28 de septiembre de 2026

Elena Iwatani, una muy inquieta embajadora del ñanduti en Japón

 

Maestra en el tradicional tejido, le transmitió al menos a mil alumnas la técnica en Tokio, capital del Japón donde reside. Autora de un importante libro que preserva y enseña cómo tejer los motivos de este arte tradicional, cuenta aquí de su trayectoria y del vínculo entre nuestro país y el del sol naciente. 

Nacida en La Colmena, Mie Elena Kanazawa de Iwatani, enseña y difunde el Ñanduti en Japón, país de tantos vínculos con el Paraguay. Es una destacada “nikkei”, nombre que le da a la descendencia de sus emigrados el país oriental. 

 “Encaje de colores del arcoíris. El ñanduti del Paraguay: Patrones tradicionales y cómo hacerlos”, se llama el libro que realza la tarea de Iwatani tejiendo un puente entre ambas tierras de su querencia. La impresión de los ejemplares en castellano fue posible gracias al apoyo del Grupo Toyotoshi y de sus alumnas japonesas que la ayudaron en la tarea. Vale recordar que la primera edición del libro fue en japonés en el año 2010.

 “Quiero que el ñandutí siga vivo”, dice al explicar el porqué de su donación de mil ejemplares del importante volumen de difusión de la técnica que editó buscando acercar este arte a todos los interesados en aprender y preservar la tradición. Celebra también que desde el Instituto Paraguayo de Artesanías (IPA) se estará distribuyendo a escuelas de arte en todo el país.

De hecho, Iwatani también editó en Japón un segundo libro llamado “El Ñandutí del Paraguay. Cómo hacer accesorios fáciles”, que todavía no se tradujo al castellano. “A ellos les gusta mucho hacer accesorios para regalos, para vender, como un detalle, etc”, comenta explicando que es una variante muy exitosa entre sus alumnos.

La maestra enseña actualmente a más de 300 alumnas las técnicas del tejido, comenzó con gente cercana y después su tarea se fue expandiendo a diplomáticas latinoamericanas y artistas varias del tejido. “La arpista Arisa Matsuki suele usar los vestidos de Ñanduti allá en Japón y ayuda mucho a la difusión de este arte”, cuenta dando un ejemplo. Estima que al menos mil personas pasaron por sus clases buscando aprender el “tejido de las arañas”, como se nombra en guaraní a esta tradicional habilidad.

Este desempeño hizo que en el tiempo pudiera exhibir este trabajo a la multitud que visitó su stand en la popular Expo Osaka 2025. “En nuestro stand estuvieron más de 2 mil personas haciendo un pequeño curso de fin de semana para aprender la técnica de manera introductoria”, comentó recordando que la feria es visitada por más de 200 mil personas por día. 

 Aquí su diálogo con Nación Media:

- ¿Cómo aprendiste a tejer el ñandutí, cómo fue que llegaste al tejido?

Yo aprendí a tejer el Ñanduti en Asunción con la profesora Kimie Taguchi durante 4 años desde el año 2006 hasta 2010 después, desde el año 2012 ya con las artesanas de Itauguá perfeccioné mis conocimientos.

Desde 2010 después que vuelvo de Paraguay empecé a enseñar el Ñandutí en Tokio. Allá en Japón hay muchas artistas japonesas a las que les gusta usar el vestido de Ñanduti y entonces querían aprender cómo confeccionarlo y ahí empecé a enseñar.

- ¿Cómo fue para que lo enseñaras en Japón y desde cuándo lo hacés?

-A las japonesas les gustaba hacer todo perfecto y no había un libro didáctico para enseñar el tejido del Ñanduti y así fue que la editorial nos ofreció hacer la edición y nos pareció oportuno encarar la tarea. También quería hacer conocer los dechados, son más de 300 y algunos son muy antiguos y entendí que era una manera de rescatarlos para volver a tejerlos aquí en Paraguay también.

 - ¿Por qué pensás que gusta tanto este arte en el Japón?

-A las japonesas les encanta el Ñandutí por los colores y los significados también, ¡es tan profundo! que no hay cosa que no se pueda hacer, inclusive hacen muchos accesorios en Japón.

- En los tejidos tus alumnas hacen dialogar la técnica tradicional con aportes japoneses ¿Qué incorporan, hilos, colores, formas, contanos un poco por favor?

- A ellas les gusta mucho tejer respetando la respetando la técnica y las tradiciones. Pero siempre vamos incorporando los colores, ¿verdad? Lo hacen con hilos japoneses y salen tejidos maravillosos como si fuera que están uniendo Paraguay con Japón.

Cuando visitamos Itaugua con las japonesas, las artesanas tradicionales se emocionan de ver que hay gente en el otro lado del mundo que hacen el Ñandutí.

-Solías hacer el “turismo de ñandutí” trayendo grupos de japoneses ¿Tenés pensado seguir haciéndolo

-Sí, yo siempre hago el “Tour del Ñanduti”, hace 2 años traje 15 personas y voy a seguir haciéndolo, cada dos años como venimos agendando últimamente. No sólo los hago recorrer los sitios más importantes de las artesanas del Ñandutí en Itauguá, sino que también los llevo a Yatayty a aprender también a tejer con la máquina. A los japoneses les gusta mucho el Ao Poi y el Encaje Jhu y también los llevo a Luque para conocer la filigrana. 

 ¡Hay tantas cosas hermosas aquí en Paraguay!, todas las artesanías típicas, la cerámica también y ellos aman lo que hacen acá. También los tejidos de las indígenas nivaclé, esas bolsas maravillosas. Todo quieren conocer, así que siempre estoy organizando los viajes.

- ¿Cómo ves la relación entre Japón y Paraguay? ¿Qué dimensión tiene la comunidad paraguaya en Japón?

- Entre Paraguay y Japón nos llevamos súper bien y se trabaja mucho en fortalecer la relación con los paraguayos que están allá, los nikkei, y japoneses que vienen aquí, funcionarios de la agencia de cooperación JICA mucha gente que trabaja para que se haga el intercambio de cultura y tradiciones de ambos países. Se calcula que unos 10 mil japoneses y descendientes viven en el Paraguay y en el Japón hay unos 2 mil paraguayos.

- Hiciste una residencia con la maestra Digna López en Yatayty ¿Qué nos podés contar de esa experiencia?

- Conocí a la maestra Digna en el 2007 y tuve la oportunidad de ir a hacer una residencia en su casa en el 2019. Ella tenía 93 años y me enseñó desde cómo limpiar el algodón y todo el proceso del Ao Poi hasta concluir. Tengo recuerdos muy gratos de esos días que pasé con ella.

Este año falleció y no pude venir, una lástima porque justo hubo problemas y mi avión no pudo salir. El año pasado pude visitarla y ella, aún con 99 años estaba caminando. Fue mi amiga, una que nunca olvidaré por todas sus enseñanzas, todo lo que hizo por mi enseñándome sus artes.

Nuevas formas

Maestra y alumnas fueron encontrando nuevas formas de expresión para el Ñandutí en Japón. Mie Elena Iwatani consigue de esa manera dotar de universalidad al tradicional tejido paraguayo. “Ellas van buscando incorporar formas propias que entiendo enriquecen nuestra técnica, el resultado es maravilloso”, apunta

En “Encaje de colores del arcoíris. El ñanduti del Paraguay: Patrones tradicionales y cómo hacerlos”, su libro editado en 2025 en castellano con la traducción de Megumi Kumagai, también nikkei paraguaya radicada en Japón, se reúnen patrones tradicionales y se explican las técnicas necesarias para reproducirlos, convirtiéndose en una herramienta para quienes desean aprender y preservar este arte. 

El ñandutí cuenta con aproximadamente 350 dechados o diseños antiguos, mientras que el libro de Iwatani reúne y desarrolla más de 85 de estos patrones, contribuyendo así a documentar una parte importante de este patrimonio artesanal.

La maestra también experimenta con nuevas formas, colores y aplicaciones, incorporando elementos del arte japonés y demostrando que el ñandutí puede evolucionar sin perder su identidad.

El impacto de su tarea llegó incluso a conmover a la Princesa Kiko durante su reciente visita a su nuestro país. “A la princesa le encantó el Ñanduti y quiere seguir aprendiendo más, le gustó mucho una pollera que hicieron las artesanas de Itaugua”, comenta Iwatani.

La artista mostró sus trabajos en el marco de la celebración de los 90 años de la inmigración japonesa al Paraguay en un reciente acto en el Puerto de Asunción. También en la exposición “Huellas y miradas, encuentro del Arte Nikkei, 90 años” realizada en Encarnación donde cosechó la admiración de público y especialistas.

Tela de araña

Ñanduti es una palabra guaraní que describe a la “telaraña”. Así se la nombró cuando en el siglo XVI, cuando se introdujo el encaje desde España se fusionó con la cultura local, surgiendo una técnica propia de elaboración. 

 Mbokaja poty, arasapé, mbeju´í, aguara ruguái, mburukujá poty, vaka pypore, arasa poty, arapaho, son algunos de sus dechados más famosos pero existen más de 350 tipos de motivos diferentes; la mayoría de ellos inspirados en elementos de la naturaleza y la vida en Paraguay. Los colores vivos y delicados, que evocan los matices del arcoíris lo destacan especialmente.

Se utiliza principalmente en trajes folclóricos y artículos de tapicería y ahora también en la confección de vestidos y bolsos y cuadros decorativos. 

Jorge Zárate

 Links

https://www.facebook.com/eyyiwatani

https://www.instagram.com/elena_nanduti

https://youtu.be/8s89DdEo4Ww?si=gl46Tu6XCuMVzel3

https://www.abc.com.py/nacionales/2022/08/25/un-cielo-de-nanduties-en-japon/

https://www.mre.gov.py/libro-sobre-el-encanto-del-nanduti-fue-presentado-en-la-cancilleria-nacional/

https://mediosdelestado.gov.py/ip/2026/09/09/maestra-paraguaya-en-japon-dona-1-000-libros-para-transmitir-el-arte-del-nanduti/


14 de septiembre de 2026

Saltos de Pirareta, proponen una cercana experiencia de desconexión inmediata

 

A unos 90 kilómetros de Asunción, este emblemático salto del Departamento Cordillera ofrece frescura, paisaje y la oportunidad de desconectar de inmediato del ritmo urbano. Se puede acampar o pasar el día, tiene sanitarios en buen estado y parrillas y en la temporada tendrá cantina anticipan sus administradores. Elegido por vecinos y gente de los departamentos cercanos, su merecida fama atrae cada vez más visitantes.

 

Un taguató advierte con su grito agudo que ese pequeño arasaty rodeado de mbokajás es su morada, luego salta entre las ramas y se ubica a distancia prudente de los hombres, seres difíciles, lo sabemos. Custodia algo más que el nido se cree entender cuando se accede al salto, a su ofrenda de spray efervescente que multiplica el frescor del día.

Es difícil asociar este paisaje de bosque, montaña, arroyo y cascada con algo distinto al bienestar, la relajación, pero, éste tramo del arroyo Yhaguy guasu fue también escenario de la Guerra Guasu cuando las tropas aliadas avanzaron sobre Piribebuy, que era en ese 1869 capital de la República. 

 El Yhaguy guasu y el Yhaguy mini convergen aguas abajo en un sólo arroyo y en Caraguatay, sumando pequeños afluentes se transforman en el Río Yhaguy, recordado por albergar los barcos de la armada paraguaya hundidos en Vapor Cue, cerca de la desembocadura del curso de agua en el Río Paraguay.

Se cuenta que los Saltos de Pirareta, país de los peces, fueron nombrados así porque al no poder subir la pronunciada cascada del salto, éstos se reúnen en las pocas profundidades que va cavando el arroyo aguas abajo, ofreciendo el alimento de la buena pesca.

Con playas apacibles, una gran cascada y manantiales de agua mineral, el lugar invita a explorar senderos, a apreciar el rumor que construyen juntos los saltos, el verde y la piedra.

Para llegar se toma un desvío de la ruta Piribebuy-Paraguari en el que se recorren unos 15 kilómetros de tierra que están en buen estado. Se viaja entre campos de takuare´e y la vista amable de la Colonia Pirareta, con sus chacras y animales pastando plácidos.

En general los caminos están en buen estado, pero, como hay pocas señales, se recomienda una marcha intermedia para verificar los carteles que indican cómo llegar. 

Emprendiendo con esfuerzo

Mauricio Zárate administra el predio en el que se cobra 30 mil guaraníes por persona para pasar el día, 50 mil para acampar y se agregan otros 20 mil para instalar una parrilla. El lugar tiene estacionamiento libre.

“Estamos en proyecto de preparar la cantina y también tenemos ya 10 baños y duchas y ahora estamos con el proyecto de hacer llegar la electricidad pero es algo complicado”, comenta. Cuenta que el arroyo Yhaguy guasu hace el límite entre Valenzuela y Piribebuy, y que después de haber intentado por mucho tiempo acercar la conexión desde esta última ciudad, los “muchos inconvenientes” planteados lo animaron a intentarlo desde Valenzuela. “Ojalá podamos hacerlo pronto”, se esperanza. 

 “Es un apoyo realmente lo que necesitamos para que llegue la energía eléctrica de forma trifásica que es un pedido que estamos haciendo hace rato. Hay mucha predisposición, pero no se ven resultados…”, comenta.

Lógicamente porque con ello, la experiencia del campamento en el lugar mejoraría considerablemente a pesar de que según reporta, “constantemente tenemos gente visitando, tratando de conocer el salto. Vamos a ir creciendo de a poco. Hay que mejorar un poco los accesos porque es zona de piedras, pero se puede acceder con vehículos familiares”, explica.

Apunta que insistirán con las mejoras cuando pase la temporada de lluvias que tiene en octubre y noviembre su epicentro.

El predio tiene agua mineral surgente “en cuatro pozos que tienen casi 30 años, es una mina de agua realmente. A 20 metros del arroyo hay agua de muy buena calidad”, cuenta Mauricio. “Mi padre compró esto en los 90 y desde esa época estamos aquí. Estamos reabriendo, esperando que esto resulte nuevamente”, dice. 

 No a los ruidos molestos

El encargado Leo Cuevas recuerda que “está prohibido ingresar botellas y poner la música muy fuerte porque aquí la gente viene a relajarse”, dice. Apunta que tienen guardavidas porque la gente “por más que ven que los carteles dicen no se meta aquí que es profundo, igual se van”.

 La situación de seguridad en tiempos de calor, es fundamental. Sobre todo respetar la señalética porque el agua toma velocidades importantes y existen pozos bastante profundos en el recorrido del arroyo. A la hora de tomar un baño, es importante hacerlo en los lugares habilitados y tranquilos.

Por otra parte, se hace un esfuerzo especial en mantener la limpieza del lugar, cuestión apreciable a poco de andar por los senderos.

Cuevas cuenta que tambien tienen a disposición un servicio de Delivery . “En general la gente trae todo, pero si necesitara comprar algo, le enviamos a alguno de los muchachos en moto, son de confianza y se consiguen las provistas básicas aquí cerca”, comenta.

Para reservas y más informes se puede llamar al encargado al 0981-383411.

Mariano Maldonado trabaja en la edificación de más parrillas para el lugar. “Está viniendo la gente, así que la idea es que tengan dónde hacer su asadito y compartir, eso es lo lindo de este lugar”, dice.

Dice que en general en la zona se vive tranquilo y que los vecinos viven en general del takuare´e . “Guapeando se puede ganar entre 100 mil y 140 mil guaraníes por día”, eso sí, hay que cortar tres toneladas del vegetal porque se paga a 45 mil guaraníes la tonelada de caña pelada.  Además de gran destreza con el machete, hay que tener predisposición al trabajo duro porque al final de la jornada se debe poder cargar los 6 fardos de 1500 kilos que lleva un camión. “¡Los empresarios lo que agarran todo!”, apunta entre risas.

La vida, sus esfuerzos, también construyen paisaje.

Más promoción

Mauricio Zárate, administrador del predio que contiene a los Saltos de Pirareta cree que “hay que darle un poco más de destaque a la propia ciudad de Piribebuy para atraer más gente hacia estos lados”, señala.

Por ejemplo, todos los años, “recordando la batalla de Piribebuy que fue un 12 de agosto, se hace una escenificación que ya tiene una tradición importante, se podría promocionar un poco más y ofrecerle a la gente los sitios turísiticos cercanos para aprovechar, se me ocurre”, plantea.  

“Es una cosa única en el país y sería un buen motor para toda la ciudad”, dice apuntando que este año se realizó el primer karu guasu de bori bori, una experiencia que fue del agrado de los visitantes.  

“Un lugar para volver siempre”

Porfirio Olmedo tiene 69 años y está desde 1970 en Argentina. Caacupeño de origen, para esa época, su padre que trabajaba en una aceitera de coco y, cuando la planta iba a cambiar locación, entendió que era más difícil hacer una mudanza interna en Paraguay que ir a Buenos Aires a probar suerte como le recomendaban sus hermanos.

Así fue que llegaron a Claypole siendo él un adolescente. Porfirio en el tiempo se dedicó a la pintura de edificios montando una pequeña empresa: “Contrataba gente para subirse a la silleta, para trepar a las alturas, porque es difícil esa tarea”, cuenta mientras acomoda las leñas con las que cocinara el asado para la familia. 

 Está con sus dos hijos, su nuera y su nieta. Los varones recreándose en el agua fresca del arroyo Yhaguy, disfrutando del hidromasaje natural de las caídas. Las chicas paseando a la vera, recogiendo piedras de colores y formas diversas.

Porfirio tiene recuerdos de niños de los saltos de Piraretá. “El bosque era más grande y había menos casas en los alrededores, pero en general el paisaje sigue siendo el mismo”, apunta. “Antes no había parrillas ni comodidades”, recuerda. “está bueno que se hagan mejoras. El año pasado vinimos con toda la familia”, cuenta este padre de 4 mujeres y tres varones.

“Estos apenas entienden el guaraní, eso que con mi señora hablamos en casa”, cuenta señalando a sus hijos que ensayan un “¿mbaechapa?” a la hora de saludar. Casado hace 44 años con una argentina, Porfirio relata que en el tiempo le fue enseñando el idioma y que ella aprendió gustosa. Este año, uno de sus hijos le pidió que lo acompañara para recorrer el paisaje paraguayo y concluir con una visita a las Cataratas del Iguazú.

Radicado en Pinamar, cuenta que la colectividad paraguaya es importante en las ciudades de la costa atlántica argentina. “Está lleno de paraguayos, bolivianos y peruanos”, relata.

Su hijo Jeremías de 22 cuenta que pasaron por Ybycui y La Colmena recorriendo los saltos de la zona. “Es espectacular, a mi me encanta este paisaje”, cuenta hablando de la belleza del Salto Cristal.

Olmedo recuerda que paran en la casa de su hermana en Caacupé: “Ella vive también en Argentina e hizo esta casa para venir a descansar y ahora nos prestó para poder hacer esta recorrida”, cuenta.

“Uno extraña, este lugar es para volver siempre, yo me quiero venir a morir aquí”, concluye.


 

Jorge Zárate

Fotos de Mariana Díaz

Transporte Alfredo "Pájaro" Paredes