23 de abril de 2011

Bitácora Asunción Bahía Negra



Es una serie de notas que se publicaron en La Nación (www.lanacion.com.py) tal como las fuimos viviendo con Pánfilus a medida que navegábamos río Paraguay arriba. Tuve la tentación de corregirlas, pero decidí dejarlas así con los errores de la prisa. Ahí va

Por Jorge Zárate











Fotos de Pánfilo Leguizamón


Primera Parte
Marina pide estar preparados ante inundaciones
Patrullero 05 Itaipú. Km 490, Río Paraguay. (Enviados especiales). “Está cargado el río, eso nos ayuda a navegar, encontrar atajos”, cuenta Antonio Vallejos, comandante del barco que viaja en misión humanitaria hasta Bahía Negra a 859 kilómetros río arriba de del puerto de partida.
El paisaje de la inundación se avecina en las señales, no tardará, dicen. Los camalotes se adueñan por momentos del curso y dibujan extrañas figuras en el paisaje a poco de zarpar del cuartel central de la Marina en Sajonia, Asunción.

“Estamos llevando suero antiofídico porque con la creciente están habiendo muchas víboras ponzoñosas”, dice el comandante de la Marina, Juan Carlos Benítez. Cuenta que en Peña Hermosa las cosas están un poco complicadas con los reptiles, cosas de la inundación. “Los reportes nos indican que el río va a seguir crecido y que tenemos que estar preparados”, recomienda el jefe naval antes de la partida.
Apenas se navega y ya no se ve la cueva que el río cavó insistente en la mítica Ita Pyta punta, la cubrió de agua y ahora acecha a los ranchos de los pescadores que anidaron en sus barrancas.

Desde el barco la ciudad tiene mil imágenes que ofrecer, paisaje que sólo aprenden los marinos que llevan los remolcadores de barcazas, lancheros de Chaco i , los pocos descendientes de un pueblo de aguas que siguen el viejo oficio de navegar.
Entre ellos los 16 grumetes y marineros que participan en el operativo Ñemboe ra, para aprender el oficio, el mapa del río, cuestiones militares.
“No tenemos astilleros, sólo hacemos reparaciones”, cuenta Bogarín, subcomandante del Itaipú mientras areneros y otros viejos barcos se acercan sobre el Puente Remanso.

No hay presupuestos para la Marina, ni para las fuerzas, comenta y acabamos de dejar atrás silos impresionantes que crecen como producto de la exportación de soja, esa que paga tan pocos impuestos que es difícil de explicar por qué.
El barco avanza sólido en su curso, es un patrullero construido para el mar que viaja en el río cual si fuera una ruta asfaltada. A un lado el inmenso Chaco, al otro los bellos montes arbolados de la región oriental.
Poca gente, pocos barcos, se repiten postales de pescadores que son como una suerte de sin tierras del agua. Gente que edificó un ranchito en lo que el río fue dejando de ocupar en sus bajantes. Ahora que está viniendo a reclamar las cosas se ponen difíciles pero igual siguen buscando en las redes y espineles el alimento diario.

En eso pasa y saluda el Pirapó I, nave madre de un convoy, un verdadero collage de viejos cascos cargados de piedra caliza para hacer mosaicos graníticos que se desplaza río abajo a pocos nudos más que la muy poca corriente que lleva el Paraguay. “En el riesgo está la ganancia”, reflexiona un grumete.
Un viejo barco transganado zarpa desde el puerto de una estancia
El paisaje es bello y monótono, el río dibuja en su cauce unas nubes de arena roja que parecen jugar con el camalotal.
“Es el símbolo de la inundación”, dice el timonel.

Recuadro
Nos falta gente”
“En la Marina tenemos 2.800 efectivos, entre ellos 300 conscriptos”, cuenta Juan Carlos Benítez, el jefe de la fuerza. “Deberíamos ser 6 mil”, dice comentando los problemas de presupuesto, aunque asegura que “se hizo un esfuerzo para revitalizar la flota”.
Tiene 9 patrulleros operativos y este operativo Ñemboe ra es uno de los 2 que se hacen por año hasta Bahía Negra, en las puertas del Pantanal.
“Es una oportunidad de tener presencia naval, de custodiar la frontera”, expone.
Destaca también la participación femenina, una de las chicas atiende la sala de máquinas, la otra es intendente del barco y tres de ellas forman parte de la delegación médica de la fuerza.
El P 05 Itaipú “que se reparó a nuevo”, tiene a bordo a 8 oficiales, 11 suboficiales, 9 grumetes y 7 marineros y 1 cocinero, a los que se suman 3 oficiales y 3 suboficiales de sanidad de la Armada, médicos y odontólogos del Ministerio de Salud que realizarán tareas de atención y vacunación en las poblaciones de la ribera norte del río Paraguay.
Carga también víveres para asistencia aportados por la Secretaría de Emergencia (SEN)

Segunda Parte
Navegando con mujeres de armas tomar
Patrullero 05 Itaipú. Km 727, Río Paraguay. (Enviados especiales). “Estoy preparada para disparar y le aviso que las mujeres nos destacamos en tiro en las fuerzas armadas”, dice Mabel Alen, teniente de Corbeta una de las dos mujeres con puesto de responsabilidad en este buque de guerra. La otra es Cristina Picaguá, guardiamarina de Intendencia, la que se ocupa de la logística de la embarcación. “Prever para proveer es la máxima”, clarifica.
Estas mujeres son las primeras en embarcar en un buque de la flota de guerra de la marina nacional y es muy instructivo ver cómo consiguen instalar una buena onda en un buque habitado por recios marinos.

“Hay que lidiar con el machismo, pero estamos preparadas”, dice Mabel que es maquinista a cargo de que los dos motores “MAN de 6 cilindros en V” y los generadores del buque nos lleven a buen puerto.
“Estoy hace 4 años en la marina, dos en el arsenal y ahora en la flota de guerra, vengo de familia de militares y siempre quise ser maquinista, me gustan los motores”, cuenta y sonríe esta joven que es mamá de Ignacio, el niño de un año que la espera al regreso. En un paseo por la sala de máquinas muestra cómo se hace una guardia a los motores, verificando su marcha, que tengan aceite y agua, que no se recalienten “porque pueden explotar”, señala.
Cristina también viene de familia de militares. “Tengo una hermana policía”, cuenta la intendenta del P05 Itaipú asegurando que la motivan “los desafíos que presenta la carrera” y que los hombres “se van adaptando” a convivir con ellas.
El buque tuvo que adaptar habitaciones especiales para ellas y cuentan que esa es “la única diferencia” que tienen con sus colegas masculinos.
“Después somos todos iguales y estamos preparadas para acampar en terreno y tomar las armas si es necesario, fusil, pistola, estamos listas”, cuenta Mabel.
Cristina comenta que ya son 4 las mujeres asignadas a la Flota de Guerra y que “los últimos comandantes nos fueron dando lugares para poder demostrar lo que podemos hacer y en muchos casos eligen mujeres, en la administración y en otros campos por la responsabilidad y el celo con que ejecutamos nuestras tareas”, dice.
“Es el toque femenino”, agrega Mabel.
Cristina recuerda que la logística es fundamental, porque “soldado que no come no actúa, así que todo tiene que estar a tiempo, soldado que llega tarde no sirve”, cuenta.
Lo físico es una curiosidad. Las chicas aseguran que el desempeño de las mujeres en las competencias de atletismo y deportes por equipo viene creciendo en las fuerzas armadas. “En las últimas competencias por dos años consecutivos, una mujer fue la ganadora en natación”, cuentan.
Mabel quiere que se armen equipos de fútbol. “Juego mejor que muchos varones”, se ufana y recuerda una victoria de las marinas por 8 a 0 sobre las policías.
Cristina apoya el testimonio, la tuvo a Mabel de instructora. “Era terrible el decuereo de la teniente”, comenta mirando cómplice a su compañera.
“Bueno, se dice Ejercicio Físico de Animosidad”, dicen a coro entre risas que alegran el barco.
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Recuadro
Puerto Antequera, en el difícil San Pedro
Como explicar que un sitio bendecido por el canal natural del Río Paraguay no tenga edificado un muelle de respeto, es la pregunta que nos hace Puerto Antequera.
El P05 Itaipú para en escala técnica. Las maniobras de atraque se ejecutan con laboriosa precisión, atando las gruesas sogas alrededor de añosos árboles, filando y cobrando cabosen términos marineros.
Así se puede acercar la pesada popa del Patrullero con desplazamientos pausados hasta lograr la aproximación adecuada que permite tender la explanada para llegar a la buena tierra.
“Tengan cuidado que aquí hay EPP (Ejército del Pueblo Paraguayo)”, alerta el comandante Vallejos en una charla en la plaza General Samaniego que corona la breve y bella costanera del pueblo. Con el buque amarrado a los árboles, con la guardia atenta.
Dos jovencitos se acercan con la intención de embarcarse en el buque, ahora, si es posible, para hacer lo que sea. Los marinos contestan con amabilidad que deben concluir los estudios secundarios e inscribirse en direcciones que se les proveen.
Hay problemas de trabajo, entenderemos en la mañana.
“Muchos se van, hay muchos pescadores, otra gente trabaja en las estancias”, cuentan tres jóvenes que toman tereré. Uno trabaja, los otros dos estudian, el futuro saben será difícil.
De los poco más de 5 mil habitantes de Puerto Antequera, parte importante trabaja en los silos. Estos embarcan desde sus puertos privados la producción de soja que crece en el departamento , desplazando a los campesinos. “Hay muchos sin tierras”, dice Doña Crescencia que provee pomelos y despide con bendiciones previo al llamado para zarpar.

Tercera Parte
Un buque de guerra avanza en paz
Patrullero 05 Itaipú. Km 929, Río Paraguay. (Enviados especiales). Los pájaros dibujan mil diagramas en el cielo límpido, el vuelo de las garzas tiene la belleza de un ballet, una danza conjunta y armónica que acompaña la marcha del barco.

El suboficial Basilio Acuña está instruyendo a los grumetes en cómo usar el cañon de proa del P05 Itaipú, un antiaéreo de gran poder de fuego. Allí los grumetes aprenden del mecanismo de carga y recarga, los posicionamientos y otras guías militares, mientras en el río cruzan remolcadores empujando convoyes de barcazas.

Las últimas bajan desde Bolivia con minerales diversos,cargas millonarias que descenderán todo el curso del río Paraguay, tomarán el Paraná y concluirán en los puertos argentinos.
El tuyuyú aparece de solista con su distinguida elegancia, con las alas expandidas a pleno apenas sobre el lecho cubierto de camalotes, alzándose leve luego sobre las copas de los árboles de la costa.
En el paisaje surgen los tres cerros y van mostrándose vestidos de un verde intenso a medida que el barco se acerca.
Una lancha de la prefectura acerca nuevos tripulantes al PO5 que colaborarán en la misión humanitaria que este desarrollará en Bahía Negra justo antes de comenzar a divisar las siluetas de los primeros edificios de Puerto Casado.
Las instalaciones de Casado son como un gran fantasma, un reclamo para todos.

Una balsa parte de alli con destino a Vallemí con autos, camiones, motos, en una comunicación habitual entre las dos poblaciones.
En breve se cruza por la fábrica humeante de la Industria Nacional del Cemento (INC) y los cerros muestran sus paredes de piedra blanca, una reserva de material que es patrimonio preciado. Las canteras recuerdan sus mármoles, sus piedras de valor.
El P05, un buque de guerra, avanza en paz.
Recuadro
De barcos y astilleros
“El nuestro, el de la marina de guerra, es el astillero más grande de toda la hidrovía Paraná-Paraguay que va desde Puerto Cáceres en Brasil hasta Nueva Palmira en Uruguay”, aclara Antonio Vallejos, capitán del P05 Itaipú para explicar que “en tecnología y capacidad sólo puede compararse con los de Buenos Aires, Argentina”, apuntó.

Los astilleros construyeron un buque de guerra, han trabajado en lanchas rápidas y lo hacen generalmente en la construcción y reparación de barcazas a pedido de contratistas privados.
Los problemas presupuestarios y las ventajas de precio que representan traer barcos usados en otros países, aparecen como las razones por las que no se les encargan trabajos de construcción de barcos.
Personajes
Mi vida es navegar”

“Mientras me sienta fuerte seguiré navegando”, dice Braulio Galeano que tiene 75 años y es el práctico del P05, un hombre respetado por la tripulación. Los timoneles lo consultan a menudo, en las curvas difíciles del curso, en las “travesías” que es cuando el barco cruza de una margen a otra del río, para tener un apoyo más a la hora de leer el instrumental del barco.
Don Braulio sabe del curso por años de bogar, de andar sobre el Paraguay. “El río cambia, cambia cada año”, apunta para explicar que “árboles, bosquecillos y barranqueras le sirven para ir construyendo las referencias con las que ayuda a guiar la nave.
Cuenta que comenzó a hacerse al río a los 13 años no lejos de su Arroyos y Esteros natal. “Comencé como cocinero en un barco y después ya me fui haciendo marinero”, comenta y sigue atento con la mirada el curso del río, ese que conoce como casi ningún otro en el país.
“Ya en los 70 tomé por primera vez la responsabilidad el timón en barcos en los que cargábamos cal y portland (un tipo de cemento)”, cuenta.
Diez años después, en los 80, Braulio dejaba los cargueros para pasar a trabajar en barcos ganaderos. “Antes había muchos más barcos navegando el río y también más barcos con bandera paraguaya”
“No me gusta mucho estar en tierra, a los pocos días me aburro, quiero viajar, navegar”, cuenta este señor que es padre de una hija a la que no consiguió convencer de subirse al barco. “Tiene miedo de navegar”, comenta.
Desde los 90 ingresó a la marina, donde el año pasado fue condecorado. En la entrevista lleva puesto un kepi que le regalaron del Tikuna, un submarino brasileño. “Alguna vez voy a viajar en un uno”, se esperanza. “Mi vida es navegar”, dice.

Cuarta Parte
Puerto en el alto río de Bahía Negra
Bahía Negra, Alto Paraguay. (Enviados especiales). Los Mandii nadan en las aguas todavía claras del puerto natural y se suman a la ceremonia de recepción que pobladores y militares dan a los tripulantes del P05 Itaipú. Es tal la abundancia de peces que asombra.
Despúes de dos días de no pisar tierra,se desciende en el último puerto de nuestro territorio sobre el río Paraguay, tras haber recorrido 859 kilómetros (km.) río arriba desde Asunción.
Las expectativas son importantes en la población que también viene siguiendo con atención la subida del río Paraguay. Bahía Negra tampoco tiene muelle, ni defensas costeras, que bien se podrían unificar en una costanera.
El río está apenas a un metro por debajo de la línea de la avenida Coronel J.J. Sánchez donde destacan los edificios del destacamento naval y el de la municipalidad.
Está tan alto que los yakarés, carpinchos y ciervos que suelen verse en la costa en la navegación hasta este puerto ya eligieron subir a tierra y no se dejan ver por la costa.

Para hoy, el personal médico tanto de la marina como del Ministerio de Salud se dispone a montar un consultorio móvil para atender en clínica, ginecología y odontología a la población que aquí lo requiera.
También se descargaron víveres e insumos proveídos por la Secretaría de Emergencia, 300 chapas de zinc y decenas de kilos de alimentos.
Se toca tierra con la ansiedad de conocer más de la vida, historias que se contarán con tiempo.
Personajes
La cocina de un barco
Se llama Teodoro Rivas Velázquez pero nadie lo llama así. “Mbarigüi”, es su nombre para toda la tripulación del P05 Itaipú. Un jefe de cocina es importante en un barco, vaya si lo sabe este hombre que tiene 30 años de experiencia en la marina. 
“Es un trabajo dificil, generalmente somos pocos y hay que cocinar para todos los marineros, pero es lindo también porque se conocen muchos lugares”.
Rivas fue cocinero del Guaraní, el buque de la marina mercante con el que tocó puertos en Alemania, Francia, España y Bélgica. “Todavía me acuerdo de las olas del mar, impresionantes, chemopirimba”, cuenta. 
“También estuve mucho en tierra, en la base de Ciudad del Este, pero me gusta más ir en el barco, es especial”, dice mientras apura unas milanesas para el almuerzo de la tripulación con su fiel ayudante el marinero Yamil. 
“Impresionante es, la próxima vez ni loco me ofrezco”, dice el joven y sigue cambiando bromas con su jefe preguntándole si conoce aquel tema de los Paralamas “sobre un muchacho que demasiado quería ir en un barco”.
 


De señales y excusas
El viaje deja enseñanzas. Al cruzar el río Apa, poco más allá de Vallemí el P05 va chequeando la frontera con el Brasil donde se perciben sutiles diferencias. La primera, la señalización del río que en el sector que se comparte con el vecino país es impecable. Unas placas con señales claras y fluorescentes ayudan a la navegación. Una X indica que debe hacerse una travesía,cruzar de una margen a otra, una O pide que la navegación sea Costera,y la H quiere decir que el barco debe seguir su Medianía , mantenerse por el centro del curso.
Por razones que se explican generalmente en excusas, las mismas señales no están en el tramo paraguayo del río, un déficit que suplen los navegantes con experiencia e instrumental, pero que no está acorde a los tiempos que corren.


El infinito en el río
Navegar de noche es una delicia. La suave brisa del río invita a detenerse en el atardecer donde los cerros comienzan a pintarse de las luces más bellas de la paleta natural. Igual el río, igual el bosque tupido, mientras los grandes pájaros se preparan para el descanso.
Yasy ose mi, luna en creciente, las estrellas tienen el gobierno del cielo y la fascinación de los hombres en el instante en que comienzan a aparecer.
Los marinos saben de ellas. Son sus compañeras de navegación, y en el mar son referencia imprescindible. Polaris como norte, la Cruz del Sur que no es el perfecto sur, pero que ayuda a trazarlo proyectándola tres veces a la izquierda, enseña el capitán Antonio Vallejos.
“Estuve en ultramar con el Bernardino Caballero”, rememora, épocas de flota mercante del estado, mientras ejemplifica como trazar un derrotero sólo con las estrellas.
Como enseñan los indígenas del Chaco, el camino siempre está en la bóveda azul.

Recuadro
Prevención en Fuerte Olimpo
“Se está consolidando el muro de defensa y esperamos que el agua no siga subiendo porque causará muchos perjuicios”, cuenta Sady Alegre, gineco obstetra del Hospital Regional de Fuerte Olimpo. La localidad de unos 3 mil habitantes está compuesta en gran parte por población indígena que vive en situaciones de grave pobreza.
“Ahora que la ciudad estaba progresando un poco se viene esta crecida y los comerciantes, principalmente están preocupados por las defensas y por la situación porque dicen que después de que pasa la inundación cuesta mucho recuperarse”, comentó.
“Tenemos muchos niños con cuadros de desnutrición”, cuenta Alegre para comentar que se está realizando un relevamiento de la salud de madres y mujeres en general . “Ahora en el hospital estamos recibiendo laboratorios y nuevos medios de transporte que ayudarán a brindar un mejor servicio”, explicó.
En esta lejana localidad la población trabaja en la pesca y en las estancias “y así tenemos campesinos paraguayos y brasileños, por lo que tenés que hablar varios idiomas, el guaraní, el castellano, el portugués y algo también del ayoreo y el chamacoco para poder desempeñarse con ellos”, cuenta.

Quinta Parte
Misión médica atiende a pobladores necesitados
Bahía Negra, Alto Paraguay (Enviados especiales). “Enet, enet”, les pide el odontólogo Gustavo Villalba a unos niños chamacoco que esperan junto a sus padres bajo la sombra de un árbol que comience la atención.”En principio se resisten un poco, pero si uno les habla unas palabras en su idioma ya tienen más confianza”, cuenta. Ese “vení, vení”, abre las sonrisas de los chicos, algunos con caries, para que se acerquen al temido sillón a quitarse los dientes en mal estado.

Desde temprano los pobladores hacen fila tanto frente a los consultorios dispuestos en el edificio del Area Naval Bahía Negra, en el Patrullero P05 Itaipú y en el Centro de Salud del Instituto de Previsión Social (IPS) que sirven de base para la atención.
El paisaje imponente del río Paraguay le da marco a la actividad en una mañana plena de sol.
También se está vacunando. “Trajimos vacunas del programa regular contra la influenza, trivalente y anti neumococo”, cuenta Guillermo Alamanni, supervisor regional del Ministerio de Salud. “Aquí estamos dejando las dosis para los cuatro distritos de Alto Paraguay, Puerto Casado, Fuerte Olimpo, Carmelo Peralta y Bahía Negra”, agrega.
En la sala de espera montada en la popa del P05, Juan Antonio Suárez cuenta que tiene unos pequeños dolores. “Cosas de la edad nomás”, dice el hombre de 75 años, que sigue trabajando con el ganado. “Soy un pequeño ganadero, pero aquí en la zona hay ganaderos grandes tanto brasileros como paraguayos”, comenta.
La teniente de sanidad Sonia Galeano hace atención odontológica y comenta que en general la gente de Bahía Negra es sana. “Por el ritmo de vida, la alimentación”, cuenta la mujer que vivió dos años en el Area Naval. “Ahora el pueblo está mucho mejor, en cuestiones edilicias, tiene mejor provisión de energía”, compara.
A medida que la gente del pueblo se va enterando, se van acercando a consultar, de a poco, no siempre tienen dentista en el pueblo, tampoco especialistas como el teniente traumatólogo Juan José Busto. “Hemos visto algunos casos de artrosis que necesitan de quirófano”, comenta.

Niños indígenas con afecciones respiratorias es lo que reportan los médicos que atendieron en el IPS.
La gente reclama especialidades, urólogos, oftalmólogos, para problemas específicos que van relatando en las consultas. En la línea entre las ciudades de Alto Paraguay y la ruta Transchaco, no hay un hospital de referencia que permita derivar pacientes, un déficit notorio que surge en cada una de las visitas médicas que se hacen a estas comunidades.
Presupuesto, dicen, aunque se parece mucho al olvido.
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Recuadro
La angustia ante la crecida
A dos cuadras del Area Naval de Bahía Negra, el río Paraguay ya alcanzó las viviendas de humildes pescadores. “No se donde vamos a ir”, dice Adelir Mattodo, una brasileña que se mudó a las costas paraguayas siguiendo el impulso de su marido pescador.
Joao Alves cuenta que “ahora no hay pescados por culpa de la crecida y también por los yakarés que están depredando todo”, relata.
Cuando salen surubís y pacús, los venden a acopiadores que llegan desde Concepción y les pagan como mejor precio 18 mil guaraníes por kilo. “En general nos suelen pagar 15, 16 mil”, dice Dolores Acosta que también es pescadora.
El río está al borde de sus ranchos y la inundación trajo a las pirañas, que ya mordieron a algunos pobladores. “Aquí no vienen las pirañas porque nosotros las comemos, tienen miedo de nosotros”, dice Joao entre risas.
“En Paraguay los pobres podemos sobrevivir, allá en Brasil te podés ir 6 años preso por cazar un carpincho”, comenta para recordar todas las licencias que se exigen en la frontera a los pescadores. “Tenés que tener carnet, licencia, hacer un curso, en fin muita coisa”, dice este bahiano “namorado de Bahía Negra”.

Entre tanto en el P05, personal de la Municipalidad de Bahía Negra descarga las 300 chapas que envió la Secretaría de Emergencia (SEN).
Todo indica que se van a necesitar.

Sexta Parte
El Aquidabán, un mercado flotante en el último puerto del país
Bahía Negra, Alto Paraguay (Enviados especiales). “El Aquidabán, el Aquidabán!!”, gritan los niños y se lanzan en carrera para acercarse al precario muelle en el que atraca el barco más famoso del Paraguay. Bahía Negra revive todos los viernes la fiesta popular que representa la llegada de las provisiones.
“Este es nuestro mercado 4”, dice Ninfa Casco mientras los estibadores desembarcan heladeras, televisores, una moto, cajas de aceite, bolsas de harina, bolsas de verduras, una lista interminable de cargas.
En eso baja Juan Ramón Benítez con un colchón sobre la cabeza. Adriana Chamorro se lo pidió hace 8 días, le costará 800 mil guaraníes. “Hace 30 años que estoy en esto”, cuenta Don Juan, el más antiguo de los vendedores del barco. “Trabajo con clientes, a pedido y me va bien”, comenta.

Cuando se despeja un poco la carga de proa, los pobladores de Bahía Negra convierten a la nave en un verdadero mercado flotante. Chorizos, mortadelas, cigarrillos, yogurt, cervezas de distintas marcas brasileñas, se ven apenas se ingresa.
Después se recorre los pequeños pasillos apretados en un incesante y pintoresco giro en el que se escuchan ofertas a los gritos y se alzan manos con billetes y se encienden sonrisas y se ven caras de cálculo y también satisfacción.
Por las ventanillas del barco se ve la fila larga de pobladores que van ingresando a comprar, entre ellos los marineros del Area Naval. Bajo un árbol esperan los artesanos chamacocos para ubicar sus bellos productos de cestería.
La escena, cuentan se repite en Puerto Casado, en Fuerte Olimpo, en Vallemí, en cada uno de los puertos que abraza el Aquidabán en su larga travesía por el bello paisaje del río Paraguay.
“Pasame un calzoncillo XXL para gordo!”, pide una vendedora a su ayudantey todos ríen y la señora sigue retando a las clientas que no terminan de decidirse por que sólo tienen un par de horas entre que se toca puerto y se vacían las bodegas para realizar las ventas.
Entendemos es un giro contra el reloj, en el que también se venden electrónicos, artículos de limpieza y aseo personal.

“Es el único medio para proveerse de verduras”, cuenta Teresa García preguntando ofertas, locote a 5 mil la fruta, tomate a 10 mil el kilo al igual que la zanahoria, la remolacha, la cebolla es más barata a 6 mil el kilo, cada aguacate a 2 mil va marcando la vendedora.
“Nai katui ña ñemu pende heui”, surge el reto de las vendedoras para estos enviados. “tekorei partida”, nos invitan amablemente a dejar el giro.
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Recuadro
Un viaje largo y dificil
“Me voy a mi casa en Concepción”, cuenta Edgar Rodríguez mientras espera sentado sobre su moto para subir al Aquidabán. Pagó los 120 mil guaraníes del pasaje y otros 80 mil para subir la moto a bordo del Aquidabán. “Trabajo en estancia, se gana bastante bien”, cuenta.
El barco zarpa los viernes desde Bahía Negra y llega 4 días después a Concepción. Se puede ir sentado en bancos, algunos cuelgan hamacas y también hay camarotes por los que se paga 220 mil guaraníes. “Eso si, uno tiene que reservar”, dice Juan Peralta que espera acomodarse en uno.
“Eke nde resa un lado”, cuenta Carlos Ayala vendedor, sobre las formas del viaje. Lamentablemente a veces hay robos a bordo entonces los vendedores extreman cuidado. El barco de casco de madera tiene unos 30 años de recorrer el río Paraguay.
Juan Benítez, el vendedor más antiguo, cuenta que la misma empresa que es propietaria del barco está construyendo uno de casco de metal.
“Antes había otros barcos, el Carmen Leticia, por ejemplo que se fundió por falta de mantenimiento”, cuenta.
Las travesías se hacen difíciles cuando arrecian las tormentas. “El barco tiene que parar sobre la costa o buscar resguardo”, dice.
Luz Marina Godoy viaja desde hace un año. “Es un trabajo difícil, porque las ventas varían de viaje en viaje”.
Como el curso del río, como la vida misma.
Séptima Parte
Puerto Diana, los chamacocos en comunidad
Puerto Diana, Alto Paraguay. (Enviados especiales). Eder se adelanta y cuelga el yakaré entero en la galería de la casa y cuenta que tiró el cuero porque a nadie le interesa. “Nadie compra”, dice.
Lo ofrenda a su mamá Fanny que nos cuenta que el Chéjer (Yakaré en chamacoco) puede cocinarse frito, en milanesas, o inclusive en estofados para unos buenos tallarines.

La mujer relata la vida simple de las 140 familias que habitan Puerto Diana, de la pesca, de la pequeña ganadería, de la preocupación por el agua que sube, expandiendo la mirada en la galería de su casa.
De las gestiones de su marido, Estanislao Báez que es concejal en Bahía Negra para poder titular tierras a favor de las comunidades chamacoco. “Es importante porque si sube el agua, nosotros nos vamos hacia el bosque, allí todavía hay hermanos que están sobreviviendo de la caza, la pesca y la recolección”, cuenta.
En diciembre madura el Poro, un fruto negro liláceo al que los habitantes de esta zona del Chaco tienen por mágico. Quien lo prueba queda prendado, del lugar, de su gente, también tiene poder en el amor.
Hay otros frutos típicos como el Oskor que es rojo y se parece a un mburucuyá silvestre, “muy sabroso”, define Fanny. También el Chojo que es blanco y de textura especial, cuentan. Algarrobas por doquier, animales silvestres, sobre todo chanchos que perseguir con arco y flecha.
Despues Honota, el río, entregará Pachi, el surubí, o algún otro pescado para sobrevivir, cuenta Aaron Balbuena que se preocupa porque los más chicos ya casi no hablan el Ishir, el idioma de los chamacoco. Lengua que suena como el viento corriendo entre el bosque del Chaco, al río Paraguay acariciando la arcilla de la barranca.

Discriminación
Kista, es compartir, una palabra esencial para estas comunidades que sufren también la discriminación de blancos y criollos que suele darse en los bailes de la noche en los fines de semana donde hay peleas étnicas.
“Las mujeres indias gustan de los criollos y los indígenas se enojan y, las mujeres blancas o criollas gustan de los arribeños por lo que éstos se enojan, así que imagínese”, cuenta un buen señor, poblador antiguo ensayando una explicación.
El grupo médico que llegó en el Patrullero P05 Itaipú también aprende de esto. Los indígenas cuentan que los criollos no los dejan llegar para la atención en Bahía Negra, por lo que hay que partir en una camioneta del Area Naval para llevarles esa consulta.
Así aprendemos que gracias, se dice Nechit.
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Recuadro
Centro para hacer artesanías
“Necesitamos que nos ayuden con un proyecto que nos financie un centro para producir artesanías, nuestra gente no tiene nada en qué trabajar”, nos dice Bernardo Cuenca, uno de los líderes de la comunidad chamacoco. El hombre está metido apenas bosque adentro con sus hijos que hacha en mano están bajando un tipo de espinillo para hacer postes de alambrado en el camino a Puerto Diana.
“Esta es una necesidad que yo pido le acerquen al presidente Fernando Lugo para que nos haga caso, es algo que nos puede ayudar mucho, poder acopiar nosotros, tener un puesto de venta en Asunción, no son cosas demasiado grandes”, dice.
Ya en Puerto Diana, Elva Pérez Loma muestra una pantalla que acaba de terminar, es delicada en la terminación, la habilidad de los indígenas con los juncos y pajas del lugar es apreciada por acopiadores que pagan poco
Bajo un árbol en plena avenida principal de Bahía Negra, Samaritana Pérez muestra los cestos y las pantallas que hicieron ella y su gente. Da pena escuchar los repetitivos Niohonota, no tengo plata, que recibe de los locales. Por eso espera por el Aquidabán, los arribeños, los turistas, seguro se llevarán algo que ayude a comprar provistas para sobrevivir.

Octava Parte
Las fuerzas desarmadas
Bahía Negra, Alto Paraguay (Enviados especiales).Un cuadro con una foto importante de la cañonera Tacuary preside el hall central del Area Naval de Bahía Negra, ese edificio al que popularmente el pueblo llama “la base”.
La presencia del barco fue fundamental para dominar el río, un corredor clave en la guerra del Chaco.
Hoy en día hay preocupación porque el buque asignado a esta base militar está en reparaciones y la diferencia operativa entre las lanchas rápidas de bolivianos y brasileños y las pocas deslizadoras que se tienen por aquí salta a la vista.
Las cuestiones del presupuesto militar constituyen un tema sensible. “No somos deliberantes, usted comprenderá”, reitera el capitán Antonio Vallejos, comandante del Patrullero 05 Itaipú negándose a hacer declaraciones sobre el tema.
Un patrullero como el P05 con el que arribamos a esta base que como todos se empeñan en repetir “hace patria”, debería ocupar el lugar que en la foto tiene el Tacuary.
Durante los días de navegación que insume llegar desde Asunción a Bahía Negra, grumetes y suboficiales se instruyeron en tiro, armaron los cañones, recibieron la aplicada instrucción del suboficial Basilio Acosta pero lamentablemente no pudieron efectuar disparos, por que el barco no disponía de salvas para ese entrenamiento.
Una sensación parecida se vive cuando estos enviados abordan el avión Casa de la Fuerza Aérea para retornar a la capital con escalas en Vallemí y en Concepción.
En esta última, donde está la base aérea que forma a los pilotos de combate, no hay un solo avión artillado, confirma su gente en diálogo informal mientras la aeronave se aprovisiona.

También es duro saber que los vuelos no tienen la misma frecuencia que antes y que se han vuelto esporádicos, con los consiguientes perjuicios para las entidades estatales.
Cuando se perciben desde el aire los tamaños de las estancias que crecen deforestando a mansalva y las diferencias de recursos entre los ganaderos brasileños y el pobre estado nacional se siente que hay cosas que no se están viendo desde los escritorios en Asunción.
Este viaje prueba que las FFAA pueden ayudar con su capacidad logística a misiones que permitan aliviar al menos las condiciones de extrema pobreza que se viven en puntos críticos del país. “La policía tiene más recursos que nosotros”, es el latiguillo favorito, fuera de micrófono, de los marinos y aviadores.
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Recuadro
La deforestación vista desde el aire
Un equipo de este diario pudo fotografiar el avance del desmonte en el departamento de Alto Paraguay donde según datos oficiales se llegaron a desmontar lo equivalente a 24 mil canchas de fútbol por mes.
Al impresionante dato de 267 mil hectáreas deforestadas en 2009, le corresponden las imágenes de nuevos megaestablecimientos ganaderos que se pueden observar apenas se despega desde Bahía Negra.

La Organización no Gubernamental Guyra Paraguay en un informe de esa época señaló que “en las últimas 5 décadas, de cada 10 árboles que existían en el país 9 han desaparecido, y asegura que las cifras de deforestación del Gran Chaco paraguayo detectadas en junio de este año hablan de unas 592 ha. depredadas por día”.
Existen a su vez reconocimientos oficiales como la Resolución Nº 1.625/09 de la Secretaría del Ambiente (Seam) donde se establecer que de las 3.500.000 hectáreas de bosques que existían en la Región Occidental en la década de 1970 ahora quedan apenas 1.000.000. Esto significa que en casi cuatro décadas la superficie boscosa del Chaco se redujo en más del 70%.

7 comentarios:

  1. Anónimo09:57

    FELICIDADES JORGE !!!!!!, que material más lindo, y nos recrea los oapisajes y lugares olvidados de nuestro país.
    Pero ahora aventurate por tierra para ver otros sitios y cuevas, también olvidados por todos.
    FUERZA !!!!

    Hugo

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  2. Hugo09:58

    FELICIDADES JORGE !!!!!!, que material más lindo, y nos recrea los oapisajes y lugares olvidados de nuestro país.
    Pero ahora aventurate por tierra para ver otros sitios y cuevas, también olvidados por todos.
    FUERZA !!!!

    Hugo

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  3. ISMAEL13:48

    Todavia no pude leer, pero me tomare el tiempo necesario. Es un viaje que quiero hacer, asì que me servirà tu experiencia. Sin duda alguna voy a aprender mucho de la lectura.

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  4. Anónimo15:35

    Excelente! Gracias y abrazo.
    Mauro.

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  5. excelente publicacion...si yo te contara lo que sufri con unas amigas buscando al CARMEN LETICIA, queriendo llegar a Bahia Negra, pasamos por Vallemi, Puerto Murtinho, Isla Margarita, en fin... cuando terminemos nuestro libro te regalamos uno!

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  6. Gracias Anita y Maxi, espero el libro, mi correo es jdzarate@hotmail.com, Abrazos

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