13 de julio de 2026

Fernando Allen y sus fotografías del arte rupestre en el Museo de Altamira

 

La una por mantener vivos signos de hace más de 5 mil años, la otra por revelarlos, por ello se llama la muestra “La Piedra y la Luz”. Son imágenes tomadas hace 15 años en el marco de un estudio prospectivo en el que el artista trabajó haciendo registro. Las inscripciones, las huellas de ancestros de 5 mil años exponen misterios en el emblemático centro europeo del arte prehistórico. 

Hasta el 18 de octubre se asistir en el Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira, a la muestra “La Piedra y la Luz” del fotógrafo compatriota Fernando Allen. El espacio, situado en la localidad de Santillana del Mar, Comunidad Autónoma de Cantabria, España, es uno de los centros de investigación y estudio de arte prehistórico más importantes del mundo. Allí se protege la célebre Cueva de Altamira, Patrimonio de la Humanidad, donde se conservan dibujos de más de 36 mil años, que se inscriben entre los más antiguos de la tierra.

De allí el valor de mostrar el arte rupestre del Amambay y el Guairá en ese sitio emblemático. Las imágenes que se exponen se obtuvieron cuando Allen acompañó un estudio de los arqueólogos del Museo de Altamira. Ese equipo estuvo encabezado por el entonces director del centro, José Antonio Lasheras, fallecido en 2016, y realizó un completo estudio del arte rupestre de la Región Oriental. 

Fachada del Museo de Altamira
En la tarea realizada hace 15 años, Allen fue fotógrafo y colaborador local del equipo e hizo prospección y documentación junto a los investigadores españoles. Así mientras registraba los pedidos científicos, fue buscando distintas tomas de acuerdo a las diferentes intensidades de luz que le daban las jornadas.

Estas magnéticas imágenes presentadas en un especial soporte textil y en gran tamaño, ahora pueden disfrutarse en esta muestra elogiada por medios españoles. 

Foto de las serranías de Amambay en el ingreso a la muestra
Comentó el Museo de Altamira: “Las personas que poblaron esta región hace milenios nos dejaron signos inscritos en piedra, grabados en abrigos rocosos o en rocas aisladas que usaron como lienzo. Ahí plasmaron su pensamiento simbólico, expresión de su subconsciente colectivo. Hoy en día este arte supone un enigma, ya que el código que permitía descifrar su significado se perdió en algún momento a lo largo de sus miles de años de historia.
Con este proyecto, el fotógrafo Fernando Allen trata de arrojar luz sobre el arte rupestre de Paraguay, no para descifrar su significado, sino para hacernos sentir de alguna forma los secretos que albergan estas piedras”.

Aquí la charla del expositor con Nacion Media:

- El Museo de Altamira es referencia en el arte prehistórico. ¿Qué sensaciones te deja estar exponiendo allí?

- Supongo que es un honor para mí, tanto en lo personal como en el plano artístico y cultural. La muestra pone en cartelera internacional al arte rupestre del Paraguay, lo cual significa visibilizar el arte prehistórico presente en varias regiones de nuestro país, como el Amambay y el Guairá.

- ¿Contanos por qué elegiste el original soporte textil para tus imágenes? ¿Tiene que ver con lo táctil?

- Si, tiene mucho que ver con lo experiencia táctil, ya que las telas reproducen de manera muy particular las texturas y contrastes de las piedras que son el soporte de las inscripciones rupestres. Además de ello, la impresión por sublimación sobre textiles ofrece una sensación tridimensional que al papel le cuesta. Por todo esto, propuse a la dirección del Museo que las obras puedan ser tocadas, como si se tratara casi de una piel adornada con antiguos tatuajes. El diseño expositivo, a cargo de Elefante Mental, lo planteamos en base a estas configuraciones, para aprovechar al máximo las posibilidades expresivas del soporte. Las fotos, que son enormes modificando ex profeso la escala de las inscripciones originales, están montadas sobre una base de espuma fina que permite al tacto una sensación suave, como la de tocar la superficie de una piel.

- ¿Qué devoluciones te van dando los que visitan la muestra?

- La propuesta conceptual en general, ha sido muy bien recibida por el público. Esperamos que durante los 4 meses que dura la muestra, el retorno siga siendo positivo.

- Acompañaste al equipo científico que estudio este arte rupestre. ¿Recordás algunas conclusiones de ese estudio?

- En palabras de la directora del Museo de Altamira, Pilár Fatás Monforte: “Este trabajo fue posible gracias a la colaboración entre especialistas españoles y paraguayos, unidos por un objetivo común: descubrir, documentar, conservar, investigar y difundir este valioso patrimonio cultural.

Hasta entonces, el arte rupestre paraguayo era prácticamente desconocido en el ámbito científico y, además, estaba rodeado de interpretaciones erróneas dentro del propio país, donde su origen y autoría se atribuían, de forma infundada, a la época vikinga.”

- ¿A qué grupo étnico se adjudican los signos?

- De manera genérica, a grupos de cazadores - recolectores que poblaban estas regiones. Recordemos que la datación realizada por los técnicos del Museo de Altamira, registran una antigüedad mayor a 5.200 años antes del presente. Las clasificaciones por grupos étnicos tal como las conocemos hoy, comenzaron a utilizarse en tiempos más recientes.

- ¿Qué recordás de aquellos días en que registraste estos grabados?

- Al realizar estas fotografías a lo largo de varios años, sentí siempre la conmoción de saberme en lugares extraordinarios. “Solo en los sitios en que se ha cometido un hecho tremendo, merodean fantasmas” (Sigfried Krakauer, “La fotografía”). Los he sentido (o quizás, presentido) en todos estos espacios, cada vez que he trabajado en ellos. Fantasmas de personas, jaguares, aves, bosques, aromas, murmullos y fogatas prehistóricas iluminando inimaginables rituales permanecen aún, delicadamente, en estos sitios. Fragmentos de aquellas expresiones sensibles que han sostenido un vasto universo simbólico, son hoy frágiles vínculos a ese pasado. Lo saben sus actuales guardianes, los Paĩ Tavyterã, quienes resguardan estos santuarios de la memoria para proyectarlos al futuro, junto con las claves que contienen el origen del mundo. Esta exposición está dedicada a ellos.

- Tenés también importantes colaboradores en esta muestra

- Si, es muy importante mencionar que la muestra incluye la participación de la diseñadora Ofelia Aquino (cuya marca profesional es Ofelia Otello), con quien hemos desarrollado 3 piezas textiles que tienen un espacio propio en el montaje de la exposición. Estas 3 piezas han sido diseñadas y confeccionadas por Ofelia utilizando diferentes tipos de textiles previamente impresos con fotografías de arte rupestre de mi autoría. En palabras de Ofelia: “Del mismo modo en que los grabados ancestrales fueron trazados por la mano sobre la superficie de la piedra, cada una de las piezas textiles fue construida mediante técnicas de amasado y drapeado realizadas manualmente. Un gesto que recupera la huella del hacer, donde la mano actúa como herramienta de inscripción y transformación de la materia, estableciendo un diálogo entre el acto ancestral de grabar la piedra y el proceso contemporáneo de modelar el textil”.

- ¿La podremos ver en Paraguay en algún momento?

- Me encantaría, pero dependerá de lograr el apoyo necesario para hacerla posible.

 Mensajes de más de 5 mil años

“Por un sistema de datación absoluta y de radiología hemos obtenido la fecha más antigua para este tipo de arte, en todo el continente”, dijo el arqueólogo José Antonio Lasheras durante la presentación del estudio en el que se tomaron las fotografías que componen la muestra de Allen.

En aquel mayo de 2012 se entregó a la Secretaría de Cultura (SNC) el Informe Final del “Plan de Registro y Realización del Inventario Nacional del Patrimonio Arqueológico Pre-cerámico y del Arte Rupestre en la Región Oriental del Paraguay”.

El equipo recorrió todos los sitios con inscripciones en los cerros del Amambay, a orillas del Aquidabán, del arroyo Ypane y del arroyo Yguasu, también los ubicados en la zona más norte de ese departamento cerca del Parque Nacional de Cerro Corá, algunos dentro del propio parque y otros en sus alrededores y un sitio aislado en el Ybyturusu, cerca de Villarrica, en el sitio de Ytororo y en el sitio de Ita Letra, que es conocido desde hace años.

 Lasheras, fallecido en 2016, era director del Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira-España al momento de la realización del trabajo y al comentar sobre la tarea expresó: “En Brasil no está bien datado, no se conoce bien la cronología de este tipo de arte de signos grabados”, para recordar que en Argentina los arqueólogos piensan que los grabados más antiguos pueden ser de hace 4 mil años, cuando mucho. “Nuestra fechación es de 5.202 años. La tenemos asociada a la industria lítica, que es la más antigua del continente”.

Siguiendo con la idea expuso: “Creemos que quizás en Amambay, se generó un discurso, unas ideas que se acompañaban de unos signos, que esos signos se ordenaron aquí y luego se extendieron por todo el continente, y esta es una aportación muy importante que en este momento hace Paraguay a la Prehistoria del continente”.

Otro dato relevante en la consideración del arqueólogo fue que “además hay que pensar que esa fechación se obtuvo en el cerro sagrado de los Pai Tavytera, en Jasyka Vendá, el Cerro Guasu, donde ellos saben que Dios creó el mundo y creó la humanidad, que todo se originó allí; entonces, que los arqueólogos descubramos ahora que algo quizá tuvo su origen allí, nos sorprende a nosotros, pero no sorprende a los Pai, que ya lo sabían que todo tuvo allí su origen”, consideró.

Fernando Allen (Foto de Diario El Montañés)

 

Cómo se hizo

“La Piedra y la Luz” reúne a artistas, investigadores y técnicos de Paraguay y España en una experiencia inmersiva, cuenta Fernando Allen.

Se incluyen Apykas, asientos ceremoniales realizados por la artista Silvia Arce de la Comunidad Paî Tavyterâ de la localidad de Ita Guasu, en Amambay.

También reproducciones de arte rupestre realizadas por los especialistas Alfredo Prada Freixedo (del Museo de Altamira) y Anabel Panzuela Rodríguez (de la Escuela Superior de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de Cataluña). La exposición se apoya en textos elaborados en conjunto por el crítico de arte Ticio Escobar, Pilar Fatás y Alfredo Prada.

Las fotos pasaron al textil mediante el sistema de impresión por sublimación en los laboratorios especializados de la firma DLife en Asunción. 

El guión expositivo, la identidad visual y la gráfica de sala estuvieron a cargo del estudio paraguayo Elefante Mental, integrado por Javier Palma, Lucas González, Jimena Riso y Natalia Villar.

La impresión final, logística de sala y montaje en los pabellones de Cantabria fueron ejecutadas por la empresa Serisan Comunicación Gráfica, bajo la coordinación general de la plataforma NEXO.

La gestión institucional estuvo bajo la coordinación de Pilar Fatás Monforte y Adela González Arroyuelo con el apoyo del Ministerio de Cultura de España en alianza con el Museo de Altamira. 

Jorge Zárate

 Links

https://efe.com/cultura/2026-06-20/fernando-allen-lleva-a-altamira-el-arte-rupestre-paraguayo-para-que-se-vea-y-se-toque/

https://cultura.gov.py/2012/05/inventario-de-arte-rupestre-paraguayo-revela-signos-grabados-mas-antiguos-del-continente-en-zona-de-amambay/

https://www.eldiariomontanes.es/culturas/fernando-allen-invita-palpar-arte-rupestre-paraguayo-20260620074551-nt.html

10 de julio de 2026

Ricardo Alvarez: “El arte tiene la seriedad del juego de los niños”

 

El plástico cubano paraguayo viene proponiendo un cruce de lenguajes donde los trabajos en cerámica, óleo y dibujo “convergen en narrativas particulares”, describe el texto curatorial de su última muestra. Su obra impacta por colorido y formas, pero también en lo narrativo, por el contenido que deviene de sus profundas preocupaciones espirituales. 

Ricardo Álvarez entiende que en torno a lo artístico “falta una posibilidad mayor de crear un hábito de interactuar con el arte -para no decir consumir, porque consumir tiene una connotación de terminar con algo-, sin embargo, con el arte se interactúa, porque cuando estás frente a la obra ella te propone sensaciones, pensamiento, reaccionas y esto es una interacción, un diálogo”, recuerda.

Lo espiritual es omnipresente, porque la expresión es algo que, principalmente, nos anima, nos moviliza: “Cualquier obra de cualquier arte, ya sea un filme, una pintura, una escultura, una música, danza, performance, teatro, todo eso llega a mover el alma, el arte es un asunto del alma, y la vida, según algunas tradiciones es solo una experiencia de esta última y no una experiencia última”, agrega.

La plástica tiene en su génesis la posibilidad de atrapar y liberar tiempos: “En todo caso, en la vida puedes cuidar de cada instante y eso es saber hacer, eso es arte aplicado a la vida misma, cuidar de cada instante, como uno cuida cada detalle de una obra cuando la crea, sufre y se exalta por ella, te angustia o te brinda paz, como la vida misma”, reflexiona. 

 Aquí su diálogo con Nación Media:

- ¿Cómo va la actualidad de tu plástica, en qué trabajás?

- Estoy encarando una muestra en donde hay objetos de guerra como aviones, por ejemplo, convertidos en objetos cotidianos, con decoraciones de porcelana china ó matrioshkas rusas, son aviones y objetos de guerra que se convierten en parte de la cotidianidad, que son parte de la cultura y la estética del poder y que portan belleza a pesar de su función y su finalidad. Además, trabajo en una serie sobre el mundo invisible, muy presente en la cultura afrocubana y en la cultura indígena del Paraguay, como por ejemplo los Ishir-Chamacocos. 

He leído el libro “La maldición de Nemur”, de Ticio Escobar y las descripciones sobre los Anábsoro y las descripciones que recogió de los relatores Ishir son fascinantes. Ya las había visto representadas por el artista chamacoco Ogwa, del cual hicimos un documental con mi esposa Silvana Nuovo cuando vinimos a Paraguay, pero al leer el libro las descripciones son increíblemente ricas y estoy tratando de representar lo que he leído…

- Hace poco realizaste la muestra “Tres ojos ven más que dos” ¿Qué nos podés comentar?

- Allí hubo obras recientes y no tan recientes, pero de los últimos tres años y quizás alguna algo más antigua, pero que presentan un cuerpo de obra organizado en una narrativa curatorial de Sophia Ruiz, que la lee y trata de poner a dialogar varias series y varios mundos simbólicos que se manifiestan todo el tiempo en mi trabajo artístico. Para mí fue también muy satisfactorio ver mucha obra fuera del taller, donde está almacenada y apilada y podemos verla en un lugar neutro y sobre todo con espacio para respirar, existir y que cada un despliegue su capital poético y simbólico.

- Vimos la muestra “Todo es vacío, todo es ilusión” donde intervenís cerámicas ¿Seguís con esa búsqueda?

-Sí, continúo con la búsqueda en la cerámica, que ha devenido un lenguaje y un soporte incorporado a mi proceso creativo, en parte porque me siento atraído y muy cómodo con él y por otro lado por su significación como material, al ser al final tierra cristalizada. 

 Las clases de cerámica son las únicas que no recuerdo de la Escuela de Bellas Artes en Cuba, y te confieso que tengo muy buena memoria. Debe ser un olvido conveniente en todo caso, amo la materialidad de la tierra y me recuerda mi primer contacto con “lo plástico” que fue en el colegio con la plastilina y donde gané un concurso de escultura en plastilina. Después olvidé todo eso y hasta mucho más grande no pensé que ser artista era una opción ó el arte una práctica posible para desentrañar las preguntas de la existencia.
- ¿Confeccionás también las cerámicas?, ¿Te interesan la alfarería, la escultura?

- Si confecciono mis cerámicas, me interesa siempre el trabajo artesanal en el sentido del hacer, me parece que crea una intimidad con la obra que solo es posible perder en proyectos que se alejan de las propias posibilidades técnicas ó donde se necesitan intervenciones de otros especialistas o procesos industriales como suele suceder con algunas obras de arte contemporáneo y ahí el artista queda como creador de un concepto que deben materializar otros, que sería como hacer cine u otras artes donde necesitas del concurso de otros especialistas, pero en estos casos yo puedo aún y disfruto mucho construir las piezas y tener ese contacto con la materialidad de la arcilla ó la porcelana. Si me interesa la alfarería y la escultura en arcilla y porcelana… 

- Son materiales que abren la puerta a otras dimensiones también…

- Sí, estoy experimentando y disfrutando mucho por ahora y creo que son muy interesantes. Me encanta ver algunos soportes simbólicos de mi obra que antes estaban en dos dimensiones, vengan a existir en el espacio tridimensional y también que ello me sirva de soporte para la pintura. Hay mucho para hacer todavía y todos los días me levanto con el entusiasmo que se levanta un niño para jugar, esa sensación amo de hacer arte, que cuando hay algo que quieres crear y quieres verlo terminado y materializado sientes la misma sensación que cuando eras niño y te levantabas para estrenar juguete, algo así, pero más serio y con preguntas más adulta y existenciales. El arte tiene ese encanto, parece que estás jugando, pero estás jugando muy en serio, como juegan los niños.

 - ¿Cómo ves la plástica en Paraguay, qué cosas te gustan de lo que estás viendo?

- La plástica en Paraguay o la creación artística en general tiene un crecimiento exponencial y es de altísima calidad. Podría crecer más si las personas se interesarán en que les aporta una obra de arte, de estar en ese espacio de quizás incomprensión ó extrañeza, pero que no los dejará indiferentes y de rodearse también de cosas que lo interpelen, que les hablen y que les recuerden.

 No hay suficientes eventos ni espacios para poder ver todo lo que se hace y la variedad y riqueza y compromiso del arte que se produce , lo cual es una lástima porque el arte encanta a la gente, aunque no sea un entendido, te hace entrar en un espacio que si bien no entiendes o te deja con muchas interrogantes, ese es su cometido y su naturaleza y es por eso que nos deja un aura de reflexión y de poética y flotamos en algo extraño y a la vez atractivo cuando nos hemos sumergido en su encanto o en su incomodidad…

-Aparece importante valorar su intangibilidad…

- … claro, porque el arte es necesario, nos recuerda que somos humanos y nos mantiene cerca de las preguntas esenciales de la existencia, lo cual nos permite no perdernos en la inercia de lo cotidiano y los fenómenos que se nos presentan como importantes ó imprescindibles. También es responsabilidad de los artistas no divagarnos demasiado, como es responsabilidad de los ciudadanos no confundir lo político con la política o la existencia con la economía de mercado, o el amor con el deseo. 

El arte nos ayuda a construir una existencia más coherente con “ser humanos” algo podamos discernir las cosas importantes en el proceso que relata el budismo como nacer, vivir, enfermar y morir.

Arte etimológicamente es hacer algo con habilidad o técnica o saber hacer, así como la vida hay que saber vivirla.

- ¿Sentís que hay alguna tendencia especial o las búsquedas son heterogénas?

- Entre las tendencias, hay muchas, el arte contemporáneo ha moldeado mucho y abierto nuevas posibilidades hacia la materialización de obras, pero me parece que lo esencial siempre en el arte es sentir el pulso de lo que se piensa y se siente en la sociedad y hoy en día con la globalización comunicacional y cognitiva, en el mundo. 

 El arte ofrece mucho de ese espacio inasible del pensamiento como substancia al que todos tenemos acceso, nos muestra eso que todos estamos sintiendo y pensando de alguna manera, nos lo materializa, e imagina mucho más, es por eso que es interesante, porque la imaginación suele adelantarse a lo que el presente propone.

Influencias afrocubanas

Entre las búsquedas artísticas de Ricardo Alvarez aparece la necesidad de acercarse “a formas de representación de lo invisible de la cultura afrocubana que conozco desde niño porque mi madre iba a misas espiritistas y yo la acompañaba”.

El artista cuenta: “Iba por la curiosidad de esos rituales y por la cualidad histriónica que contenían, pero cuando tenía 11 ó doce años uno del médium con un espíritu montado -quiere decir poseído por un espíritu- me llamó, me hizo una limpieza con ramas, humo de tabaco y aguardiente y me dijo muchas cosas que en su momento me parecieron tonterías, pero que hasta ahora se han cumplido todas menos una y eso me dejó una gran incertidumbre”, cuenta. 

Ricardo Alvarez, pintor cubano paraguayo
“En mi espiritualidad me he inclinado más hacia el budismo del cual he leído mucho y practicado y también se refleja mucho en mi obra, pero no puedo negar la influencia de esa cultura afrocubana, de la “Santería” como se le conoce en Cuba”, apunta. 

 “Todo lo que me interpela lo pongo en obra, es una manera poética de reflexionar y es como un ritual de conocimiento que mezclado todo hace un cuerpo de obra en donde puedo reflexionar con lo que ella me brinda y al final puedo compartirlo el espectador que hará sus propias lecturas o partirá con sus propias preguntas y no hay nada que interrogue tanto como lo que no hemos podido responder”, concluye.

Sobre el artista

Ricardo Álvarez nació en La Habana, Cuba, el 12 de mayo de 1970, es artista plástico y documentalista. Se formó en la prestigiosa Escuela Nacional San Alejandro de su ciudad natal, y posteriormente estudió escritura y dirección de documentales en París, Francia.

Se lo puede seguir en Instagram en @ricardoalvarez_art y sus obras se encuentran en las principales colecciones de Paraguay. A lo largo de su trayectoria, expuso en diversas galerías de Venezuela, París y Asunción. Fue artista invitado en Oxígeno Feria de Arte (2019), seleccionado para el programa "Genealogías, Puerto Casado" (2016), obtuvo una mención especial en el Premio Invernadero: Arte, Política y Experimento (2015) y logró el Primer Premio en el Concurso de Artes Visuales de la Embajada de la República Federal de Alemania en Asunción.

Jorge Zárate

 Links

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https://elnacional.com.py/agenda-cultural/tres-ojos-ven-mas-dos-muestra-ricardo-alvarez-inaugura-k-arte-naturaleza-n106227

https://coleccionmendonca.org/artistas/ricardo-alvarez/