18 de febrero de 2026

Banco Marina, un privilegiado balcón al río Paraguay


Un grupo de 20 familias sigue apostando a la vida en un histórico banco de arena en medio del río Paraguay a unos 80 kilómetros de Asunción entre los departamentos de Cordillera y Presidente Hayes. A pesar del aislamiento y la falta de acceso a muchos servicios, aseguran que no cambiarían este lugar por ningún otro.

 


Los bancos Marina, Peñón, Pilar Kue, Palmasola y Guasu fueron formándose en el tiempo por obra y arte del río Paraguay entre los departamentos de Cordillera y Presidente Hayes. Ideales para la pesca, fueron atrayendo población desde hace más de un siglo, gente que encontró en ellos una forma de vida a la que es difícil de renunciar.

Crispín Narváez
 En la primera de las casas nos recibe Crispín Narváez, el resistente residente de Banco Marina. Allí sin agua potable, con la energía que consigue con un generador a combustible, viven su familia y otras veinte, siempre expuestas a las inundaciones.

En un entorno de vegetación, vuelo de aves y el eterno bajar del río transcurre esta historia. A sus “79 años con 10 meses”, desde su notable balcón natural al río Paraguay, este pescador, agricultor y pequeño ganadero cuenta que la creciente de 1989 lo obligó a salir y al volver tuvo que reconstruir casi todo. Igual afirma: “No cambiaría este lugar por ningún otro”.

“Yo nací aquí en esta isla”, cuenta don Crispín bajo la sombra frondosa de un chapeu que él ha visto crecer. “Fue el capitán Lázaro Aranda, un oficial de la Armada, uno de los primeros que pobló este lugar y dicen que él le bautizó Banco Marina”, dice de los orígenes del nombre de este espacio de más de 300 hectáreas rodeado siempre por las aguas del río que constantemente esculpen su forma.

“Era más grande aquí, pero después el río comió la barranca”, relata Crispín, que se acerca a los 80 años. “Antes vivíamos unas 50 familias, pero ahora solo quedamos unas 20”, recuerda.

Despoblación

Las inundaciones, la baja en los recursos pesqueros, se suman a las causas de esa despoblación. “Imagine que el río llegó a subir a dos metros más arriba de aquí donde estamos conversando”, cuenta. Parece increíble cuando se mira barranca abajo, donde a unos dos metros debajo están amarrados el pequeño barco de Narváez y la lancha que acercó al equipo de Nación Media.

“Con este barco llego en tres horas a Villa Hayes, que está a unos 60 kilómetros y de allí traigo mis provisiones, el agua traemos en bidones de 20 litros”, cuenta. En el subsuelo no hay agua buena, es muy salada, por lo que tienen que recoger agua de lluvia o tratar la del río Paraguay para tener agua de uso familiar. “En una lluvia grande podemos juntar hasta 300 litros”, revela Crispín.

 


Este hombre tiene 11 hijos, 25 nietos y tres bisnietos. “Casi todos mis hijos están en la ciudad (la Gran Asunción), ahora vino una de ellas que quiere quedarse aquí por una cuestión de salud”, dice mientras se acercan para la foto familiar Lourdes y Sara Narváez, las niñas Maia y Ailén y Arnaldo Ortiz, las personas que conviven en las humildes casas de la isla.

Crispín, Arnaldo, Ailén, Maia, Lourdes y Sara Narváez
Lourdes cuenta: “Hace cuatro meses que vine a quedarme. A mí me viene bien la vida en el campo, porque es un relax total, se respira aire puro. Vine para ayudar a papá a restablecer su salud y ya me fui quedando”, comenta.

“Ahora estamos limpiando y tratando de reactivar la chacra, pero tenemos nuestras cositas, mandioca, yuty, mamón, hortalizas, pero me hacen falta brazos. ¡Me falta un marido para que me ayude en el campo!”, exclama entre risas.

Supervivencia

Crispín Narváez cuenta que en un tiempo supo tener un bungalow que alquilaba a pescadores deportivos que proliferan en la zona entre septiembre y noviembre, cuando la pesca embarcada es buena y se pueden conseguir buenos surubíes y pacús.

“Después vinieron las crecidas y se desplomó con la barranca, ahora pasan los pescadores de vez en cuando, igual aquí se pueden guarecer cuando quieran”, comenta.

Recuerda sobre todo ese 89 trágico de la gran inundación, cuando tuvo que cruzar hacia el Chaco buscando tierras altas para hacer su “sobrado”, vivienda precaria para esperar que el río retome un cauce normal.

Refresca la memoria en tiempos añejos cuando pasaban los “barcos almacén” que acercaban provisiones a los isleros y pobladores de la costa del río Paraguay, pero que fueron desapareciendo con el tiempo. También solían acercarse barcos de pasajeros que ya quedan en la memoria. “Se hicieron más rutas y ya la gente casi no viaja por el río, somos pocos los que lo hacemos”, relata.

“Tengo también un casco ligero de aluminio para movernos más rápido, con ese llego en una hora y media a Villa Hayes, pero nos sirve más como ‘taxi’ ja’e chupe”, dice sonriente. Explica luego que también subieron los costos de los materiales de navegación y que años atrás se podía conseguir un motor “pata larga” por 2,5 millones de guaraníes y que hoy su precio alcanza los seis.

En eso cruza un remolcador llevando río arriba un convoy de barcazas a buscar minerales. “Estos cargan allá arriba en Puerto Cáceres y Corumbá en el Brasil”, relata. “Uno de mis hijos trabaja en esos barcos y cada tanto pasa por aquí”, dice apuntando la estela del navío que se desplaza hacia el norte.

El río que fluye

“Con los años va cambiando el curso del río, por eso nosotros dependemos de Presidente Hayes porque el canal antes pasaba del otro lado, después de las inundaciones se cambió hacia el lado del Chaco”, señala.

“Casi nadie se acuerda de la gente del campo, aquí la última visita de autoridades que tuvimos fue para la época de las elecciones, después no vienen más”, comenta.

“Aquí tengo mis vacas, mi chacra, mi pesca, estoy bien”, resume. “A veces tenemos también el problema de las grandes lluvias que llenan de barro y yuyos el canal principal y matan muchos peces. Algunos logran sobrevivir escapando hacia los arroyos, pero en general la mortandad es mucha”, indica.

“En una de esas ocasiones pude atrapar un surubí de 30 kilos, tuvimos carne para una semana. Hicimos milanesas, chupín, empanadas, ere, eréa… Da gusto cuando eso”, dice alumbrando el rostro, brillando como el sol que reverbera en el río.

William Fernández Díaz
 Navegando en buenas manos

Pico de Pato se llama la lancha que guía William Fernández Díaz, que se dispone a llevar a este equipo hasta el Banco Marina. “Navego desde los 12 años”, cuenta el mitãrusu de 15 años que supo llevar su embarcación remontando el río Paraguay hasta riacho He’ê, unos cinco kilómetros al norte del Banco Marina.


 

 “No es tan lejos”, anima el navegante cuando la lancha con motor de “pata larga” navega las aguas, en apariencia calmas, del río Manduvirá, que tienen un color marrón semitransparente.

En la zona tiene ahora poco más de dos metros de profundidad y se viaja en un entorno de bosque ribereño, con mbocayás y enredaderas y el vuelo de aves diversas. A poco de andar, comienzan a divisarse refugios de pescadores, sus carpas, canoas, hasta que aparecen algunos de ellos entre un gran camalotal protegidos del fuerte sol de estos días.

 En la costa pueden verse amarradas pequeñas lanchas de transporte de ganado, que ayudan a mover los animales de una costa a la otra del Manduvirá a los estancieros locales. William va mostrando accidentes de la costa, aves que se posan en los pirizales y tacuarales de la costa, como un anó que despliega su canto.

En poco tiempo se accede a la confluencia con el río Paraguay, cuyo breve oleaje repiquetea con ritmo en el aluminio de la lancha. El ancho en esa parte ronda el kilómetro y el navegante hace gala de su experiencia sorteándolo con habilidad hasta alcanzar el recodo de un canal menor, pero de 7 metros de profundidad y de una corriente importante que muestra remolinos en la superficie. “Los mayores cuentan que el río hace esos dibujos porque abajo los pozos son bien hondos”, comenta en guaraní.

Coréografos del cielo

De costas más cercanas, en el tramo se pueden apreciar al martín pescador, los mbigua, caracoleros y unos caracara abordando un pescado en la costa con sus fuertes picos.

En el cielo, una veintena de tuyuyús regala una bella danza aérea que se engalana con los juegos de luces que hace el sol de la media mañana en su plumaje blanco y negro.

Más allá, un pescador descansa tendido en la hamaca que montó en su lancha, esperando que sus redes y cañas le retribuyan.


 

El viaje hasta Banco Marina dura alrededor de una hora y media en este tipo de embarcación y es una buena manera de conocer el río y su gente.

William es también pescador y guía de pesca para los turistas que se acercan hasta Banco’i, una isla de unas 600 hectáreas bañada por las aguas de los ríos Manduvirá, Yparaguaymi y Paraguay. Allí vive una comunidad islera que ofrece alojamiento y guía a los pescadores y reciben también a ocasionales turistas que deseen conocer las bellezas paisajísticas del lugar.

Para apreciarlas, se puede contactar a Ever Martínez al (0983) 186-670, al propio William al (0986) 742-950 o a Liz Díaz al (0983) 263-259.

 

Cómo llegar

La expedición de Nación Media a Banco Marina partió de Puerto Panta Kue en la Estación Puerto Olivares. Para llegar a este punto hay que contactar con Diana, encargada de las reservas en la Estancia Olivares, un establecimiento ganadero que ofrece la experiencia del turismo de naturaleza, al (0985) 591-221.

Viniendo desde Asunción, se debe ingresar en el kilómetro 50 de la ruta PY03 en un portón doble que se encuentra a la mano izquierda de la estancia Santa Sara. Ingresando, en el camino se hacen unos 800 metros y se toma un desvío a la derecha y se hacen unos 10 kilómetros para alcanzar la cabecera de la estancia y poco más allá ya se encuentra el puerto.

Arturo Olivares hijo recuerda a los que quieran visitarlos que se pueden hacer reservas y que no se puede acceder en días de lluvia por el lógico cuidado de los caminos, que están en buen estado.

Recorriendo el camino hacia el puerto ya se pueden apreciar bellos ejemplares de ypaka’a y kuarahy mimbi, que se mueven entre humedales y praderas en las que se ve a las vacas pastar.

 En el lugar “se puede hacer campamento, también es familiar más que nada porque no se puede poner música, es un lugar de reserva natural. Se viene para hacer la observación de aves, se puede andar en kayak, paseos de lancha, caminata por los senderos, etc.”, comenta.

“Otra cosa muy importante es que mucha gente viene para pescar y nosotros cuidamos mucho el tema de la basura, tolerancia cero a la basura y también que no se pueden sacar peces fuera de medida, todo tiene que ser reglamentario”, señala.

 Jorge Zárate

Fotos y videos de Matías Amarilla

Transporte de Armindo Irrazábal 

16 de febrero de 2026

“Vademecum”, un libro que acerca recetas de la medicina popular de la época de Francia

 

A partir de manuscritos originales, dos bibliotecarios abordaron una investigación lingüística, histórica, etnobotánica y biográfica de los textos de Juan Vicente Estigarribia que compilaron en “Vademecum”. El rescate de estas recetas de la medicina tradicional que anotó este particular médico, ayudan a recrear los tiempos de la dictadura de José Rodríguez de Francia, al que asistió hasta su fallecimiento. Se trata de una puesta en valor de esta suerte de “eslabón” escondido en la historia de la medicina paraguaya.

 Este 14/2 se realizó el lanzamiento del libro “Vademécum” en el Centro Experimental de Recursos Medicinales de Itacurubí de la Cordillera. Editado por ServiLibro, el trabajo de Nelson García y Fanny Álvarez de García, compiladores del material, fue expuesto a un público que resultó cautivado por el contenido histórico y científico de la obra.

“Fue un trabajo arduo”, cuenta Nelson García, que junto a su señora Fanny se dieron a la importante tarea de transcribir el manuscrito de José Vicente Estigarribia, que fuera médico de cabecera de José Gaspar Rodríguez de Francia y consultor de Carlos Antonio López y su hijo Francisco Solano.

Sobre todo, por la antigüedad del texto y su difícil manipulación. “Nos tomó bastante tiempo porque el texto está escrito con tinta y con plumilla y, el papel, como se fabricaba en aquella época, tenía mucho ácido y cómo se escribía tanto en el adverso como el reverso de la página entonces se llegó a mezclar la tinta y fue muy difícil”, comenta.

Asume entonces que “este libro debe tener algunos errores, pero creemos que son comprensivos ante la dificultad de la lectura. A través de los años también vimos que la primera escritura es enérgica y en los últimos años se va deformando como si fuera que la persona está envejeciendo”, aporta como dato revelador.

Fanny Álvarez y Nelson García
Según explica “muchas de estas recetas ya quedan en el olvido, no se conocen, pero hay algunas que quizás nos dan nuestros abuelos, nuestros padres, y son de las que hasta ahora persisten dentro de la cultura paraguaya. Entonces, también el libro sirve como para saciar una curiosidad de la evolución de creencias o métodos curativos medicinales en la historia de la medicina paraguaya”, dice del texto. “La transmisión de esa cultura que ya viene de los guaraníes y fue adquirida con el tiempo por los colonizadores europeos como de otras nacionalidades, llega hasta nuestros tiempos”, resume.

Aquí su diálogo con Nación Media:

 - ¿Cómo dieron con el “Vademecum” del doctor Estigarribia?

-El documento original es uno de los principales componentes de la colección o acervo de la Fundación Huellas en la Cultura Paraguaya que se adquirió ya hace unos años y nosotros pensamos, como bibliotecarios y archivistas de la entidad, que era necesario preservarlo para las nuevas generaciones.

Este trabajo es una compilación hecha por uno de los sobrinos de Juan Vicente Estigarribia que tenía la preocupación de que esos trabajos persistan. Tal es así que, en el original, en varias páginas podemos ver escrito que ese libro no debía ser vendido para preservar dentro de la familia. 

Juan Vicente Estigarribia
 La obra de Estigarribia tiene valor histórico porque era una manera de solucionar problemas de salud de la población, que a causa del cierre de fronteras que había decidido Rodríguez de Francia, estaba privado del acceso a los químicos y medicamentos que ya se hacían en la época.  

Sabemos que él tenía conocimientos de medicina y de química, porque en el archivo de la Fundación también hay cartas que le escribe a este sobrino donde dice que va a inaugurar una farmacia, una botica, y otros textos en los que percibimos que sabía bastante de medicina.

- El “Vademecum” es un trabajo de compilación de décadas. ¿Qué es lo más interesante que encontraron en él?

- Cosas importantes de la medicina tradicional que ya viene de tiempos ancestrales y está inmersa en la cultura paraguaya hasta nuestros días. Pero la gran importancia era que en aquella época había muy pocos médicos realmente formados en universidades u otras instituciones estaban en Paraguay.

Durante años estuvimos, por así decirlo, en una aldea donde los recursos escaseaban no solamente para la gente de la capital, también y mucho más para la gente del interior. 



 - ¿Qué saben de la relación entre Estigarribia y José Gaspar Rodríguez de Francia?

- Sabemos que Francia le mandó ubicar a este señor porque tenía bastante fama de curar enfermedades. Era la única persona que podía entrar a la residencia del dictador sin cita previa. 

 Vale recordar que la dictadura del “Supremo” fue una de las más firmes y de las la más, digamos, autoritarias que hubo en toda América. Es necesario recurrir a libros para poder entender hasta qué nivel de pavor, miedo o respeto le tenía la población al doctor Francia.

Esta proximidad con Francia hace que, al momento de su fallecimiento, es Juan Vicente Estigarribia el que salió a hablar con las autoridades presentes para informar los deseos que tenía el doctor Francia y que le había documentado.

- ¿Cuál entienden es el principal aporte de esta investigación lingüística, histórica, etnobotánica y biográfica que acometieron?

-La importancia que nosotros vemos es el rescate histórico de este documento que podría, así como está, ser de una Fundación y quedarse ahí y solamente ser vista por algunas personas que tuviesen el interés porque la entidad tiene un acervo muy grande que es privado y desde hace mucho que nosotros asistimos a los investigadores tanto nacionales como extranjeros.

Entendemos que más allá de ser rescatado del desconocimiento o el olvido por algo emotivo en el contexto de la familia de Estigarribia, creemos que también puede servir mucho a la medicina actual, a la historia de la medicina del Paraguay, es como un eslabón que falta.

Por ello tenemos que agradecer la decisión del Fondo de Cultura (Fondec) para poder publicar este documento, para poder ser materializado y que pueda persistir en el tiempo para investigadores, estudiantes, curiosos, ese es el valor que le damos…

-…Una satisfacción como bibliotecarios imaginamos…

-…Totalmente, porque ambos autores somos de los pocos bibliotecarios que han publicado alguna obra, porque generalmente Al bibliotecario se le tiene como un intermediario entre la necesidad y la provisión de esa información. Sin embargo, hay bibliotecarios que también escribieron y en nuestro caso transcribir o compilar esta obra fue muy satisfactorio.

 Creemos que las funciones de los bibliotecarios pueden ser potencializadas muchísimo si se los anima a publicar obras que muchas veces permanecen en el silencio porque no tienen oportunidad editorial.  

Especiales remedios

El archivo de la Fundación Huellas de la Cultura Paraguaya tiene cartas personales de Juan Vicente Estigarribia, que fuera el médico de cabecera del karaí guazú, José Gaspar Rodríguez de Francia.

Revisando esos documentos fue que Nelson García y Fanny Alvarez, ambos bibliotecarios de la entidad, dieron con el “Vademecum” al que hoy se puede acceder editado por Servilibro. “Allí en se han reproducido síntomas y tratamientos para diversos males que detectaba y combatía la única persona que podía entrar y salir de la casa del Supremo sin invitación”, recuerdan.

“La diabetes ya se conocía, y se apuntan su origen y tratamiento, el "zapampión", el exceso de bebidas, los "males de mugeres" también tienen su tratamiento”, recuerda García.

“Dentro de las recetas y una que le envié, habla también de los “tratamientos de fertilidad”, como acá dice, tomar parte igual de romero, enojo y orégano y se cuece dando de tomar este cocimiento a la mujer para el efecto. Y otro es beber el zumo de salvia y si fuera con sal, la mujer va a concebir sin falta. Para no concebir, la contraconcepción, sugería meter en la “natura”, o sea, en la vagina, hierbabuena antes de tener relaciones con el hombre”, comenta el compilador.

“También tiene receta para la pérdida de la virginidad, para que se pueda casar siendo virgen por más que no sea”, agrega.

 “Evidentemente fue un grave problema de salud pública el sarampión. Ese es uno de los logros de este señor en cuanto a la receta y también otras enfermedades como algunas que ya ni siquiera existen como la viruela que ya fue erradicada y algunas cosas curiosas como por ejemplo una mezcla que asegura puede hacer hermosa a una mujer”. 

 “También dentro del recetario está la lucha contra el insomnio, la receta para el este padecimiento. Igual, nosotros decimos que es una que nadie se atrevería a hacer: Untarse grasa de gato en las sienes y estómago para poder dormir. ¿Quién haría eso hoy? (Risas) Más bien se lo resuelve tomando una pastilla nada más”, relata.

“Es decir, las recetas son variadas y dentro de este trabajo también hay una parte espectacular que es la traducción o digamos el equivalente de lo que se conoce en Guaraní en el español. Para este libro tuvieron gran importancia las colaboraciones de la Sociedad Etnobotánica del Paraguay y uno de los descendientes de Juan Vicente Estigarribia, que lleva su mismo nombre, que aportó también muchos datos biográficos ya que este médico histórico es muy poco conocido y no hay mayor información sobre su vida”, dice.

“En cuanto a la receta de la viruela, aparte de inocular la misma bacteria o microbio que la transmitía, por ejemplo, habla de las sangrías y baños de agua tibia y algunas tomas de un preparado hecho de semillas de sandía en agua o cebada, donde vemos la importancia de la etnobotánica en aquella época”, concluye.

Jorge Zárate 

Links

FUNDACIÓN HUELLAS

(14) Facebook

27 de enero de 2026

Guerra contra la Triple Alianza: La población civil ante el imperativo de “no economizar ningún sacrificio”

 

Herib Caballero estudió las exigencias del gobierno del Mariscal Francisco Solano López a la población para sostener la guerra contra la Triple Alianza. Sorprende la crudeza de la realidad nacional durante aquellos días y los pedidos a la población que llegaron al punto de requerir que se aproveche las lunas llenas para producir más en las chacras para alimentar el frente de batalla.

 Se publicó en estos días “‘No economizar ningún sacrificio’. Exigencias y condiciones de vida de la población civil paraguaya durante la Guerra contra la Triple Alianza (1864-1870)”, una documentada investigación del historiador Herib Caballero. 

Herib Caballero
 El autor explica en el texto que “esta frase de las autoridades del pueblo de Itauguá en su carta al vicepresidente (Domingo) Sánchez reflejaba el pensamiento de muchos paraguayos, principalmente de aquellos que consideraban que todo el esfuerzo que se realizaba para aumentar la producción de alimentos era la única forma de contribuir a la causa paraguaya en tan dolorosas circunstancias”

En el texto, que se puede visitar en la internet en “Trashumante. Revista Americana de Historia Social”, sorprende el abordaje de la economía paraguaya en ese contexto histórico y su análisis de la fortaleza que presentaba para enfrentar el conflicto.

Caballero, doctor en Historia y docente en la Universidad Nacional de Pilar (UNP), entiende que “la conmemoración de los 160 años de la Guerra Guasu que venimos viviendo debe ser una oportunidad para reflexionar sobre los diferentes aspectos que implico el conflicto bélico más grande de la América del Sur en el siglo XIX, una oportunidad para aproximarse al proceso histórico desde diversas aristas como la política, económica, social y cultural entre otras”.

Aquí su diálogo con Nación Media:

- El trabajo se inscribe en los estudios sobre economía de guerra una faceta poco abordada. ¿Por qué elegiste este aspecto histórico para estudiar?

- Este tema me intereso cuando hace algunos años me invitaron a dar la conferencia inaugural en el Congreso de Historia Económica en la ciudad de Criciuma, en Brasil y a partir de ahí seguí profundizando este tema del costo para la población civil paraguaya durante la Guerra Guasu de manera sistemática.

- ¿Cómo se desenvolvieron los distintos sectores económicos durante la guerra, la agricultura, la ganadería, la incipiente industria?

- Desde un principio el gobierno insistió con diversas medidas el aumentar la producción de alimentos, la donación de dinero, comida o incluso ropa para el ejército, luego de casi tres años ya fue la manumisión de esclavos para ser movilizados.

En cuanto a la ganadería se hacía lo posible para que no faltase carne en el frente. En la etapa final se insistió con la cría de aves de corral y el cultivo de legumbres qué podían ser cosechados más rápidamente

- ¿Cómo repercutió la situación en la población?

- La población fue exigida por parte del gobierno para aumentar la producción de alimentos incluso en las noches con luna llena se debía aprovechar para trabajar en las chacras, en muchos de los informes presentados se ve como las autoridades justificaban  la falta de producción por falta de mano de obra, enfermedades que aquejaban a la población o las sequías o lluvias excesivas. Además la población era trasladada en la medida que avanzaba el ejército aliado

Eso implicaba la concentración de población en lugares inadecuados con el surgimiento de enfermedades por el hacinamiento

- En el estudio se habla de que incluso hubo productos que dejaron de cultivarse en la pos guerra como un indicativo de lo difícil de la situación. ¿Qué hecho fue el que más te impresionó durante la investigación?

Creo que lo que me ha causado mayor novedad en esta investigación fue como hasta los últimos meses del año 1869 desde Piribebuy, el gobierno seguía insistiendo con el aumento de la producción agrícola y la baja en dicha producción era vista casi como una traición sin tener en cuenta las limitaciones que sufría la población civil.

Los informes de los jueces de cada pueblo que consultamos para este trabajo aportan muchos datos que pueden facilitarnos un acercamiento desde la historia social y económica a lo que implica la guerra para el ciudadano de a pie

Jorge Zárate

 Mermas y esfuerzos

“En 1868, se observa una disminución considerable de los cultivos en los diversos productos, pues totalizaban 101,811 liños, 60,356 menos que en el año anterior. Siendo el cultivo más numeroso el de la mandioca con 27,401 liños, y el segundo rubro el maíz con 24,743, y el poroto se cultivó en tercer lugar con 19,104 liños”, describe el artículo “No economizar ningún sacrificio. Exigencias y condiciones de vida de la población civil paraguaya durante la Guerra contra la Triple Alianza (1864-1870)”.

“Ese descenso de la producción se puede explicar por diversos factores, entre ellos las enfermedades. Gaspar Benítez desde Concepción informaba que “como novedad ocurrida en esta Villa la aparición de la nueva peste colérica que ha causado ya la muerte a más de cuatro individuos dentro de la población sin que hubiese cesado tampoco hasta la fecha la otra peste de las viruelas, cuando igualmente varias muertes así en esta Villa como en la campaña”,ante las necesidades de reponer las bajas en el ejército, se dieron sucesivas órdenes de reclutamiento, el comandante general de armas, Venancio López, el 14 de junio comunicaba por circular que “[…]despacho al Alférez de Infantería ciudadano Telesforo López a enrolar hombres útiles para el servicio de las armas en los partidos de Paraguarí, Acahay, Ybycuí, Mbuyapey, Quyquyhó, Caapucú, Quiindy y Carapeguá”.

Además, ante la posibilidad del avance aliado, el 15 de octubre de 1868, el vicepresidente Sánchez informaba al ministro de Guerra y Marina que, ante un posible avance aliado por el Chaco, había adoptado varias medidas entre ellas la “desocupación de los habitantes de Villeta, San Antonio,Ypané, Guarambaré, para que traspasen la Cordillera” mientras que ordenó lo mismo para los habitantes de Lambaré, Trinidad y Recoleta para que se trasladen a Limpio. Un factor no menos desatendible fue el desánimo en el que caía lentamente la población; es así que el 1 de julio de 1868 las autoridades del pueblo de San Joaquín informaban de sus actividades ante la “situación anormal de la República”, y que redoblaban su esfuerzo para evitar “noticias falsas” que “puedan ser alarmantes a la causa pública”. Mientras que en el pueblo de Itauguá —a 15 kilómetros al este de Asunción— sus autoridades señalaban que estaban “estimulando incesantemente y con la mayor atención a los agricultores con persuasiones suaves” en particular “a las mujeres fomentando siempre en ellas la justa confianza por el triunfo final de las armas de la Patria”, así como también haciéndoles comprender la relevancia que tenía la “abnegación patriótica” y la convicción que tenían que tener los hijos de la República “en no economizar ningún sacrificio”.

Una economía insuficiente para enfrentar un conflicto

El artículo “No economizar ningún sacrificio. Exigencias y condiciones de vida de la población civil paraguaya durante la Guerra contra la Triple Alianza (1864-1870)” inicia describiendo la realidad previa a la guerra. Así lo cuenta Herib Caballero:

“La situación socioeconómica del Paraguay en 1864

El Paraguay tenía aproximadamente una población de entre 420 y 450 mil habitantes a comienzos del conflicto. A pesar de que la tradición nacionalista hablaba de más de un millón de habitantes. Dicha tradición, además, impulsó la idea de que el país fue una potencia regional emergente, pero los datos reportan que el Paraguay era un país agrícola que empezó un incipiente proceso de industrialización, cuyo fin principal era generar una infraestructura militar.

Al inicio de la presidencia de Francisco Solano López (1862-1870), tras la muerte de su padre, el presidente Carlos Antonio López (1844-1862), el ministro de Hacienda Mariano González informó al Congreso General Extraordinario sobre las existencias de dinero en el Tesoro Nacional. Además, el tesoro paraguayo prestaba dinero a los comerciantes, quienes adeudaban 120,947 pesos 5 ¾, además, los almacenes del Estado tenían en existencia por un valor de 55,985,324 en diferentes mercaderías que eran comercializadas a la población o utilizadas para proveer a los miembros del ejército. A dichos bienes se le sumaban otros disponibles en otras receptorías y en poder de los agentes del gobierno en el extranjero, resultado que en total contaban con 575,853 pesos en metálico, 989,664 1 ½ pesos en billetes y 1,358 monedas de cobre.

 Desde los albores de su organización el Estado paraguayo monopolizó el comercio exterior, y más cuando el presidente Carlos Antonio López decretó propiedad del Estado los dos rubros más importantes de exportación: la yerba mate y la madera. El decreto en su artículo tercero también disponía que “queda prohibido a los particulares beneficiar yerba sobre cualquier pretexto que sea”.

La venta de yerba mate durante el último quinquenio del gobierno de Carlos Antonio López produjo un ingreso en metálico de 435,963 pesos 1 real y en billetes 460,399 pesos 6 reales. Otro rubro de ingresos para las arcas públicas lo constituía la producción ganadera; en las tierras heredadas de la corona española y las estancias confiscadas por el Estado durante la dictadura del doctor José Gaspar de Francia (1814-1840) así como en otras formadas durante el gobierno de los López, el Estado contaba con un frondoso plantel ganadero.

En 1864, el Estado poseía 49 estancias y 30 puestos, que contaban con un importante plantel de ganado vacuno, caballar y ovino, que estaba conformado por 255.363 cabezas de ganado vacuno, 18067 bueyes, 18780 caballos, 52191, yeguas, 587 mulas y 24122 ovejas.20 Los registros documentales no dan cuenta del total del hato ganadero existente en el país al inicio del conflicto.

El Paraguay sostuvo una política de control estatal de la economía, pero distaba mucho de ser la potencia que fue representada por ciertas interpretaciones historiográficas en el siglo XX. La estructura productiva paraguaya no estaba en condiciones de sostener un aparato militar pesado y organizado durante una guerra.

Pero a pesar de esas condiciones el gobierno de Francisco Solano López se preparó para un conflicto, como se evidencia en una carta del diplomático paraguayo Gregorio Benites al ministro de Guerra y Marina, Venancio López —hermano del presidente Francisco Solano López— en la que afirmaba que: Mil Gracias por la noticia que V. E. se ha servido darme del viaje que el Exmo. Señor Presidente ha hecho al nuevo Campamento militar establecido en Pirayú, con el objeto de organizar en cuerpos de diferentes armas los 10,000 reclutas que han bajado a aquel punto a disciplinarse”,

¿Y qué dirán nuestros vecinos? ¿Si por acaso no comprenderán que el Gobierno del Paraguay fastidiado por fin, ya no parece tan dispuesto a soportar por más tiempo la impolítica conducta observada a su respecto por algunos de los gobiernos vecinos”

Links

https://www.google.com/url?sa=t&source=web&rct=j&opi=89978449&url=https://revistas.udea.edu.co/index.php/trashumante/article/download/363432/20820578/350919&ved=2ahUKEwjV2PWLjZCSAxVbO7kGHSahBBEQFnoECBkQAQ&usg=AOvVaw257S5N8ulzxMPly2WDy6kx

https://www.ip.gov.py/ip/2026/01/08/investigador-paraguayo-analiza-las-duras-condiciones-de-la-poblacion-civil-paraguaya-durante-la-guerra-contra-la-triple-alianza-en-revista-latinoamericana/


22 de enero de 2026

La batalla de Paraguarí, la mecha de la independencia

 

Un 19 de enero de 1811 ocurre una contienda en la cercanía del cerro Mbaé, hoy Cerro Porteño; donde los paraguayos vencen a las fuerzas del general Manuel Belgrano. La vergonzosa huida del gobernador Bernardo de Velasco y Huidobro ayudaría a los paraguayos a tomar conciencia de su propia fuerza y capacidad de autodefensa, elementos clave para la decisión en mayo de ese año

“Siempre se dice que en la lucha por la Independencia no hubo derramamiento de sangre y ese es un concepto equivocado si se tiene en cuenta esta batalla en la que hubo decenas de muertos”, recuerda la historiadora Margarita Miró.

Margarita Miró
“Ahora por lo menos el municipio de Paraguarí la recuerda con un mural importante y también hay que reconocer que por fin, hace muy pocos años se pudo expropiar parte del Cerro Mba´e, ahora más conocido como Cerro Porteño, en la que hay un recordatorio e inclusive se hizo un reconocimiento en el Congreso de la fecha y sus consecuencias”, apunta.

Lo hace recordando la necesidad de que el Ministerio de Obras Públicas (MOPC) señalice convenientemente el sitio a efectos de que turistas y eventuales visitantes puedan rendir un homenaje a los patriotas caídos en esa lid en la que se forjó un ideal nacional.

Desencuentros

La Junta de Buenos Aires, en ausencia del Rey, ejerce desde mayo de 1810 un gobierno autónomo al que quiere sujeccionar a las provincias y territorios del que fuera el Virreinato del Río de la Plata.

Con esa misión viene cabalgando Manuel Belgrano con una bandera parecida a la de Colombia o Venezuela, roja, amarilla y azul, para diferenciarse de las banderas realistas que las fuerzas paraguayas seguramente portarían.

Ha invadido el territorio desde Itapúa (hoy Encarnación), cruzó la campiña misionera con sus columnas de “reclutas vestidos de soldados” como los definirá.

El gobernador español Bernardo de Velazco se apertrecha en Yaguarón en tanto las fuerzas provinciales acampaban en Paraguarí.

Hubo unas escaramuzas el 6 de enero de 1811 en Maracaná y Tebicuary, que dejan en claro que la marcha de Belgrano no es bienvenida.

Los “porteños” se detienen en el Cerro Mba´e en las afueras de Paraguarí. Belgrano ya tiene cierta claridad en torno que no tendrá en estas tierras tantos aliados como le dijeron sus amigos paraguayos. 

Teme que en cualquier momento puedan ser emboscados, por eso, la visibilidad que logra en la cima de ese cerro, lo convence que es buen lugar para observar las formaciones paraguayas que le aparecen en la banda norte del arroyo Yukyry.

En Paraguarí comienzan a llamar al pequeño monte, “el cerro de los porteños”. 

Vista del Cerro Mba´e o Porteño
Ataque, fuga y reacción

El 19 de enero de 1811, tras algún intento de convencer a los paraguayos de las ventajas de allanarse al gobierno porteño, Belgrano dispone el avance de 400 hombres al mando del mayor José Ildefonso Machaín que logra desbandar la defensa paraguaya y genera la huída de Velazco, que inclusive deja su uniforme en la capilla de Paraguarí en la que tenía su campamento.

Una parte de la fuerza porteña se dedica a saquear material militar y la ciudad de Paraguarí en general  mientras que, distraídos en esa vil tarea, no ven venir el reagrupamiento de los patriotas.

Manuel A. Cabañas y Juan Manuel Gamarra consiguen ponerse a cargo de las dos alas en que se había divido la tropa local, retoman la acción y obligan a un Machaín sorprendido a replegarse.

Fulgencio Yegros comienza a jugar también un rol principal en ese naciente ejército.  

Hay un elemento que recoge Miró de los testimonios. “Dicen que mucho tuvo que ver la forma indígena de montar. Belgrano veía desde el cerro avanzar una tropilla de caballos que parecían sin jinete. La capacidad de ocultarse bajo el vientre de los montados fue estratégica en esa victoria”, cuenta. 

El final en Tacuarí

El repliegue seguirá en los días y meses subsiguientes: “Después Belgrano huye y se establece en la desembocadura del río Tacuarí en el Paraná, donde hoy es Carmen del Paraná, y allí la estrategia militar de los paraguayos es el círculo, le rodean por atrás y por supuesto atacan por delante”, recuerda Miró de los hechos que ocurrirán a principios de marzo de 1811.

La historiadora refiere que “en ambas batallas se demostró la capacidad de los comandantes paraguayos que vencieron a Belgrano con varias estrategias militares, y los principales líderes son quienes organizaron la gesta de Mayo, al descubrirse las intenciones de Velazco que estaba negociando con emisarios del gobierno del Brasil, la entrega del Paraguay a ese imperio”.

Rodeado, Belgrano se rinde en Tacuarí insistiendo en que “yo no había venido a conquistar el Paraguay, sino a auxiliarlo, como antes le había manifestado...”.

El final es conocido, “luego de una larga negociación donde fueron aceptadas las condiciones propuestas por los paraguayos se firmó el acuerdo” relata Miró.

Belgrano y su tropa cruzan de regreso y derrotados el Río Paraná.

Ignacio Telesca
Darse cuenta

Para el historiador Ignacio Telesca “la invasión de Belgrano es parte de un intento de la Junta de Buenos Aires de aleccionar al resto de las provincias del Virreinato. Lo habían hecho con Córdoba, quisieron hacer lo mismo con Asunción y les salió mal”, señala.

“Creo que la batalla de Paraguarí significó para los líderes paraguayos darse cuenta de las posibilidades que tenían porque de hecho no fue el gobernador Velasco y su gente los que derrotaron a Belgrano sino los Yegros, los Gamarras, los Cabañas…”, apunta.

Recuerda que es importante entender la organización de la fuerza ya que “por lo general los que iban con estos grandes estancieros eran su gente, sus propios empleados” que tenían una fidelidad especial.

Al punto que cuando los “jefes” deciden retomar la batalla los siguen y derrotan a Manuel Belgrano y su ejército que tenía, a priori, una situación ventajosa.

Ese repliegue de la fuerza invasora hasta su total derrota en Tacuarí “hace que se dieran cuenta que tenían la capacidad ellos, y no siguiendo a Velasco o al gobernador de turno, de resolver sus asuntos. La huida de Velazco precipitó lo que lo que aconteció después en mayo de 1811”. 


Influencia

Surge entonces la histórica pregunta sobre la influencia de Belgrano, ideólogo de la independencia argentina, en los patriotas paraguayos, ya sea en la correspondencia o en el diálogo con los oficiales durante su rendición.

“Determinar si influyó o no en los líderes es complejo porque siempre son suposiciones. Hubo correspondencias entre unos y otros, bastante durante la batalla de Paraguarí y también antes, durante y después de Tacuarí. Ahora, en ambos lados, decían defender los intereses de las provincias, los intereses de los grupos en contra de las imposiciones españolas. Entonces, yo creo en todo caso que sirvió para que los líderes reflexionaran más sobre el tema”, apunta el investigador, coautor con Bárbara Gómez del estudio “Belgrano en la construcción de la nación paraguaya”, de acceso libre en internet.

“No es que Belgrano influyera así como haciéndole la cabeza, sino más bien que estos líderes se vieron a la necesidad de tener una reflexión ante las correspondencias que le enviaron, ellos también tenían que pensarse como unidad independiente, el qué hacer. Entonces cuando ellos regresan a Asunción y también tienen el destrato de Velasco de no pagarle a la gente, a los soldados, o de enviar a Yegros al interior, etcétera”, enumera Telesca.

“Bueno, ahí como que se dan cuenta que había llegado el momento, ¿no? Y de hecho, cuando en mayo le hacen el pedido a Velasco de que se apartase o de que iniciara un nuevo procedimiento de gobernar a través de este mini triunvirato, entiendo que no hubo resistencia de parte de Velasco porque como que toda la sociedad había entendido perfectamente que tenían que cambiar de manos el gobierno, por todo lo que había acontecido”, reseña.

“Creo que fue muy importante la victoria de los patricios, de los hacendados locales frente a Belgrano para definir y decidir la suerte del Paraguay como país independiente”.

Jorge Zárate

Los defensores

Buena parte de los defensores de Paraguarí fueron integrantes del movimiento de la independencia, entre ellos:

Fray Dr. Francisco Javier Bogarín. Oriundo de Carapeguá, habría nacido en 1763; estudió en el Colegio de Montserrat, de Córdoba en donde se ordenó sacerdote y obtuvo el grado de Doctor en Sagrada Teología; al regreso al Paraguay, fue nombrado Secretario de Cámara del Obispo Nicolás Videla del Pino.

Convencional en el Congreso del 17 al 20 de junio de 1811, fue designado vocal de la Junta Superior Gubernativa.

Pronto surgieron divergencias con el Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia, que se separó de la Junta. Ante la crisis el Cap. A.T. Yegros; comandante del Cuartel General, en nota al Cabildo exigió la remoción del Dr. Bogarín, el 10 de septiembre de 1811, "por causas legítimas que a su tiempo se dirán". Nada más se supo de él, ni de las circunstancias y fecha de su muerte.

José Fortunato Roa, hacendado de Carapeguá, perteneciente al grupo de los partidarios de la Junta de Buenos Aires, fue detenido en setiembre de 1810, acusado de actividades revolucionarias.

Manuel Cumá. Aborigen, natural de Itá, cursó estudios en el Real Colegio Seminario de San Carlos de la Asunción. Se reveló al Orden Sagrado. A pesar de su humildísimo origen, se lee en un trabajo inédito del Padre Tomás Aveiro, ha pasado a la posteridad como paladín de la causa libertadora.

José de la Torre. Comisionado por Paraguarí, es uno de los firmantes del acta de la Independencia además de los Próceres.

Manuel Anastasio Cavañas. Nativo de Pirayú. Perteneció a las milicias reales. Actuó brillantemente en los embates de Paraguarí (19 de enero de 1811) y Takuary (9 y 10 de marzo de 1811) contra Belgrano. Ocurrido el suceso de mayo se mantuvo alejado y silencioso en su estancia de la cordillera de los Altos por su enemistad con el Dr. Francia.

Fulgencio Yegros. Nativo de Quyquyho. Nació en 1780, en un hogar acaudalado y de prosapia ilustre. Estudió en el Convento de San Francisco, en Asunción.

José Agustín Yegros. Natural de Quyquyho, hermano del brigadier Fulgencio Yegros, acompañó a éste en la urdimbre de la conjuración, sirviendo especialmente de nexo entre los complicados de Itapúa, la Cordillera de los Altos y la Asunción.

Antonio Tomás Yegros. Oriundo de Quyquyho nació en 1783, hermano de Fulgencio. Tuvo destacada actuación en los sucesos del 14 de mayo  de 1811. Era uno de los oficiales más distinguidos del ejército paraguayo. Actor en los combates de Paraguarí y Takuary. Acompañó a su hermano Fulgencio en la defensa de Montevideo y Buenos Aires en 1807, murió en Quyquyho en 1866.

Angel Yegros. Natural de Quyquyho, hermano de Fulgencio actuó en los trabajos que culminaron en la revolución del 14 de mayo, cumpliendo misiones semejantes a las encomendadas a José Agustín.

Roque Antonio Fleitas. Comisionado por Quyquyó, firmó el Acta de la Independencia.

Juan Manuel Grance. Oriundo de Yaguarón, doctor en Jurisprudencia de la universidad de Córdoba del Tucumán, miembro de la peña revolucionaria de Villa Real de Concepción, en el cual figuró destacadamente al lado de los presbíteros José Fermín Sarmiento y Nicolás Ibarbalz. Fue después jefe de los unitarios en el congreso del 17 de junio de 1811.

Links

https://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_de_Paraguar%C3%AD

https://www.facebook.com/photo/?fbid=10150116249981458&set=a.627463252750993&__cft__[0]=AZZx1ZZOwRTCDorgT90xgnf1YugQTD35BIisP1kpqfWZdop_jNagfoNDegtXbw_fROlBQSZKNWmXVzgvUCceSF4W4S3m10jvjlDOD4qygoXe3Y4Mq9ZMFQnNl3YcWye0KZol1LJels8GIl0gSjPZY326UABAY24OozM0pm7Dg1tAew&__tn__=EH-y-R

file:///C:/Users/BANGHO/Downloads/3972-5103-1-SM.pdf

https://cefadigital.edu.ar/bitstream/1847939/1665/1/TELESCA%20Y%20G%C3%93MEZ.%20El%20legado%20de%20Manuel%20Belgrano%20-%2010.pdf