19 de marzo de 2026

Escuela de la Fuerza Aérea: 60 años de vida y 14.700 paracaidistas de élite

 

 “Celebrar su aniversario fortalece el espíritu de cuerpo, el orgullo de pertenecer y el sentido de hermandad entre paracaidistas militares”, resalta su comandante, el mayor Rafael Yegros. Aquí un repaso por historia y actualidad. 

Mayor Rafael Yegros
“El requisito básico para todo operador especial, ya sea un personal militar que será fuerza especial, uno que va a ser comando y todos los que van a hacer operaciones especiales, tienen que sí o sí pasar por acá”, explica el mayor Rafael Yegros comandante de la la Escuela de Paracaidismo de la Fuerza Aérea “Teniente Coronel Pablo Stagni”.

Se trata de un entrenamiento importante, intenso y eficaz, ya que en caída libre los paracaidistas pueden alcanzar hasta los 250 kilómetros por hora después de haber saltado desde hasta 12 mil pies, unos 4500 metros de altura. Una proeza que se completa al abrirse el paracaídas y poder descender con justeza en el objetivo navegando con precisión.

El sargento 1° Lino Armoa, entrena con sus compañeros cómo ajustarse rápidamente los paracaídas, el central y el de emergencia, equipos que pesan unos 25 kilos en conjunto. “En una eventual misión también llevamos una mochila y el fusil”, dice. Cómo la mochila se lleva en el frente, a la altura de las piernas, deben entrenar también un procedimiento para liberarla antes de que el paracaidista haga tierra.

Cuenta Fernando Colmán, teniente 1° de Aviación e Infantería que “el paracaídismo es de hecho un deporte extremo y la diferencia que existe entre el ejercicio civil y el militar está enfocado en el combate, una situación de conflicto bélico ya que es un medio de infiltración de tropas que están listas para iniciar la acción una vez que pongan el pie en suelo”.

 Para ello, poder ser lanzados en grupo desde un avión Casa C212, desde 1200 pies, unos 350 metros de altura para un empleo rápido, saltando bastante cerca del objetivo. En este caso se utiliza un sistema en el que los paracaidistas están ligados a una cuerda sujeta al avión -cabo de ancoraje­- y apenas saltan el paracaídas se despliega.

La otra posibilidad, como se mencionaba más arriba, es para misiones más difíciles que involucran la caída libre desde alturas que superan los 1000 metros, cuando son capaces de planear por más de 10 kilómetros hasta alcanzar el objetivo.

“Tenemos capacidad de infiltración y de hecho en años anteriores cumplimos alguna misión de este tipo”, explica Colmán.

 A disposición

El mayor Yegros que es Diplomado de Comando de Estado Mayor (DCEM) recuerda que “el personal de la escuela de paracaidismo esta en apresto operacional a requerimiento del comandante de la Fuerza Aérea. Cuando él requiere, se forma un equipo con nuestros profesionales listo para actuar”.

Esta capacidad táctica para las infiltraciones es un elemento importante en las actividades militares actuales. “Estamos preparados para apoyar la lucha contra el narcotráfico”, cuenta.

Luego explica el cuadro de situación: “Con las nuevas aeronaves y los radares que se adquirieron, se hace la interceptación de la aeronave ilícita que ingresa al territorio. Pero como nosotros no tenemos aprobada la “ley de derribo”, entonces lo que hacen ellos es intimidar y hacer que la aeronave o aterrice o salga del territorio nacional. Si llega a aterrizar en el territorio nacional es donde nosotros estamos preparados para ser empleados, por medio de helicópteros o también en un salto operacional de infiltración rápida”

Teniente 1° Fernando Colmán
 Otra tarea más común para los paracaidistas es intervenir en la asistencia social cuando preparan, por ejemplo, cargas de víveres para lanzar en cercanías de comunidades afectadas por inundaciones o catástrofes.

El teniente Colmán recuerda: “Normalmente cuando la Secretaría de Emergencia Nacional (SEN) solicita el apoyo de la Fuerza Aérea, se realizan lanzamientos para las zonas afectadas, tarea que solemos encarar con el grupo de helicópteros”, cuenta.

“La última fue en el año 2020, justamente en una de las inundaciones que sufrió el sector de Chaco´í, agrega. “Siempre tenemos paracaídas doblados ante cualquier situación que requiere la utilización de ese medio de infiltración”, memora.

Como actividad social, los paracaidistas de la Escuela, suelen participar en exhibiciones de salto en todo el país. El comandante Yegros recuerda que “últimamente estuvimos en el Ñeembucú en Pilar y Humaitá y solemos asistir a los aniversarios de ciudades y nos tocó participar de la inauguración de los Juegos Panamericanos Junior Asunción 2025”, enumera. 

Una escuela modelo

Desde su creación el 2 de marzo de 1966, la Escuela de Paracaidismo “Teniente Coronel Pablo Stagni” formó 14.742 paracaidistas, entre ellos 263 mujeres. “Formamos al año unos 350 paracaidistas militares. Esta institución ha pasado de ser un centro de instrucción básica a convertirse en uno de los pilares estratégicos de las Fuerzas Armadas”, cuenta Yegros.

“La institución es de mucha relevancia no sólo para la Fuerza Aérea sino para todas las Fuerzas Armadas de la Nación porque formamos a todos los paracaidistas del Ejército, la Armada, del Comando Logístico”, destaca.

“Desde sus primeros días, la unidad de formación estableció un riguroso sistema de adiestramiento, basado en preparación física, instrucción técnica y disciplina operativa. Cada etapa del proceso formativo estuvo diseñada para garantizar estándares elevados y un desempeño profesional en todo momento”, señala. 

 El comandante recuerda que “los primeros instructores se formaron en Brasil y brindaron el primer curso de paracaídismo con el que se creó la Escuela. Sesenta años atrás los equipos no eran los mismos, la metodología de enseñanza también evolucionó muchísimo. Esto es, todo lo que concierne a la operación aeroterrestre es como la medicina, siempre va evolucionando en medios y en los conocimientos que el personal adquiere”, comenta.

Explica que los más importantes cuadros de la Escuela, sus instructores, en mayoría fueron becados y entrenados en países como Brasil y Estados Unidos “que son referentes en el paracaídismo militar”. De hecho, el propio Yegros viaja en estos días en un grupo de 24 militares paraguayos de élite a un curso de perfeccionamiento en Brasil. 

 El comandante celebra: “Estamos recibiendo alumnos del extranjero que vinieron desde la Fuerza Aérea del Uruguay a formarse con nosotros. El nivel de enseñanza que tenemos aquí está equiparado con los de la región, ya no tenemos nada que envidiarle a Brasil, por ejemplo, estamos entre los primeros de Sudamérica en cuanto a la formación y conocimientos”, destaca.

Varios de los egresados de la escuela cuentan con el récord nacional de grandes formaciones en caída libre y participan en competencias internacionales, “destacándose siempre por su muy buen desempeño”, apunta.

En un salón, un paracaidista entrena en el simulador una caída libre y su posterior navegación. Con un casco de realidad virtual, el ejercicio le permite ir acomodando el cuerpo haciendo foco en el objetivo. “Esta es una especialización para la gente ya más preparada, que van a hacer infiltraciones, que están formadas, que ya tienen curso de fuerzas especiales, de comando”, explica Yegros.  “Ellos ven ahí como si fuera que están navegando con el paracaídas, se les pone un punto donde tienen que aterrizar y ellos van hacia el objetivo, ahí se les puede programar hasta la intensidad del viento y todo”, apunta.

“La institución nació con el propósito de organizar, dirigir y desarrollar la instrucción especializada para la preparación integral de tropas paracaidistas, y hoy es un símbolo de identidad, tradición, sacrificio y excelencia profesional para el país”, concluye señalando.

Requisitos y exigencias

Inicialmente el postulante al curso básico de Paracaidismo Militar “tiene que ser militar, mayor de edad, buenas condiciones físicas y de salud, para lo que se requieren algunos estudios médicos para poder realizar las pruebas físicas”, cuenta Fernando Colmán, teniente 1° de Aviación e Infantería.

El instructor recuerda que los hombres tienen que poder subir a la soga de 4,20 metros de altura sin ayuda de las piernas. La exigencia para las mujeres sólo cambia en la altura que, este caso, será de 3,20 metros. Tienen también que cumplir ciertas marcas en salto tanto largo como alto y correr 5 kilómetros en menos de 25 minutos los hombres y 27 minutos las mujeres.

 Habiendo cumplido el 100% de este examen recién pasan al entrenamiento que busca ajustar el estado físico a las exigencias del paracaidismo militar. “Eso se logra los primeros 15 días con ejercicios que se complementan con la parte técnica. Todo eso se repite a diario y una vez que ellos pasan de fase entonces ya están preparados para poder saltar de una nave en vuelo”, explica.

“Normalmente estamos utilizando el Casa C212 que es una aeronave de transporte preparada para realizar todo tipo de lanzamientos, ya sea de personal como también de carga”, agrega.

Ya para el curso de Auxiliares DOMPAA (Doblaje, Mantenimiento de Paracaídas y Abastecimiento Aéreo) “se le suma clases de natación porque el personal tiene que estar en condiciones de realizar un salvamento de un paracaidista en el agua, tiene que tener la capacidad de volver a recuperar el paracaídas en el agua, conocer el comportamiento de un velamen dentro de un río, un tajamar o de cualquier situación que se pueda presentar”, explica.

“De hecho que uno ya sabe en qué lugar le podría afectar el agua, dependiendo de la zona donde se va a saltar. Todo eso se prevé con estos entrenamientos y el saltador tiene que estar en condiciones de nadar para llegar a la orilla y estar a salvo”, apunta.

Precisión del doblaje

El teniente Fernando Colmán Colmán apunta que “el doblaje es prácticamente una de las partes más importantes de todo el curso. Formamos acá profesionales en doblaje del paracaídas que involucra tanto el principal como de la reserva”, explica.

Señala que se trata de un doblaje estricto porque tenemos una sola oportunidad para saltar, se abre o no se abre, por ello, todos los saltadores llevan 2 paracaídas; uno principal que va por la espalda y una reserva en el caso de que por algún motivo exista alguna obstrucción en la apertura del paracaídas principal”, señala.

Explica a su vez que el paracaídas de reserva “lleva un doblaje mucho más especial que el principal, lo que consigue que se disminuya significativamente el riesgo, aunque sigue siendo una actividad de alto riesgo”. 

La sargenta Carmen Vega, especialista en doblaje, cuenta que “todo es cuestión de técnica y habilidad” mientras va mostrando las fases del procedimiento. “Un paracaídas que fue usado es colgado e inspeccionado dos veces en primera instancia para después recién pasar al doblado y a partir de allí pasa por 5 fases con sus correspondientes inspecciones”, enseña.

El suboficial principal Freddy Acosta trabaja en el mantenimiento de un paracaídas auxiliar o de reserva: “Estos deben inspeccionarse cada 6 meses. Se los abre, se los cuelga, se los inspecciona, se los deja ventilar por 24 horas y después se procede al doblaje en un procedimiento muy minucioso que dura poco más de 2 horas”, explica.

Muestra a su vez que la mochila que contiene el velamen tiene un dispositivo electrónico de emergencia “que se abre automático en caso de que el paracaidista hubiera perdido el conocimiento y no abriera el paracaídas principal”. 

Jorge Zárate 

Fotos de Pánfilo Leguizamón y gentilezas 

Links

https://www.lanacion.com.py/pais/2026/03/02/escuela-de-paracaidismo-militar-celebra-60-anos-formando-tropas-de-elite-de-las-ff-aa/

17 de marzo de 2026

Reserva Natural Aguapey en Ypacaraí, un santuario natural del Chaco Húmedo

 


Antonio Espinoza y su esposa Diane donaron 1313 hectáreas de su familia para concretar este espacio que será administrado por la Fundación Moisés Bertoni y el Museo de Ciencias (MUCI). Científicos y técnicos de ambos organismos consideran que representa una oportunidad importante para fortalecer la conservación del Chaco Húmedo, consolidar procesos de monitoreo a largo plazo y desarrollar una propuesta atractiva de educación ambiental y puesta en valor del patrimonio natural que pueda ser visitado por todos los paraguayos

 

Arriba izquierda, locación de la reserva
Se sabe, las buenas noticias tienen efectos multiplicadores y, ojalá así sea con la donación de un importante campo para constituir una reserva ecológica. El sitio integra la cuenca del Lago Ypacaray lo que hace que el hecho cobre una especial relevancia por la creciente presión urbana sobre la ecología de la zona.

“Esperamos este año poder ya anunciar algunas acciones que nos permitan recibir visitas. Si bien lo administramos desde la Fundación Moisés Bertoni (FMB) y tenemos una fuerte alianza con el Museo de Ciencias (MUCI), Aguapey busca a ser el gran espacio de recreación y contacto con la naturaleza y las ciencias para toda la gente en el Departamento Central”, apunta Claudia Rolón, coordinadora del Programa de Investigación y Ciencias de la FMB.

La técnica explica que “En términos generales, la conservación de este territorio aporta a la estabilidad ambiental de la cuenca, ya que protege ambientes naturales que contribuyen a la regulación del agua, la conservación del suelo y la conectividad ecológica”. 

Claudia Rolón de la FMB
 Paola Martínez, es la directora ejecutiva del MuCi y entiende que se abren “inmensas oportunidades. La ubicación de Aguapey es realmente de un valor excepcional considerando la falta de espacios de esa índole que sean accesibles al público en las zonas urbanas. Esto implica un cambio de paradigma en la forma en que la gente puede interactuar con zonas de alto valor ecosistémico y las posibilidades de aprendizaje y beneficio a partir de las experiencias generadas allí son exponenciales”.

Martínez que es comunicadora, revela: “estamos muy entusiasmados trabajando en la primera propuesta al público, que será develada en semanas más. Lo que podemos adelantar es que permitirán experiencias de primera mano con la riquísima flora y fauna de la reserva, pero más aún, del cielo de la cuenca del Ypacaraí. Nuestro equipo de Astronomía se encuentra trabajando en la primera propuesta que será un evento realmente digno de vivir para todos los amantes de la observación astronómica”, anticipa. 

Conservación y legado

Esa idea conservacionista, potenciada en sus posibilidades científicas y educativas, fue el motor de esta historia. Así lo reveló el donante Antonio Espinoza durante el acto protocolar de constitución de la Reserva Natural de Aguapey: “En nombre de la familia, estamos súper contentos de poder llevar adelante esta idea y de entregar esta hermosa propiedad a la Fundación Bertoni y la Fundación Museo de Ciencias, porque sabemos que ellos van a poder realmente abrir el espacio al público, hacerlo como una herramienta didáctica para muchísima gente, adultos y chicos”, dijo

“Hay demasiadas cosas lindas allí y demasiadas oportunidades de aprendizaje y también de esparcimiento; y el aprendizaje con esparcimiento es lo mejor que puede ocurrir.  Así que es una enorme satisfacción poder confirmar esta cesión hoy, presentando esta propiedad a estas dos instituciones tan nobles y con tan buenos objetivos para el país”, agregó.

Diane lo explicó así: "Como fundadora de Moisés Bertoni, estoy muy orgullosa de poder contar con Moisés Bertoni para donar la propiedad. Empezó como unas semillas de ideas y creció grande, entonces es fantástico. Y como fundadora del Museo de Ciencias, es la otra semilla que debe estar ahí ayudando con todas sus ideas y ciencia. Entonces, siento mucho orgullo por las dos organizaciones. Y por el futuro, gracias, realmente gracias."

Un paisaje rico en biodiversidad

Rolón, que es bióloga especializada en botánica, investigadora del PRONII (CONACYT) y doctoranda en ciencias naturales y sus aplicaciones (FACEN-UNA), entiende a su vez que el impacto en términos de biodiversidad es claramente positivo.

Describe que la Reserva se encuentra en la ecorregión del Chaco Húmedo y representa de manera significativa la fauna y flora características de esta región, incluyendo distintos ambientes: bosque de galería, bosque sobre roquedales, campos naturales y zonas de inundación asociadas al río Salado.

Por esas tierras pasean aguará guazú, monos carayá, carpinchos y osos hormigueros, aves como el tuyuyú. Pueden verse también ñandúes y reptiles como el yacaré y la curiyú. También un gran número de tortugas y decenas de especies de peces.

“Proteger este mosaico de ecosistemas garantiza la conservación de especies típicas y procesos ecológicos propios del Chaco Húmedo. De manera general, toda superficie que pasa a estar bajo un esquema formal de conservación genera un impacto favorable en términos de biodiversidad y resiliencia ambiental”, apunta la bióloga.

Describe además que la reserva brindará servicios ambientales como la regulación hídrica, la captura de carbono, la conservación de biodiversidad y la protección de suelos. “Estas funciones impactan de manera directa en la calidad de vida de miles de habitantes del área metropolitana de Asunción, que dependen de la cuenca para actividades productivas y abastecimiento”, recuerda. 

Cuenca del Lago Ypacaray

Sin playa sobre el Lago Ypacaray, está distante a unos kilómetros, la Reserva Natural Aguapey “es un espacio que forma parte de su cuenca, ya que cuenta con ambientes naturales asociados a cursos de agua, como el Río Salado, pero no cuenta con infraestructura ni acondicionamiento como playa recreativa. Se trata de ecosistemas naturales que requieren manejo cuidadoso para su conservación”, describe Rolón,

Rolón, que lidera el equipo multidisciplinario de investigadores de la FMB anticipa que sus tareas iniciarán “con los estudios mínimos requeridos por los planes de manejo para establecer una línea de base de biodiversidad e indicadores de estado de conservación”.

Anuncia que está previsto implementar parcelas permanentes para el estudio de flora y caracterización de tipos de vegetación; identificación y análisis de los distintos tipos de bosque presentes; monitoreos permanentes de fauna, seleccionando indicadores clave de aves, mamíferos, anfibios, entre otros. “El monitoreo será progresivo, aumentando en complejidad conforme se consolide el equipo de investigación”, adelanta.  

Senderos de aprendizaje

La Reserva Natural Aguapey actualmente no cuenta con infraestructura turística ni senderos formalmente habilitados. “Ese proceso está en una etapa inicial de planificación. Está prevista la futura habilitación de senderos y espacios para visitas educativas, en articulación con el Museo de Ciencias MUCI”, explica la bióloga Claudia Rolón de la Fundación Moisés Bertoni.

“Se tiene previsto que las actividades de recreación y educación ambiental se integren a una propuesta más amplia, pero estará disponible recién más adelante. La apertura oficial del área protegida será anunciada por ambas organizaciones cuando se realicen las adecuaciones necesarias y el área protegida esté lista para recibir a los visitantes”, anticipa.

Paola Martínez, directora ejecutiva del Muci, agrega que “el equipo de FMB se ha especializado en las últimas décadas a partir de un fornido equipo científico que lleva adelante procesos de observación, categorización, colecta, investigación, desarrollo de proyectos y más. Es todo este expertise que llega a Aguapey, que sumado a las capacidades de desarrollo programático y comunicación de la ciencia permitirán la puesta en marcha de experiencias de aproximación a las ciencias que despierten la curiosidad de los visitantes, además de la llamada a la acción de la protección de no solo éste, sino todos los sitios donde nos encontremos donde haya recursos naturales”. 

 Apunta a su vez que “el equipo que hoy día se encuentra capacitado para regir un museo de ciencias de clase mundial puede adaptar estrategias y co-crear eventos que permitan acercar la ciencia desde el valor propio de un espacio determinado, en este caso, Aguapey. La apertura de una reserva de esta talla al público, con una oferta de la calidad que se proyecta, es un hito no menor para la apropiación de la ciencia en nuestro país”, insiste.

“Es en espacios y experiencias como los generados aquí donde se dan despertares vocacionales y el encendido de la curiosidad que implica el uso del sentido crítico y de la construcción de una ciudadanía más evolucionada y desarrollada. Es un impacto de generaciones”, recuerda. 

 Jorge Zárate

 Ubicación

https://www.google.com/maps/place/Reserva+Natural+Aguapey+-+Fundaci%C3%B3n+Mois%C3%A9s+Bertoni/@-26.2423269,-58.1684974,8z/data=!4m10!1m2!2m1!1sReserva+natural+aguapey+ypacarai!3m6!1s0x945dbb001cc8a071:0xe70eaf953e8028a0!8m2!3d-25.2103549!4d-57.4164121!15sCiBSZXNlcnZhIG5hdHVyYWwgYWd1YXBleSB5cGFjYXJhaZIBD25hdHVyZV9wcmVzZXJ2ZeABAA!16s%2Fg%2F11md_197c4?entry=ttu&g_ep=EgoyMDI2MDMwNC4xIKXMDSoASAFQAw%3D%3D

Ñeembucu: Historia de la antigua Ruta IV, un derrotero de sacrificio

Las historias y peripecias de la gente transitando por décadas una ruta de tierra que por temporadas quedaba anegada por lluvias e inundaciones, hacen de este relato un rescate fundamental de las vivencias del Departamento Ñeembucú hasta el asfaltado completo de la misma, ya después del año 2000, que vino a cambiar las cosas para bien.

 “Ruta IV, atravesando el Ñeembucú”, se llama el documental que condensa en 21 minutos las innumerables historias de la gente haciendo camino. “Hay tanto que rescatar que de momento sueño seguir contando en otro documental más de estos fantásticos relatos”, dice Alejandra Acosta Fabio, su realizadora.

La película puede verse hasta fines de abril, de miércoles a sábado de 14 a 20 horas en el Espacio Cultural Itaú del Centro Cultural del Puerto en el marco de la muestra “Del río las coronas”, propuesta que invita a reflexionar sobre los vínculos entre las comunidades y los territorios fluviales del Paraguay.

“Pilar y el Ñeembucu siempre miraron al río, respiraron al río”, recuerda Acosta invitando a ver la película y la exposición que incluye montajes y fotografías.

 “Pensé en la inundación de 1983 que nos afectó mucho a los pilarenses y a los ñeembuqueños, pero es un tema abordado, así que viendo fotos y archivos me decidí por la Ruta IV “José Eduvigis Díaz”, cuenta Acosta cuyo proyecto resultó el único seleccionado del interior para la muestra auspiciada por la Fundación Itaú.

Alejandra Acosta Fabio

“Ñeembucu está rodeado de humedales formados por ríos, arroyos y grandes esterales, que dificultaron la construcción de la Ruta IV. Estuve viendo documentos en la biblioteca Augusto Roa Bastos del Congreso Nacional y entre ellos el decreto de 1928 que tiene el estudio de impacto ambiental donde describe la zona como muy dificultosa por que pasa por humedales y la tierra es bastante resbaladiza, lodosa, arcillosa en tiempos de lluvia y cuando hay sequía se convierte en arenales”, comenta. 

Fue recién en 1940 bajo el gobierno del Mariscal José Félix Estigarribia que se erige el “monolito liberal”. Recuerda Acosta que “este fue el kilómetro cero de inicio de la construcción que comenzó en 1943 y que estuvo a cargo del Batallón de Zapadores “General Elizardo Aquino”, soldados de la Armada y también muchos ñeembuqueños de los que quedan algunos vivos todavía”. Diez años se tardarían en abrir la traza.

Travesía de riesgo

Investigando documentos, recolectando fotos, buscando a quienes recorrían la Ruta IV, se entrevistó con Fidel Jorge Centeno, “al que conocemos acá como don “Papi” que estuvo trabajando 40 años como conductor del “Che Taita” un “mixto” que llevaba pasajeros y también chanchos, gallinas”, recuerda Acosta Favio. Lo difícil de quedarse empantanados en el barro, bajar al pasaje para que empuje el colectivo y superar el barro pegajoso, es recurrente en la memoria popular. 

 “Choferes y guardas debían entender cómo poner cadenas, saber quién los podía estirar ya sea con bueyes, con tractor, porque se quedaban los colectivos, camiones, vehículos chicos. Don Centeno decía que sabía que una persona era pilarense en la terminal porque antes de ver si compraba o no el pasaje, miraba el cielo a ver si se venía la lluvia”.

Entre el rescate emotivo recuerda que “el encargado de la agencia de Pilar llamaba a la ZP12, Radio Carlos Antonio López, para avisar a los pasajeros de la Encarnacena que se adelantaba el viaje por el mal tiempo. El viaje podía durar 12 o 24 horas, También 2 días, y hay testimonios de una semana y hasta 15 días. Hay fotos de gente caminando con el agua hasta la cintura, gente que después era rescatada con carros”, apunta.

“Éstas son las historias que yo quiero contar y seguir contando”, resume la realizadora.

Próximamente en Pilar

En breve se proyectará “Ruta IV, atravesando el Ñeembucú” en la capital de ese departamento. “En Pilar la vamos a estar mostrando dentro del Cine Club de Amotinados y en otros espacios también porque es importante recordar la historia”, apunta.

“Como realizadora quiero demostrar que con mucho o lo poco que tengas, se puede hacer audiovisuales, cine en el interior del país, fuera de lo que es Asunción y Gran Asunción. El tema está en las ganas”, considera. 

“Aquí al menos cada 15 días se muestra cine y no es el comercial justamente. Proyectamos “Cuchillo de Palo 108” de Renate Costa; Guapo´y, sobre la vida de Celsa Ramírez, una de las sobrevivientes del caso de las ligas agrarias durante la dictadura de Stroessner, por ejemplo”, cuenta recordando que ya hicieron proyecciones en patios, restaurantes, en la Facultad de Humanidades y en la plaza frente al Cabildo de Pilar.

El equipo de producción del documental está integrado por Facundo Almirón en cámara y Camila Acosta Fabio en el montaje, que junto a María Alejandra participaron previamente en talleres de rescate y preservación de archivos audiovisuales. El documental cuenta además con la participación de Isacio Mauricio Acosta, y el respaldo institucional de la Fundación Itaú.

Jorge Zárate