10 de agosto de 2007

Oligarquía

Todavía hay campesinos e indígenas que aran la tierra con palo. Todavía hay chicos sin escuela, gente sin asistencia médica, agricultores sin caminos, pequeños y medianos industriales sin crédito, hay carencias que no se compadecen con la tierra fértil, con los recursos energéticos, con la fuerza de trabajo del pueblo paraguayo.
Algo está fallando. Hay un sistema de oprobrio que no deja que las fuerzas de la buena acción se liberen.
Ese sistema se llama Oligarquía. Define el diccionario de la Real Academia Española: Gobierno de pocos. Forma de gobierno en la cual el poder supremo es ejercido por un reducido grupo de personas que pertenecen a una misma clase social. Conjunto de algunos poderosos negociantes que se aúnan para que todos los negocios dependan de su arbitrio.
La oligarquía es respaldada por un ejército de chupamedias, de tinterillos, de pobres tipos, esclavos que se creen amos porque remedan los gestos de sus patrones.
Este sistema se verifica en las expresiones del opresor cuando le da por la frustración. “Ya da para Paraguay...”, “El paraguayo es apático...”, “En Paraguay mueren todas las teorías políticas” y otras grandilocuentes sandeces.
Mienten.
El pueblo paraguayo está oprimido y actúa exactamente igual que todos los pueblos que en la historia tuvieron esa condición: Lucha.
Que expliquen sino la supervivencia sin tierras, sin ganados, sin créditos, sin nada de la mayoría campesina, que expliquen sino el día a día de los cuentapropistas, de la mayoría de asalariados por debajo del mínimo, de la mayoría sin cobertura de salud, de la mayoría que no concluye la educación secundaria.
Que expliquen un país donde el 82% de la gente cocina a leña en el departamento de San Pedro, por citar sólo un ejemplo de la Encuesta Integrada de Hogares 2000/2001 de la Dirección General de Estadística, Encuestas y Censos.
Que expliquen por qué en un país que tiene más superficie que Alemania, donde viven más de 60 millones de personas, es tan dificil darle tierras y asistencia a 300 mil familias.
No pueden hacerlo sin sentir vergüenza.
Esa vergüenza que les surge cuando cruzan la frontera y quedan al desnudo ante la primera pregunta.
Con la dictadura, el sistema de mentiras les funcionaba puertas adentro, con la apertura explotaron las denuncias y se pudo verificar el funcionamiento del modelo de robo del país.
Por eso día tras día se multiplica el sentimiento de que hace falta un país que contenga a todos. Un país que no sea el coto de caza, el botín de unos pocos egoístas.
Jorge Zárate

1 comentario:

Hermosa dijo...

excelente