Herib Caballero estudió las exigencias del gobierno del Mariscal Francisco Solano López a la población para sostener la guerra contra la Triple Alianza. Sorprende la crudeza de la realidad nacional durante aquellos días y los pedidos a la población que llegaron al punto de requerir que se aproveche las lunas llenas para producir más en las chacras para alimentar el frente de batalla.
Se publicó en estos días “‘No economizar ningún sacrificio’. Exigencias y condiciones de vida de la población civil paraguaya durante la Guerra contra la Triple Alianza (1864-1870)”, una documentada investigación del historiador Herib Caballero.
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| Herib Caballero |
En el texto, que se puede visitar en la internet en “Trashumante. Revista Americana de Historia Social”, sorprende el abordaje de la economía paraguaya en ese contexto histórico y su análisis de la fortaleza que presentaba para enfrentar el conflicto.
Caballero, doctor en Historia y docente en la Universidad Nacional de Pilar (UNP), entiende que “la conmemoración de los 160 años de la Guerra Guasu que venimos viviendo debe ser una oportunidad para reflexionar sobre los diferentes aspectos que implico el conflicto bélico más grande de la América del Sur en el siglo XIX, una oportunidad para aproximarse al proceso histórico desde diversas aristas como la política, económica, social y cultural entre otras”.
Aquí su diálogo con Nación Media:
- El trabajo se inscribe en los estudios sobre economía de guerra una faceta poco abordada. ¿Por qué elegiste este aspecto histórico para estudiar?
- Este tema me intereso cuando hace algunos años me invitaron a dar la conferencia inaugural en el Congreso de Historia Económica en la ciudad de Criciuma, en Brasil y a partir de ahí seguí profundizando este tema del costo para la población civil paraguaya durante la Guerra Guasu de manera sistemática.
- ¿Cómo se desenvolvieron los distintos sectores económicos durante la guerra, la agricultura, la ganadería, la incipiente industria?
- Desde un principio el gobierno insistió con diversas medidas el aumentar la producción de alimentos, la donación de dinero, comida o incluso ropa para el ejército, luego de casi tres años ya fue la manumisión de esclavos para ser movilizados.
En cuanto a la ganadería se hacía lo posible para que no faltase carne en el frente. En la etapa final se insistió con la cría de aves de corral y el cultivo de legumbres qué podían ser cosechados más rápidamente
- ¿Cómo repercutió la situación en la población?
- La población fue exigida por parte del gobierno para aumentar la producción de alimentos incluso en las noches con luna llena se debía aprovechar para trabajar en las chacras, en muchos de los informes presentados se ve como las autoridades justificaban la falta de producción por falta de mano de obra, enfermedades que aquejaban a la población o las sequías o lluvias excesivas. Además la población era trasladada en la medida que avanzaba el ejército aliado
Eso implicaba la concentración de población en lugares inadecuados con el surgimiento de enfermedades por el hacinamiento
- En el estudio se habla de que incluso hubo productos que dejaron de cultivarse en la pos guerra como un indicativo de lo difícil de la situación. ¿Qué hecho fue el que más te impresionó durante la investigación?
Creo que lo que me ha causado mayor novedad en esta investigación fue como hasta los últimos meses del año 1869 desde Piribebuy, el gobierno seguía insistiendo con el aumento de la producción agrícola y la baja en dicha producción era vista casi como una traición sin tener en cuenta las limitaciones que sufría la población civil.
Los informes de los jueces de cada pueblo que consultamos para este trabajo aportan muchos datos que pueden facilitarnos un acercamiento desde la historia social y económica a lo que implica la guerra para el ciudadano de a pie
Jorge Zárate
Mermas y esfuerzos
“En 1868, se observa una disminución considerable de los cultivos en los diversos productos, pues totalizaban 101,811 liños, 60,356 menos que en el año anterior. Siendo el cultivo más numeroso el de la mandioca con 27,401 liños, y el segundo rubro el maíz con 24,743, y el poroto se cultivó en tercer lugar con 19,104 liños”, describe el artículo “No economizar ningún sacrificio. Exigencias y condiciones de vida de la población civil paraguaya durante la Guerra contra la Triple Alianza (1864-1870)”.
“Ese descenso de la producción se puede explicar por diversos factores, entre ellos las enfermedades. Gaspar Benítez desde Concepción informaba que “como novedad ocurrida en esta Villa la aparición de la nueva peste colérica que ha causado ya la muerte a más de cuatro individuos dentro de la población sin que hubiese cesado tampoco hasta la fecha la otra peste de las viruelas, cuando igualmente varias muertes así en esta Villa como en la campaña”,ante las necesidades de reponer las bajas en el ejército, se dieron sucesivas órdenes de reclutamiento, el comandante general de armas, Venancio López, el 14 de junio comunicaba por circular que “[…]despacho al Alférez de Infantería ciudadano Telesforo López a enrolar hombres útiles para el servicio de las armas en los partidos de Paraguarí, Acahay, Ybycuí, Mbuyapey, Quyquyhó, Caapucú, Quiindy y Carapeguá”.
Además, ante la posibilidad del avance aliado, el 15 de octubre de 1868, el vicepresidente Sánchez informaba al ministro de Guerra y Marina que, ante un posible avance aliado por el Chaco, había adoptado varias medidas entre ellas la “desocupación de los habitantes de Villeta, San Antonio,Ypané, Guarambaré, para que traspasen la Cordillera” mientras que ordenó lo mismo para los habitantes de Lambaré, Trinidad y Recoleta para que se trasladen a Limpio. Un factor no menos desatendible fue el desánimo en el que caía lentamente la población; es así que el 1 de julio de 1868 las autoridades del pueblo de San Joaquín informaban de sus actividades ante la “situación anormal de la República”, y que redoblaban su esfuerzo para evitar “noticias falsas” que “puedan ser alarmantes a la causa pública”. Mientras que en el pueblo de Itauguá —a 15 kilómetros al este de Asunción— sus autoridades señalaban que estaban “estimulando incesantemente y con la mayor atención a los agricultores con persuasiones suaves” en particular “a las mujeres fomentando siempre en ellas la justa confianza por el triunfo final de las armas de la Patria”, así como también haciéndoles comprender la relevancia que tenía la “abnegación patriótica” y la convicción que tenían que tener los hijos de la República “en no economizar ningún sacrificio”.
Una economía insuficiente para enfrentar un conflictoEl artículo “No economizar ningún sacrificio. Exigencias y condiciones de vida de la población civil paraguaya durante la Guerra contra la Triple Alianza (1864-1870)” inicia describiendo la realidad previa a la guerra. Así lo cuenta Herib Caballero:
“La situación socioeconómica del Paraguay en 1864
El Paraguay tenía aproximadamente una población de entre 420 y 450 mil habitantes a comienzos del conflicto. A pesar de que la tradición nacionalista hablaba de más de un millón de habitantes. Dicha tradición, además, impulsó la idea de que el país fue una potencia regional emergente, pero los datos reportan que el Paraguay era un país agrícola que empezó un incipiente proceso de industrialización, cuyo fin principal era generar una infraestructura militar.
Al inicio de la presidencia de Francisco Solano López (1862-1870), tras la muerte de su padre, el presidente Carlos Antonio López (1844-1862), el ministro de Hacienda Mariano González informó al Congreso General Extraordinario sobre las existencias de dinero en el Tesoro Nacional. Además, el tesoro paraguayo prestaba dinero a los comerciantes, quienes adeudaban 120,947 pesos 5 ¾, además, los almacenes del Estado tenían en existencia por un valor de 55,985,324 en diferentes mercaderías que eran comercializadas a la población o utilizadas para proveer a los miembros del ejército. A dichos bienes se le sumaban otros disponibles en otras receptorías y en poder de los agentes del gobierno en el extranjero, resultado que en total contaban con 575,853 pesos en metálico, 989,664 1 ½ pesos en billetes y 1,358 monedas de cobre.
Desde los albores de su organización el Estado paraguayo monopolizó el comercio exterior, y más cuando el presidente Carlos Antonio López decretó propiedad del Estado los dos rubros más importantes de exportación: la yerba mate y la madera. El decreto en su artículo tercero también disponía que “queda prohibido a los particulares beneficiar yerba sobre cualquier pretexto que sea”.La venta de yerba mate durante el último quinquenio del gobierno de Carlos Antonio López produjo un ingreso en metálico de 435,963 pesos 1 real y en billetes 460,399 pesos 6 reales. Otro rubro de ingresos para las arcas públicas lo constituía la producción ganadera; en las tierras heredadas de la corona española y las estancias confiscadas por el Estado durante la dictadura del doctor José Gaspar de Francia (1814-1840) así como en otras formadas durante el gobierno de los López, el Estado contaba con un frondoso plantel ganadero.
En 1864, el Estado poseía 49 estancias y 30 puestos, que contaban con un importante plantel de ganado vacuno, caballar y ovino, que estaba conformado por 255.363 cabezas de ganado vacuno, 18067 bueyes, 18780 caballos, 52191, yeguas, 587 mulas y 24122 ovejas.20 Los registros documentales no dan cuenta del total del hato ganadero existente en el país al inicio del conflicto.
El Paraguay sostuvo una política de control estatal de la economía, pero distaba mucho de ser la potencia que fue representada por ciertas interpretaciones historiográficas en el siglo XX. La estructura productiva paraguaya no estaba en condiciones de sostener un aparato militar pesado y organizado durante una guerra.
Pero a pesar de esas condiciones el gobierno de Francisco Solano López se preparó para un conflicto, como se evidencia en una carta del diplomático paraguayo Gregorio Benites al ministro de Guerra y Marina, Venancio López —hermano del presidente Francisco Solano López— en la que afirmaba que: Mil Gracias por la noticia que V. E. se ha servido darme del viaje que el Exmo. Señor Presidente ha hecho al nuevo Campamento militar establecido en Pirayú, con el objeto de organizar en cuerpos de diferentes armas los 10,000 reclutas que han bajado a aquel punto a disciplinarse”,
¿Y qué dirán nuestros vecinos? ¿Si por acaso no comprenderán que el Gobierno del Paraguay fastidiado por fin, ya no parece tan dispuesto a soportar por más tiempo la impolítica conducta observada a su respecto por algunos de los gobiernos vecinos”
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