del miedo por todo el país. Había profetizado, para contener el triunfo de Lugo, que si ganaba el obispo habría atentados terroristas contra gasolineras y que los asaltos a los comercios se desatarían y que “la paz”, su paz de 61 años, estaría en peligro. De esto, para desgracia de dichas profecías, nada pasó.
Lugo había logrado lo inesperado. No solamente derrotar en las urnas de manera amplia —más de 40 por ciento de los votos, 10 puntos por encima— a la candidata del Partido Colorado, Blanca Ovelar, sino además, hacerlo sin huellas de violencia, sin incidentes.

Fernando Lugo Méndez es hijo de colorados que militaron en la corriente interna de su tío, Epifanio Méndez Fleitas, que fue perseguido y obligado al exilio por el tirano Alfredo Stroessner (1954/1989). Su padre, Guillermo Lugo, fue al menos 20 veces a la cárcel, dos de sus hermanos debieron ir al exilio, y él no pudo in-
gresar al Colegio Militar como pretendía por portación de apellido.
Vio sufrir a propios y ajenos desde muy joven.
Se ordenó sacerdote en 1977 y viajó al Ecuador en esas épocas oscuras de la injusta América Latina, años de tiranías, de dictaduras militares y guerra sucia. Viviendo aquello sintió que la Teología de la Liberación era un aliciente para soñar que algún día no habría más
tanta pobreza en el continente.
Esa fuerza lo trajo de regreso a Paraguay, a San Pedro, donde los latifundios ganaderos y sojeros —30 mil hectáreas, 50 mil hectáreas— siguen campantes mientras los campesinos pobres no tienen tierras para cultivar.
Fue obispo desde 1994 hasta el 11 de enero de 2005, cuando Juan Pablo II le aceptó la “renuncia”.
Quejas de que Lugo apañaba las ocupaciones de tierras de los campesinos, que instruía a sus dirigentes, quejas y más quejas de los dueños, de la oligarquía que gobierna Paraguay, donde 1.7 por ciento de los propietarios tiene más de 75 por ciento de las tierras, donde 20
por ciento de la población se queda con más de 60 por ciento de la riqueza.
Quejas en un país donde en este momento hay por lo menos 300 mil campesinos sin tierras. Alta la cantidad si consideramos que de los 6 millones de habitantes que tiene Paraguay, poco más de la mitad está en las ciudades y el resto, en el campo.

La Salida
Se ordenó sacerdote el 15 de agosto de 1977 y al poco tiempo ya estaba dando misas y enseñando en Guaranda y Echeandía, en Ecuador. Se encontró con la Teología de la Liberación y con monseñor Leónidas Proaño, “el obispo de los pobres” de los Andes ecuatorianos.
A partir de ese año en que se ordenó sacerdote siempre tuvo claro al lado de quién debía estar: “Lo mío es la opción pastoral por los pobres”.
En 1982 volvió a Paraguay para quedarse hasta 1983, año en que viajó a Roma para realizar estudios de espiritualidad y sociología. Se graduó en 1987, regresó y comenzó a vincularse con los grupos que exigían la caída de la dictadura.
En 1994 Lugo fue nombrado obispo de San Pedro, cargo que mantuvo hasta el 11 de enero de 2005, cuando Juan Pablo II acepta su renuncia. Entonces pasa a ser obispo emérito de la diócesis de San Pedro.
Benedicto XVI se encargaría en 2007 de suspenderle a divinis, es decir, se le prohibió administrar algunos sacramentos y enseñar doctrina.
El Vaticano no ha hecho declaración alguna sobre el triunfo político del obispo. “Yo me pongo a disposición de la decisión que tome el Vaticano como hijo de esta Iglesia. Quiero pertenecer a esta Iglesia que tanto amo, pero busco una salida de consenso”, ha dicho Lugo respecto al silencio de la cúpula católica.
En marzo de 2006 impulsó la organización de Resistencia Ciudadana, que agrupó a los principales partidos políticos de la oposición, las cinco centrales sindicales y más de un centenar de asociaciones civi-
les de Paraguay.
Con el Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) negoció la llamada Alianza Patriótica para el Cambio (APC) que acaba de derrotar al último partido Estado que quedaba en Latinoamérica.

El regreso
Diagnosis paraguaya (1965) y Lo histórico y lo anti-histórico en el Paraguay (1976) son obras de Epifanio Méndez Fleitas que se editaron en Argentina. Quienes las leyeron aseguran que en esas obras se puede entender, de alguna manera, que Fernando es una suerte
de regreso, de revancha de la sangre.
Dice Epifanio en El drama histórico del Paraguay: “...la tiranía vitalicia de Stroessner no es un parásito del aire; entronca en la política paraguaya como la estaca que echa raíces en la tierra y genera nuevas ramas. No es un injerto”.
Y agrega: “Desde su adscripción al imperio español (Irala, 1537-1556), pasando por el apogeo colonial (Hernandarias, prácticamente de 1592 a 1621), hasta el alumbramiento y el cenit de la Independencia (Francia, 1813-1840; Don Carlos, 1841-1862; y Solano López, 1862-1870), el Paraguay ha sido gobernado intermitentemente por poderes vitalicios, aunque no despóticos. Por eso no cabe parangonar con ellos el de Stroessner, pero son precedentes y se prestan a equívocos. Alguien dijo que «la historia se repite: una vez como drama, y en la reprise, como comedia» [...] Los
regímenes de Francia y los López son el drama; el de Stroessner, la comedia”.
Increíble. “Es la novela latinoamericana, es como en Cien años de soledad”, resume el pintor Jorge Buman tomando mate con este cronista, contándole un sueño.

Entre Hugo Chávez y Lula Da Silva
Fernando Lugo acaba de consagrarse presidente, es domingo 20 de abril y habla en la histórica esquina de Palma y Chile, frente al Panteón de los Héroes.
Insiste con las ideas de pluralidad e igualdad. Lo diverso contra lo uniforme. Sabe que no hay otra salida.
El principal aliado, el Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), al que sólo ven de centro los que están muy a la derecha, tendrá 14 de los 48 senadores, en tanto que los aliados de izquierda sólo serán un senador del Partido Movimiento al Socialismo y uno del Movimiento Popular Tekojojá, contra los 18 colorados, ocho del Unace del polémico Lino Oviedo, y tres de Patria Querida.
Algo parecido le ocurrirá en diputados cuando el Tribunal de Justicia Electoral termine de contar los votos, para saber cómo finalmente se distribuyen los 80 diputados, aunque se estima que también habrá
una primera minoría colorada, una segunda liberal, y después siguiendo el orden que se dio en senadores.
Vale considerar también que a los problemas que habrá para hacer aprobar una ley en el Congreso, Lugo deberá enfrentar a un Poder Judicial controlado por colorados, así como un aparato burocrático de alrededor de 200 mil empleados públicos que en su mayoría
son afiliados a la ANR.
El PLRA lo ayudará en el reclamo por la renegociación de los leoninos contratos de las represas hidroeléctricas de Itaipú y Yacyretá por la que los vecinos Brasil y Argentina le quitan a Paraguay alrededor de 2 mil millones de dólares por año.
Esta suma podría cambiar drásticamente la situación de pobreza del país.
Se desconoce cómo reaccionará el PLRA ante el plan de Reforma Agraria Integral que prometió Lugo.
“Respetaremos la propiedad privada”, viene repitiendo su vicepresidente electo, Federico Franco. Paraguay casi no tiene tierras fiscales, la única forma de hacer reforma es expropiar o aplicar fuertes impuestos a las tierras improductivas, cuestión que el pequeño Estado paraguayo no tiene capacidad de controlar.
“Soy una línea media entre Chávez y Lula”, se define el ex obispo y se pregunta: “¿Por qué no puede ser una línea intermedia, la de Fernando Lugo? Paraguay tiene que hacer su propio proceso. Creo que hoy en América Latina no hay paradigmas comunes unificados”.
Es posible que asuma antes del 15 de agosto, fecha prevista para el traspaso de mando, porque el presidente Duarte Frutos necesitará tomar su banca de senador el 1 de julio, dada la debilidad en la que quedó después de las elecciones.
Es posible que llame a una reforma constitucional que establezca un escenario superior de derechos electorales y políticos.
Tres objetivos casi imposibles: reforma constitucional, renegociación y Reforma Agraria Integral, que no serán de fácil acceso.
¿Cómo hacerlo?
¿Cuál es el camino?
Alguien le vuelve a preguntar en guaraní:
—¿Moo jahata, Fernando?
(¿Hacia dónde vamos, Fernando?)
(Fin)

*Secretario de Organización del Sindicato de Periodistas del Paraguay

Lugo en su tinta (lateral)

√ “Sigo soñando con la patria grande, con una Latinoamérica integrada, sin fronteras, que sea respetada en el contexto internacional. Y sueño con un Paraguay respetado por las demás naciones. Quiero seguir soñando con los pueblos de América Latina”.

√ “Paraguay no puede ser una isla apar- tada, debe integrarse al continente”.

√ “Mi primera medida es una que tengo clavada en el corazón: la de nuestros pueblos indígenas”, por “la deuda histórica que tenemos con ellos, los verdaderos dueños originarios de esta tierra (...) No más indígenas que mueran por hambre, tuberculosis o falta de atención”.

√ Comienza una nueva era de la política paraguaya (...) El Partido Colorado ha gobernado para un grupo selecto de paraguayos. Eso cae y se abre un gobierno para todos”.

√ “Que se termine eso de que hay que ser colorado para trabajar como funcionario público”.
√ “Creo que es la primera vez en Paraguay que un gobierno traspasa el poder a otro de distinto signo sin derramamiento de sangre”.

√ “Cada vez que me hacen esa pregunta es una punzada en el corazón” (acerca de la suspensión a divinis que le impuso la jerarquía católica).

√ “Todavía no puedo verlo”
(sobre el Paraguay del futuro).

19 de abril de 2008

El ruido de la caída


Paraguay/Elecciones 2008
Fernando Lugo puede ser consagrado presidente en inédita elección

Por Jorge Zárate
El pueblo dice que gana Fernando Lugo y eso quiere decir que el (hoy) domingo se derrumba el Partido Colorado, el último partido/estado de América Latina con 61 años en el poder. El ex obispo lidera las encuestas por entre 6 y 10% de los votos aunque el oficialismo utilizará todas las artimañas, hay inclusive temor de fraude, para intentar detener lo que parece inevitable.

Un día llegó el hartazgo y aunque no se puede precisar cuál fue la gota que colmó el vaso, en la calle se respira que hay una mayoría que ya no quiere saber más nada de la Asociación Nacional Republicana (ANR) en el gobierno.
Es que este Partido Colorado es el mismo que sustentó al tirano Alfredo Stroessner y que siguió al frente durante estos casi 20 años de transición en base a su férreo control del Estado que incluyó miles de muertos y desaparecidos durante la dictadura y más de 100 campesinos muertos por la lucha por la tierra desde el 89 en adelante.
El Estado en Paraguay es pequeño, la mayoría de los chicos apenas termina la primaria, hay que pagar la atención en los centros de Salud, no hay programas de vivienda, la obra pública es escasa, no hay incentivos a la industria, y en todas y cada una de las licitaciones que hacen los ministerios, los funcionarios roban de manera sistemática.
Este Estado, hijo de la ANR, sostiene un modelo económico latifundista y agroexportador que expulsa a miles de campesinos por año hacia los grandes centros urbanos del país y hacia el exterior y que permite el contrabando, la importación y triangulación de productos, el tráfico de drogas y otras lindezas que hacen que la economía informal casi se equipare a la formal.
Quien se hace del poder deviene "inevitablemente" multimillonario. De los últimos ex presidentes, según el estudio de Aníbal Miranda, “Las grandes fortunas del Paraguay”, los herederos de Stroessner (1954/89), los herederos de Rodríguez (89/93), Juan Carlos Wasmosy (93/98), y Raúl Cubas/Lino Oviedo (98/99) superarían la barrera de los 1.000 millones de dólares.
No sería un dato extraño en un país desarrollado, pero es algo ofensivo donde el 50% del pueblo es pobre y hay más de 300 mil campesinos sin tierra. (González Macchi (99/2003) no habría llegado a esas sumas, pero ya no estaba Aníbal para registrarlo, el parte oficial dice que se suicidó.)
El actual presidente, Nicanor Duarte Frutos era periodista, salario bajo, casa alquilada, mucha batalla para alcanzar el fin de mes, ahora, dos décadas después, tiene casi una manzana en un barrio caro de Asunción y se lo presume dueño de puertos privados que se dedican a la importación de productos chinos, etc y graneleros para el embarque de soja.
Duarte Frutos, por esta acumulación, comenzó a molestar a los otros dueños del dinero y como cualquiera en el poder, quiso quedarse un rato más. Los dueños, entre ellos algunos propietarios de medios, le dijeron que no, porque no le perdonan su coqueteo con Hugo Chávez, su cercanía con Lula.
Los dueños son partidarios de sellar una alianza con los Estados Unidos.
Duarte intentó la reelección hasta el final y como vio que no podía eligió a Blanca Ovelar, la que fuera su ministra de Educación, para seguir gobernando en las sombras, desde el senado al que es candidato No.1.
Los dueños eligieron a su vicepresidente, Luis Castiglioni, para disputarle la interna del Partido Colorado. Ganó Blanca y hay mucha gente diciendo que fue con fraude.
Continuó la guerra y Duarte dará batalla el domingo tratando de contener la tropa. Con tal de hacerlo se peleó con Chávez en una señal al establishment que hace rato lo condenó a la horca.

Cambio
Es casi inocente hablar de oposición de partidos en una oligarquía como la del Paraguay donde el 1,7% tiene más del 75% de las tierras cultivables. El Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) rival histórico de los colorados se convirtió prácticamente en su socio desde el Pacto de Gobernabilidad que firmara en 1996 su líder de entonces, Domingo Laíno con el presidente Wasmosy.
Fue casi un reparto de cargos en la justicia, en las embajadas y la creación de dos estructuras para empleo público, la Contraloría y el Tribunal de Justicia Electoral. Además, fue una garantía de impunidad, pues la mayoría de los jerarcas que eran enjuiciados tras abandonar los cargos, eran protegidos por sus socios parlamentarios para impedir, vía fueros, su juzgamiento.
Patria Querida se llama el partido liderado por Pedro Fadul, un empresario financiero que viene de la militancia cristiana que perdió la elección presidencial con Duarte hace cinco años y fue su aliado a la hora de votar un regresivo sistema de impuestos al que la población le dio el nombre de Impuestazo. También apoyó que la secta Moon se apropiara del añejo Puerto Casado con las casas de la gente incluída.
Ninguno de ellos, con estos antecedentes y su poca organización, podría oponerse al aparato del Partido Colorado por sí solos.
Otro elemento fundamental en el análisis es entender que Stroessner fue un déspota sangriento que atacó de manera principal el derecho del pueblo a organizarse. En Paraguay sólo entre un 3 y un 5% de los asalariados están afiliados a un sindicato, las organizaciones campesinas tienen 2 mil detenidos, procesados sin condena, hay sólo 70 mil jubilados para 6 millones de habitantes, etc.
Allí hay una oposición real a las políticas del oficialismo y su “oposición”, pero en estos 20 años no se pudo tener representación parlamentaria alguna.

Fernando Lugo, ex obispo de San Pedro, el departamento más pobre del país, surgió como el unificador de estas dos vertientes de oposición e hizo la que aprenden los curas desde el seminario: hablar con y escuchar a todos, decirles a cada uno lo que quieren oír y establecerse en un lugar de árbitro en el que enviará dulcemente a unos y otros a rezar sus padre nuestros y avemarías.
Esta unión se llama ahora Alianza Patriótica para el Cambio (APC), tiene como miembro principal al PLRA y a un arco de fuerzas políticas que van del centro a la izquierda. Todos apoyan la lista 6, en la que acompaña a Lugo el liberal Federico Franco que en el acto de cierre dijo que el gobierno que harán “respetará la propiedad privada”. El punto no es menor porque Lugo prometió avanzar en una reforma agraria integral en el país de la peor distribución de tierras del mundo.
Lo particular de la APC es que tienen listas diferentes para diputados y senadores donde cada uno pelea por lo suyo.
El Movimiento Popular Tekojoja, es la segunda fuerza de ese arco y es con la que se identifica Lugo. Está conformada por pares de su generación. Gente de alto perfil técnico, preocupación social y de clase media, media alta. Uno de sus hombres más importantes es Ricardo Canese, el mayor vocero de la necesidad de renegociar los leoninos contratos de Itaipú y Yacyretá por la que los vecinos Brasil y Argentina, le quitan al Paraguay, alrededor de 2 mil millones de dólares por año.
Otras fuerzas son el Partido Movimiento al Socialismo, la Alianza Patriótica Socialista y el Bloque Social y Popular, que pueden hacer realidad en el nuevo congreso el sueño de la representación de indígenas, campesinos y obreros, por primera vez en el país, lo que fue comprendido por los líderes de los países vecinos que al parecer optaron apoyar a Lugo en el final de la carrera.
A pesar de todo lo que se dijo, donde la ANR tiene todas las de perder, hay verdades en el disrcuso colorado: la oposición del PLRA/PQ y otras fuerzas que compitieron en la historia contra la ANR no terminaron de definir un modelo alternativo de Estado, sólo expusieron la voluntad de reducir el pequeño estado que hay y durante la última década se pasaron buscando privatizar las empresas públicas.
También es cierto que las organizaciones obreras y campesinas vienen reclamando un estado mayor, con más intervención para terminar con esta injustísima distribución del ingreso que es para este cronista el fundamento del hartazgo.
Se necesita entonces una articulación de fuerzas diferentes donde se verán las verdaderas intenciones de los integrantes de la APC, tanto liberales como socialistas. Romper el chaleco de fuerza del partido/estado puede ser el comienzo de una solución.
Un triunfo de Lugo y la APC abre las puertas a la discusión de una reforma constitucional y probablemente, una asunción antes del 15 de agosto, para buscar fortalecer el proceso de cambios.
En cualquier caso todo comenzará el domingo con el coraje cívico de un pueblo valiente que irá a votar en paz y esperará en casa, en el reposo suave de la tarde de domingo, el estruendoso ruido de la caída.