Bajo el lema “Ñandereko Arandu, Vivir desde la Sabiduría”, se reunieron en Asunción lideresas de pueblos originarios de Latinoamérica desarrollando una importante agenda continental.
Conmueve verlas caminar por calle Palma con sus banderas en alto, reclamando respeto. Ese que merece la herencia de los que estuvieron en esta tierra siglos antes de los 500 años que alcanzará esta capital en el 2037. “¡Kuñanguera jakue, Abya Yala ñanemba’e!”, dicen señalando en guaraní que América (Abya Yala) es de las mujeres que se movilizan.
Bernarda Pesoa, lideresa Qom (Toba) del Bajo Chaco celebra que sus compañeras hayan respondido a la convocatoria para ayudarlas a “fortalecer y dar protagonismo al liderazgo de las mujeres indígenas, que sean visibilizadas, que podamos acceder a viviendas dignas, a buena salud, que tengamos medicamentos, puestos de salud y hospitales y que cese la discriminación en nuestro país”, apunta.
La respalda Lourdes Huanca de la Federación Nacional de Mujeres Campesinas, Artesanas, Indígenas, Nativas y Asalariadas del Perú (Fenmucarinap): "La cumbre viene a decir: no somos pobrecitas; nos están despojando de nuestra cultura y de nuestras tierras. Por eso, compañeras, hay que seguir luchando, siendo autoridades con calidad humana y profesionalismo, defendiendo los derechos de la tierra con la frente en alto", señala.
La Declaración final de la Cumbre recuerda que ellas siguen “defendiendo nuestras semillas autóctonas y nativas, la soberanía alimentaria, el agua, la agroecología y los derechos de las indígenas y campesinas a vivir libres de violencia, para continuar tejiendo la unidad de los pueblos y de sus identidades culturales”.
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| Bernarda Pesoa |
Organizada por la Coordinadora de Mujeres Campesinas e Indígenas (Conamuri) junto con el Consejo de Gobernanza de la Coordinadora de Abya Yala, el evento, que se desarrolló entre el 15 y el 20 de octubre en el Centro Cultural del Puerto, reunió a unas 200 indígenas de Paraguay, México, Guatemala, Panamá, Perú, Estados Unidos, El Salvador, Argentina y Colombia.
Durante la Cumbre, tuvo lugar una feria de artesanías que operó “como un espacio para visibilizar y valorar los conocimientos ancestrales, la creatividad y el trabajo de las artesanas indígenas compartiendo con el público objetos que expresan la identidad, la memoria y la riqueza cultural de los pueblos originarios”, destacaron desde la organización.
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| Lourdes Huanca |
“Me impresionó mucho lo que contaron las compañeras de Colombia y Guatemala que tienen una lucha muy peligrosa, porque las matan, las apresan injustamente por lucha por los recursos naturales de las comunidades”, cuenta Hilaria Cruzabie, lideresa guaraní de la comunidad Santa Teresita, cerca de Mariscal Estigarribia, Boquerón, a más de 500 kilómetros de Asunción.
Comenta entonces el caso de las guatemaltecas Nancy Sinto (maya kaqchikel); Angelina Coy Choc, Olivia Muc Ich y Rosa de Coy, que enfrentan “procesos judiciales injustos y sentencias desproporcionadas por defender la tierra y los bienes naturales”, apunta.
Hilaria narra que en la historia su pueblo se desplegó desde la llanura chaqueña hasta las zonas andinas de Bolivia. Lo hace describiendo lo difícil de su resistencia y cuán importante es la espiritualidad indígena en ese menester. “Ya practicamos poco nuestros ritos, tenemos muy presentes las religiones católica y protestante, también otras sectas que se acercan. De la experiencia de las compañeras aprendimos que cuando buscan terminar con un pueblo atacan lo espiritual, así que me llegó profundamente esto y sobre todo el hecho de que necesitamos seguir con nuestros rituales y practicarlos en comunidad”.
A su turno, Alicia Amarilla de la comunidad guaraní de Santory, Caaguazú, comenta que durante estos días se estuvo “conversando, analizando nuestra situación desde el territorio y las comunidades y salieron muchas propuestas, una verdadera agenda continental para la lucha de las mujeres”, apunta.Describe que la pelea sigue siendo contra “el colonialismo, la violencia contras las mujeres, los problemas en el acceso a la tierra y otras temáticas que nos unen para la lucha, abriendo un debate que desde ahora se irá construyendo para llegar a la cumbre del año que viene en Chile”.
Amarilla pide que a nivel país se haga un esfuerzo mayor “para la educación de los pueblos indígenas. Nosotros en las comunidades tenemos los plurigrados, pero se hace difícil para nuestros niños terminar la primaria, es un sistema que nos condena a vivir sin educación”, expone.De la Cumbre destaca “la primera asamblea de jóvenes, que fue muy importante para nosotros porque ayuda a recrear la espiritualidad, la cosmovisión, y apunta a consolidar la recuperación de los saberes ancestrales de los pueblos”, destaca.
Luchas continentales“Las mujeres indígenas exigimos la erradicación del racismo estructural, el acceso a la salud intercultural, la protección frente a las múltiples violencias, el reconocimiento de las parteras y de los saberes ancestrales, y la participación efectiva en las políticas públicas que históricamente nos han excluido”, resume la Declaración de la Cumbre.
Lo hace describiendo una agenda que vienen construyendo desde sus inicios en Bolivia (2020), pasando por Perú (2021), Guatemala (2022), México (2023), Colombia (2024) y Panamá (2025), hasta llegar a Paraguay en este 2026.
La articulación busca visibilizar problemáticas urgentes como “la violencia de género, el impacto desproporcionado del cambio climático en las mujeres, la defensa de la soberanía alimentaria y la protección de las infancias y juventudes, entendidas no como el futuro, sino como el presente activo de la lucha”, describe.Voces
“Nosotras llamamos territorio a nuestro cuerpo también. Nos comparamos con la madre tierra porque da vida y nosotras también damos vida”, apunta Margarita Aquino, de la Red Nacional de Mujeres en Defensa de la Madre Tierra (Renamat) de Bolivia.
“Somos las que conservamos las semillas autóctonas. Lo principal en el mundo es la alimentación”, señala Aurora Coronado de la Federación Nacional de Mujeres Campesinas, Artesanas, Indígenas, Nativas y Asalariadas del Perú (Fenmucarinap)
“Qué significa el agua para nosotras? Luchar por nuestra madre lago, concebida como un ser femenino, como una madre, una abuela que da vida”, dice Carmen Peneleo del Movimiento de Mujeres Indígenas Tz'ununija', una destacada organización comunitaria y política de Guatemala.Jorge Zárate
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