28 de diciembre de 2013

San Jerónimo, un fresco que ayuda a encontrarse con las artes

En el punto más alto del mirador de San Jerónimo, Oliver Baldivieso, pinta la Asunción que se ve desde allí. Una sucesión de casitas, edificios, árboles que brotan y reverdecen el paisaje gris de la ciudad, celebran el cuadro las flores de la primavera, las grietas de una pared azulada que son fragmento de un dibujo del tiempo que no por habitual es perceptible siempre.
“A veces me tengo que disfrazar de astronauta porque aquí el sol pega muy fuerte”, cuenta el artista mientras va definiendo una pared de ladrillos. La tela recibe los mínimos trazos que tienen la felicidad del detalle.
“Me gusta la experiencia de salir a pintar la ciudad, tengo ganas de hacer cosas sobre España, sobre Mariscal López”, relata explicando que la apertura de un atelier en la propia Loma San Jerónimo para ofrecer sus pinturas y dar talleres, para vivir la experiencia, es parte de ese gozoso proceso.
Miguel Rodríguez, atiende el bar del mirador. “Es un monstruo”, dice admirando la obra del pintor, al que invita a ver trabajando. “Esa es la idea de la movida aquí, que la gente también participe de las cosas, estamos muy contentos con eso y con que cada vez se vaya acercando más gente, aquí se puede ver el río y la ciudad desde un rincón tranquilo, se puede almorzar, hacer el after office”, promociona.
Hace 50 años que Clotilde, viuda de González, vive en el barrio y es la primera vez que siente que ese mirador que está en su casa puede ofrecerle algo a la ciudad. “Cobro un 2 mil i, para mantener el lugar, pero vale la pena, así que los esperamos”, dice la mujer sentada en una de las calles con su amiga que vende sopa, milanesas, comida para los visitantes.
El sonido conmovedor de un Takuapu, inunda el pasillo. Proviene de la mágica ejecución de Tomi Roa, actor, músico, terapista alternativo que recuerda los poderes de una buena vibración. “Las terapias con esencias, perfumes, música, son cada vez más aceptadas por la gente porque les ofrecen tranquilidad, tiempo, otras riquezas”, expone en su puesto en el que comercializa velas aromáticas y promociona sus cursos.
También descolla el puesto de Vicky Duarte, origamis de gran ejecución, aquellos pliegues japoneses del papel que producen la magia de transformarlos en objetos de decoración o también en prácticos juguetes o un encantador caleidoscopio. Lámparas, colgantes, atrapasueños, objetos que ayudan a encontrarse como un buen paseo dominguero por San Jerónimo. 

El cuarto del Artista
El nuevo espacio cultural promotor de eventos artísticos "El cuarto del Artista" abre Jueves y viernes a partir de las 18:00. Sábados y domingos a partir de las 10:30. La galería/café-bar está en Estrella 1537, Loma San Jerónimo. Para más información ver: https://www.facebook.com/Elcuartodelartista

Jorge Zárate
jzarate@lanacion.com.py

22 de diciembre de 2013

Los renovados pesebres del Rey del Barro

Reinaldo Sanabria, un fenómeno de la alfarería. Foto de Aníbal Gauto, publicado en La Nación
Por Jorge Zárate

Hay giros en el arte popular que necesitan destacarse, brisas frescas que ayudan a releer lo propio. De eso se trata la obra de Reinaldo Sanabria, “El Rey del Barro”, un alfarero de 30 años que encontró la manera de presentar una mirada diferente de los tradicionales pesebres paraguayos. Pensó en hacer mil pesebres y ofreció exponerlos en la plaza Uruguaya y generó una movida más que interesante.
“Se me ocurrió que podrían tener vida, entonces puse en uno de los pesebres a María dando de mamar al niño, en otro al San José abrazándolo y luego jugué también con los emplazamientos”, contó el dinámico muchacho.
“Fue increíble como le gustó a la gente y también la repercusión que tuvo en la prensa”, dice mientras cuenta que tiene citas para entrevistas televisivas y todavía no sale de su asombro por la nota que le hiciera la agencia española de noticias Efe. “Rey del Barro Paraguayo bate récord de mil pesebres” la tituló El Comercio de Ecuador, por ejemplo.
Sanabria incorpora a las piezas trozos de ñandutí, o se juega por introducir un pesebre en miniatura en una semilla de Jacarandá, o usa tacuaras y otros elementos para combinar cerámica con otras expresiones del arte popular paraguayo. El resultado es de una belleza particular.
Pero no se queda allí, también tiene mucho de showman: “Para esta muestra de los mil pesebres se me ocurrió que podría moldear uno mientras cantaba un villancico, así que me hice acompañar por un amigo en la guitarra y me salió bien, fue muy emotivo para mí y para el público que es lo importante”, cuenta.
Este aspecto mediático que tiene su capacidad de hacer piezas a gran velocidad, le dieron un lugar destacado en programas televisivos que él aprovechó para hacer crecer las posibilidades de este oficio del que vive hace unos 10 años.
“También me preocupa que la gente pueda comprar las piezas, por eso las ofrezco desde 20 mil guaraníes, es importante que la gente pueda tener un pesebre, no sólo que lo venga a mirar y sabemos que no hay mucha plata por la calle”, dice.
“Me llamo Reinaldo y la mayoría de mis amigos me llaman Rey... y como hago alfarería, en un grupo de baile que teníamos bromeando me decían “Rey del Barro”... y bue... me gustó”, contó sobre el origen de su particular nombre artístico.

Un paseo en Lambaré
Hiperactivo, el Rey del Barro tuvo una idea. “Se me ocurrió hacer un Paseo del Barro en Lambaré, ciudad en la que vivo desde hace unos años porque soy de Itapúa”, cuenta. Así fue que en as calles Arasá y Paz del Chaco, pudo desarrollar una historia de la ciudad con burreritas, galoperas, con el Cacique Lambaré, la India Juliana, con pájaros típicos y una ornamentación que llama a visitar un espacio de recreación. Con el apoyo de la municipalidad espera también poder montar un taller de alfarería en la zona “para enseñarles a los más chicos” y poder seguir trabajando en “aportes solidarios a la comunidad. Hicimos un festival muy importante gracias a la colaboración de Juan Cancio Barreto y otros grandes artistas para juntar fondos y alimentos para el Hospital de Itauguá y estoy formando una ONG para estos fines”, comentó.  

10 de diciembre de 2013

Un brindis por Alberto Rodas

 Por Jorge Zárate


Alberto Rodas tuvo al fin un concierto a su medida, algo que venía buscando desde hace mucho tiempo y consiguió a fuerza de su incansable trabajo y de la maravillosa solidaridad de sus amigos músicos.
Para sus fans, una alegría fabulosa, para los que recién se aproximan, el descubrimiento de un artista con mayúsculas que viene regando de poesía y fuerza el camino que recorre con la guitarra a cuestas desde hace 30 años.
Lo prueba en Amor de Veras, toda una definición de su propio motor, profundo, claro en el decir con la criolla en solitario, en esa esencia de canción desnuda, que supo enseñar, que comparte siempre generosamente.
Por eso convoca a Ulises Silva para reírse a carcajadas con el “País de las Maravillas” de la genocida, mafiosa, remil podrida dictadura stronista en la que algunos siguen creyendo.
En Rodando, lo homenajea el Uli con genuina admiración: “Su voz suena buena, balacera de palabras y a una metralla, su guitarrón”.
Después vendrá Cristian Silva, para cantarle a “La capital de mis amores”, a esta Asunción que es destino de músicos, notable manantial del que siempre brotan sones.
Convoca como una manera de agradecer a los Silva, grandes cancionistas que siempre lo han reivindicado como una influencia vital.
Se acerca Milton Vázquez para darle ese justo tono jocoso que tiene la polca del Negro Ramón, que fue mal compañero y perdió a su chica en Buenos Aires, un tema de una actualidad absoluta, que va al corazón del asunto: cuánto hay que amar para hacerlo en la pobreza.
La versión de Color del Alba, esa obra mayor con letra de Elvio Romero y música de Carlos Noguera, se entona buscando una nueva perspectiva, una búsqueda interesante.
En ese baño de afectos llega Atanasio Galeano, discípulo, como Alberto, de Arturo Pereira, ese gigante de la música, las tablas, la militancia social, la política, que Rodas fotografía para siempre en “El rabelero de Punta Karapã”.
Juntos hacen una canción urgente: a Silvino Talavera, un homenaje al niño que mataron los agrotóxicos de las fumigaciones en los sojales. Este tema, incluido en el imprescindible disco Alas & Cadenas, hace trepar la crónica social a la música para contarnos algo de todos los días, el avance de la muerte sobre los campesinos humildes. La imagen de los sojales protegidos por la policía para que se pueda fumigar.
Llega el turno de Ricardo Flecha, la voz cantante, para darle su especial forma al Rabelero. Se queda en escena para acometer Pequeño Adrián ya con Rolando Chaparro en la guitarra eléctrica.
En la afectuosa presentación que Mario Ferreiro hizo del show expuso una gran verdad: la pieza es una gema inolvidable, que sola le bastaría al autor para quedar en la memoria de su pueblo. 
Los aliados del rock
El set eléctrico fue demoledor. La ajustada banda de Rolando Chaparro estuvo a la altura de lo que piden los rockandrolles de Alberto. Potencia, vuelo, locura.
El guitarrista comanda un equipo admirable, ajustado, que logra un sonido sólido, sin grietas.
Madrugando, Raros, Callejero, son temas que el rock de Latinoamérica incorporará seguramente después de la edición del DVD de este concierto. Impresionantes versiones.
Pero no acabó allí. Con Willy Suchard, un pianista ecléctico y virtuoso, todo sube un escalón más para el gozo de una platea que comienza a sentir que vive un momento muy especial.
Suchard define el sonido de temas que inclusive grabó en sus primeras versiones. Escobas Voladoras, el Blues del Gato Azul, Brindis por tu Libertad, Che Zapatú, van desfilando en versiones de alta performance que se consagran en Tyai kokuepe o tyky, esa letra de Félix de Guarania que Rodas supo acompañar.
También hay espacio para arremeter con una espectacular versión de Mundo Looser, de Chaparro, que suena increíblemente poderosa en la voz de Alberto.
Para el final quedará el tema que hizo que Silvio Rodríguez se diera cuenta de quién era nuestro héroe, el gran duende del rock, el pibe de la Zona Sur de Fernando que es capaz de escribir esa guarania del corazón que es Juan Revolución.
Por eso, el Dónde Están a coro entre los que desfilaron en el escenario, más Hugo Ferreira que subió desde el público, con toda la platea de pie, el brillo en los corazones y en la demanda, crece reclamando justicia.
Prueba muchas cosas importantes también. Una de ellas casi una obviedad: que hace falta juntarse para enfrentar este tiempo difícil de neostronismo amenazante.
Alberto, maestro, mostró el camino.
Los aliados del rock siguen rodando cantos.
¡Salud!
Alberto con Ulises Silva. Foto: Vicente Páez
Treinta años rodando cantos
Concierto de Alberto Rodas e invitados
Sala Molière de la Alianza Francesa, jueves 5 de diciembre de 2013.-

          Alberto Rodas, voz y guitarras
Banda de Rolando Chaparro
Rolando, voz y guitarras
Cacho Montes, percusión
Luis Chaparro, batería
Nico Cañete, Bajo
Invitados 
Ricardo Flecha, voz y guitarra
Willy Suchard, teclados
Ulises Silva, voz y guitarra
Atanasio Galeano, voz y guitarra
Cristian Silva, voz y guitarra
Milton Vázquez, voz y guitarra 

Producción: Anahí Zaldívar y Gustavo Noguera.