17 de febrero de 2020

El gobierno como pésimo chiste de Mario Abdo

 Cuenta la leyenda que lo primero que hacía el cruel Alfredo Stroessner al llegar al Palacio de López era preguntar el último chiste sobre su secretario privado, Mario Abdo Benítez (padre).
Reía el dictador con los remates, reían los obsecuentes con él, a veces también, el propio Abdo escondía la humillación detrás de una sonrisa impostada.
Todavía hay quien da por cierto el paso de comedia de Abdo en Ciudad del Este aquel 3 de febrero de 1989. Stroessner le había recomendado que de haber un golpe de estado cruzara la frontera.
Abdo, dicen que estaba en Foz de Iguazu y se cruzó a la capital del Alto Paraná donde finalmente fue detenido.
“Es el aniversario de Ciudad del Este, estaremos por allí”, dice impune el presidente Mario Abdo Benítez (h) exponiendo en bruto, el tamaño del retroceso social que produjo ese otro golpe de estado que se barre bajo la alfombra, el de junio de 2012.
La destitución de Fernando Lugo cierra la transición en la peor de las formas porque desde Federico Franco, Horacio Cartes y ahora Abdo’i la democracia se bate en retirada ante el estupor de las fuerzas sociales que demoran en reaccionar.
El pequeño golpe practicado contra Mario Ferreiro concluye el ciclo de la “Transición” y dibuja un espacio de 30 años, relativamente poco tiempo, que le toma al “Stronismo” regresar al poder, a la hegemonía.
Anunciado con bombos y platillos, el acuerdo entre Cartes y Abdo’i para las próximas municipales hace temer lo peor, una marea colorada apoderándose de la mayoría de los 254 municipios que tiene el país.
Esa sensación les permite avanzar en su eterno plan antipopular, el Stronismo nace para combatir a los “populistas” colorados como Natalicio González, Epifanio Méndez Fleitas, etc.
Hasta el momento Cartes representa los “Negocios”, con todo lo que cabe allí, y Abdo’i sería el aparato electoral, los funcionarios públicos, la “política”, entendida en la acepción colorada, es decir, el asalto a los bienes del estado,a la caja pública.
En el dificil pacto de supervivencia de su modelo, ambos cederán una parte, pero seguirán intentando avanzar sobre las lides del otro: Abdo`i en los “Negocios” y Cartes en la “Política”.
Y no sería la primera vez que la “Unidad Granítica” sea un lema de isopor.
Por debajo habrá guerras intestinas, propia del modelo mafioso que construyó Stroessner para mantener el poder. Se recomienda especialmente la lectura de “Los herederos de Stroessner”, cuya segunda edición lanzó recientemente la editorial Arandurá.
El 11/2 Abdo`i se reúne con los ex presidentes Juan Carlos Wasmosy y Luis Angel González Macchi: “Acá estamos argañistas, wasmosistas, exoviedistas preocupados por el Partido Colorado, que tendrá unas elecciones importantes. Venimos a ofrecer nuestro servicio, no para pedir cargos”, dijo el último de los citados.
Es muy gracioso siempre González Machi, hay más de 40 mil cargos en juego en las elecciones municipales.
Abdo’i termina la semana reivindicando a Stroessner en el Chaco.
Viene entonces a la memoria aquel otro chiste.
“Cuando el Partido Colorado tomó el poder estábamos al borde del abismo y, nosotros, dimos un paso al frente”, cuenta la leyenda que dijo en un discurso Mario Abdo padre.
Cuando nos daremos cuenta de que no es chiste.
Jorge Zárate

6 de febrero de 2020

La ciudad oculta

Mundos Imaginarios de Gyula Kosice
 "En ese tiempo estábamos colgados de ácido. Acabábamos discutiendo con los árboles, pero lo peor es que a menudo ganaban ellos la discusión".
Lemmy Kilmister, líder de Motorhead.


"Para aprender estas cosas, deberás permanecer un año conmigo en la selva. Comerás miel, maíz y frutas, y de vez en cuando un trozo de carne de pecarí (saíno). Dejarás de leer, porque la sabiduría que viene de los papeles te impedirá comprender la sabiduría que nosotros recibimos, que viene de arriba y que nos permite entender, por medio de la naturaleza entre otras cosas, los mensajes de Los de Arriba»
Chaman Mbya a León Cadogan
*Memorias de León Cadogan, extranjero, campesino y científico; 1990

1
“Vi al mundo moverse borracho y sobrio, leguas atrás, el camino por delante en la senda de las estrellas”, me dijo, en su idioma, en el nuestro. Ya no me acuerdo las palabras precisas del traductor, pero son estas.
Es lo que comentó, haciendo un gesto oscilante con las manos, cuando le pregunté sobre existencia de una mítica ciudad flotante.
Después se fue por las ramas.
Igual, esa idea me apasiona, me sigue de fondo mientas estoy pensando en el Piogonaaq, el sabio Qom que entrevistamos.
Aquello tan sutil sobre nosotros, cuando nos compara con la pequeña avispa que bebe del néctar y me pide imaginar la miel, aprender la sensibilidad para leer en su textura, me dice que el paladar es un puente del olfato.
Estoy editando este video interminable y siento que contaremos algo sobre este pueblo, va a quedar bien, pero hay detrás una historia que es cine y apenas pude acercarme al tipo para preguntarle qué hubo de esa ciudad mitológica.
En eso pienso mientras manejo de regreso, también en que me quiero dar un baño, me quiero acostar, quiero tener sexo y mi chongo no está.
Entonces miro los árboles a la vera de la Ruta 11 queriendo imaginar el gran bosque que esto fue y apenas se ven manchones, alguna altura a la vera de los ríos, allí bordeando el Tragadero, y sin querer sigo dibujando en la cabeza esa urbe mitológica.
¿Cómo será?
Intraterrena, es decir, como un pozo bajo el lecho del Chaco o, flotante, algo suspendido sobre el bosque, en otra dimensión.
En oscuro el Gran Chaco Americano
En eso pienso cuando espero el ascensor, mientras subo y me veo en los espejos cuyos reflejos me hacen infinita hacia el fondo y fantaseo con que al abrir la puerta en el octavo ingresaré a la ciudad nave y podré ver pasado y futuro de este espacio que es el Gran Chaco Americano.
Me voy a la ducha después de hacer una selección de rock espacial para no cortar la onda aprovechando que las luces del atardecer juegan a favor.
Después sólo recuerdo que me dormí en sensualidad y tuve un sueño erótico, uno en el que soy poderosa, bisexual, apasionada, cruel, inocente, los escenarios son cambiantes, las formas también.
Hay algo de árbol en mi, es un sueño extraño.
Hay cosas más profundas también, como raíces.
Me despierto en una gran pregunta húmeda.

2
El día me devuelve a la ruta, al regreso a esa comunidad indígena.
    • A veces me siento como el carancho rutero, un ser que se adapta pero que también lucha por no dejar de volar., dice el boludo de Gustavo y todos nos cagamos de risa mientras la ruta pasa negra debajo del autito.
Les cuento la primera parte de estas impresiones al equipo y les digo...
“Entiendo que ese es el segmento que sigue en el docu. El viejo hablando pausado sobre ese fondo de río con bosque en galería, con pájaros azules volando de costa a costa, con algún yakaré de fondo de las tomas de apoyo.
Diciendo: La magia es sencilla, se presenta cuando se tiene una buena vibración, la más acorde, la que permite acceder a ese momento especial. Antes no se percibe, aparece en cualquier momento del bosque, como un regalo a la convivencia que practiques con él. Es apenas un resplandor, o un momento perdurable de acuerdo a tus capacidades con el tiempo. Esto si es un aprendizaje, surge del ejercicio, de lo que va generando el espacio del estar”.

    • Cómo usar el tiempo, cómo intentar que ese rico derrotero se reproduzca en breve espacio, pienso en el engarce, en construir un tejido, una red, algo que atrape al que vea la película, algo que lo deje dentro del relato, le digo al equipo.
Todos ponen cara grande de pregunta seca.

3
Caminar en el sendero es sorpresa en los primeros pasos, pero en un momento puede volverse recurrente, se puede caminar en círculos y sentir que se perece de calor, como hicieron muchísimos de los expedicionarios españoles, absurdamente vestidos, paranoicos, armados en su escenario de violencia omnipresente.
Me quedo con aquellos curitas que fueron convertidos por los chamanes a la religión politeista de los pueblos de Abya Yala, uno de los nombres colectivos de la nuestramérica.
Lo escribieron, lo asentaron en tomos que fueron ocultos al gran público hasta hace poco por la Universidad de San Marcos de Lima, la más antigua del continente.
Revisando esos cruces, no puedo llegar a entender cómo y cuándo el hombre perdió el completo respeto por lo sagrado, por el bosque, por la montaña, en qué momento histórico desubicó su lugar entre todos los seres, que no es un lugar preeminente, que es apenas un espacio de observación diferente, cuándo se perdió, cuánto tuvo que ver la religión monoteísta.
Lo pienso ahora que atardece con el sol de fuego yendo a dormir, vestido de nubes, pintando velos de humo, probándose un bosque de palmeras y quebrachos.
Se pone rojo sobre el Bermejo y lo filmamos desde el puente sobre la ruta 11, allí entre Puerto Eva Perón y Puerto Vélaz, la frontera entre Chaco y Formosa.
Pasan camiones y la estructura vibra, bambolea, por suerte llevo un steady cam, la imagen es preciosa, hipnótica, hace el calor de fines de agosto, sopla el norte, algo eléctrico está en el aire, se celebran las flores, el verde nuevo, el cielo abierto y caliente del final del invierno.
El bosque de espinillos me invita a ir en el perfume, mi mirada es india.

4
En otro momento frente a la compu me alegra recorrer las imágenes del Parque Nacional Chaco, transformar la Go Pro en una hormiga que se trepa al Abuelo, el quebracho más antiguo que se conservó, ese que nos da la dimensión de la tala brutal que hiciera La Forestal, que se sigue haciendo más o menos solapada.
El Chaco es el segundo sitio más deforestado del mundo después de la Amazonía, unas 130 mil perdió hectáreas sólo esta provincia argentina entre el 2015/2019 y unas 2 millones desde que se cuenta.
Las fotos satelitales son impactantes.
Por eso me es claro que la ciudad mitológica no estaba oculta en el bosque.
Se me ocurre montar la nave sobre los manchones más verdes, lo que queda de selva, sigo dando vueltas sobre el tiempo y el espacio.
Veo árboles en las imágenes de apoyo, este será un documental con avances para promover turismo.
El discurso que lleva pegado es dificil de digerir pero la paga es buena, así que la idea es ponerle otra data, algo más, un poco más.
Para los clientes la idea es mostrarles el bosque a europeos de guita, lo más seguro es que lleguen los “narco sojeros” como le dice un amigo paraguayo, todos cazadores furtivos, a visitar a sus amigos locales, gente fea, ojalá me equivoque y no veamos fotos de pumas asesinados filtradas en las redes sociales.
Lo hago mientras me congratulo con las imágenes que están súper buenas.
La peli va a quedar, me digo y cuelgo la compu metiendo mal los dedos.

5
Desde el balcón puedo ver el Parque de la Laguna Argüello y entiendo claramente como queda apenas una parte de todo eso que vengo de ver apenas a kilómetros de allí.
En la hamaca leo a Stefano Mancuso, neurobiólogo vegetal de la Universidad de Florencia, que dice que las plantas sienten mucho más de lo que sentimos los animales, que perciben los cambios eléctricos, el campo magnético, el gradiente químico, la presencia de patógenos.
Lo transcribo en la compu, voy eligiendo el tipo de letra, el cómo van a aparecer en la pantalla llena de verde, con el drone girando en torno a la copa de un quebracho que anda por los 30 metros.
“Las plantas tienen nuestros cinco sentidos y quince más. No tienen ojos y oídos como nosotros, pero perciben todas las gradaciones de la luz y las vibraciones sonoras.”
De eso hablaba el hombre
Entonces, allí en el suave bamboleo entiendo que tenemos que aprender a ver la realidad, no construir una forma de vivir negándola. De practicar la negación y la mentira como método profundo.
Esa herencia densa de la conquista, ocultar el robo y el genocidio de los pueblos originarios como mandato, de esa complicidad, asumida o no, de los inmigrantes con  todo lo que pasó después.
Sigo leyendo al tipo que es el director del Laboratorio Internacional de Neurobiología Vegetal una locura de especialidad para llegar a conocer lo que este señor Toba me explicó con poesía: Qué los árboles aman la música
Aporta el “Tano” que prefieren la de bajas frecuencias las que van entre los 100 Hz y los 500 Hz una que se da por ejemplo en el agua que corre.
Recuerdo el sonido conmovedor de la corriente salvaje del Bermejo reverberando en la costa, algo arenoso, visceral.
El indio me dijo que podía comunicarse con los árboles, que ellos se ponían contentos cuando la tribu llegaba después de un año de vagar buscando tierras con mejor pesca, mejor caza, porque la abundancia también viaja, me había dicho.
El científico asegura que se hablan con las raíces que también se huelen, se gustan allí bajo la tierra, que se avisan cuando atacan las hormigas o los hongos, que producen sustancias químicas para limitar la subida de las parásitas, para envenenar a los insectos o para drogarlos.
Que un limonero puede cargar cafeína en el polen para que un insecto vuelva a él, por ejemplo.
Peter Wohlleben es un ingeniero forestal alemán que devela que los árboles adultos alimentan y cuidan de los pequeños. “Podría decirse que los árboles bebé son amamantados”, dice.
Lo hizo en un libro que asombra al mundo: “La vida secreta de los árboles”. Allí cuenta que además de filtrar el aire los árboles desprenden sustancias, pero no son las mismas en una vieja reserva forestal que en una plantación artificial. Con la hojarasca se transportan hasta el mar a través de ríos ácidos que estimulan el crecimiento del plancton, el primer y más importante eslabón de la cadena alimentaria.
Me pica una teta, suelto el libro, prendo un faso.

6
Recuerdo en el sueño a la mitológica Ococolot. Aquella que describían los indios hecha de metales preciosos, la que enloqueció a los españoles que salieron a cruzar el Chaco para encontrarla.
La imagine como aquellas de Gyula Kosyce, porque quizá la memoria de mi infancia me lleva siempre a la alegría, al misterio que me provocó aquella fuente del edificio Olivetti, su “Cosmogonía del Agua”.
Cosmogonía del Agua
Asi, dentro del mar interior que fue el territorio del Chaco, el llamado Mar de Bravard/Paranaense/Entrerriano/Chaqueño, sumergida, como una gran nave en la que viven seres en armonía preparándose para viajes esenciales.
Me recuerda un texto que los depósitos salinos, también llamados evaporitas y los acuíferos con agua salada en grandes sectores del Chaco Paraguayo se explican por la presencia de este mar geológicamente joven que existió en el Mioceno Superior – Medio.
La pienso como un lugar, tan de sueño, tan diferente, el de una sociedad que ya no necesita explotar la naturaleza que respeta el tiempo porque viaja en él.
“El viaje es preciso”, me dice el piogonaaq. “Sólo se puede ver si uno está abierto a ello... Todo existe, todo también, está de alguna manera oculto”, dice con misterio, pero quizá también sabiendo que los idiomas al traducirse pierden y ganan expresión.
Siento y quiero guionarla para una ficción que la ciudad está en otra dimensión, que eso me quiere decir.
Y así googleo y me doy con que en la confluencia de los ríos Tarija y las nacientes del Bermejo, se fundó la ciudad de Santiago de Guadalcazar autorizada por el Virrey Diego de Córdoba a principios de 1623.
Hasta allí llegaron pués más allá comenzaba el territorio de los Qom, los “Toba” como los habían bautizado los guaraníes (Tova, cara en guaraní), quiza, porque se rapaban media cabeza lo que les hacía parecer hombres de frente gigante, Los Frentones, se llama un pueblo de la provincia del Chaco.
Era el lugar equivocado para buscar “indios mansos” para las encomiendas porque los Qom no se entregaban al trabajo forzado.
Así las cosas, esos cien entusiastas ibéricos se dieron a rapiñar el ganado de los Vilelas. Creció el poblado y tuvo curas, colonos y comerciantes, y cuanto afiebrado de oro y plata llegaba para la aventura.
Sin embargo Ococolot, “era una quimera, una utopía que se alejaba como el horizonte”, dice la investigadora Ana Favarón.
Cuanto más caminaban en la selva espinosa del Chaco sólo encontraban los ranchos humildes de los Vilelas y los Toonocoté que preparaban venganza en silencio.
Hartos de los robos, organizaron un verdadero regimiento de caballería, que según contara Martín Ledesma, marqués de Guadalcazar, fundador del caserío:  “Cuando hacían sonar los cuernos que tocaba a rebato, aparecían otros grupos” reveló el historiador Ramón Tissera.
El español, con tropa menor, se rindió y emprendió calurosa retirada hacia la quebrada jujeña desde la que volverían de igual forma apenas tres siglos después talando todo para plantar soja y meter otra vez vacas.

7
Cantan las chicharras e instalan en el bosque una frecuencia reverberante que tiene toda la magia y la locura dentro.
Me pasó de enfermarme, somatizar mi mala vibra, manejando el viejo Ford Ka, la bolita mágica que me ayuda en este registro visual, en este raro viaje.
Buscaba llegar a Taco Pozo, para pasar la noche, ibamos con dos de las chicas del equipo y abriendo las ventanillas el calor insoportable soplaba un viento de fuego y el canto de los millones de bichos se me hacía ruido enloquecedor mientras el sol alcanzaba ese punto de extraño calor y luz que tiene antes de iniciar el descenso a las oscuridades.
Cerrando las ventanas, el acondicionador de aire no daba abasto, así que teníamos que alternar ambas situaciones.
Me costó todo, mis amigas no manejaban, la ruta tenía unos baches imposibles, así que íbamos a 60 kilómetros por hora.
Algo aprendí de las frecuencias ese día.
Estefanía sin embargo me abrió otra puerta exótica: “Los insectos son los extraterrestres” aseveró apurando la cerveza bajo un frondoso samuhú que abriga la hamburguesería del pueblo.
Lo investigué para apoyar las imágenes de mariposas, escarabajos, gusanos, los bichos más bellos del mundo están en el Chaco.
Bueno, se estima que la tierra está habitada por diez trillones de insectos.

8
Llegamos con la lengua afuera.
Los tipos vieron la peli y pidieron algunas correciones, así que habrá que volver a editarla.
Es verano ahora, y esta ciudad hierve, parece que la metieron en un microondas.
Todavía hay gente que tala árboles en la ciudad y una no los entiende.
El calor reverbera en el pavimento, hace esas ondas
“Está bueno lo del indio”, me dijo uno.
Le regalé mi sonrisa de plástico, creo que todavía la llevo colocada.
Alguno que otro entendió que me había explicado en idioma profundo cosas que hoy prueba la ciencia.

Salí decidida a armar la ficción.
Me zambullo en la Galería Alberdi buscando sombra y al rato ya me quema la luz del mediodía.
De cemento, metal, vidrio, priedra y ladrillo, caucho y humo, me aparece la ciudad y su hechura.
Resistencia.

Jorge Zárate

18 de diciembre de 2019

Cerro Ñemby y la promesa de ser un centro turístico

 
La lentitud del cierre de la cantera hace que todavía no se pueda utilizar para recreación y esparcimiento.
 
Los gansos nadan a sus anchas en el lago de la cantera del cerro Ñemby, sus alegres juegos en compañía de un pequeño pato syryry son todo el ruido que se oye en el lugar.
Es de día y el cerro no está abierto al público porque hay un evento que en ocasión de las fiestas de fin de año organizó la municipalidad. Una suerte de paseo de compras para la navidad, con diversos puestos de comidas y bebidas, que por las tardes y las noches de estos últimos días se vuelve multitudinario.
Sin embargo, hasta hoy, por problemas burocráticos, no comenzaron las obras de los senderos y otras acciones para que se pueda usar de manera permanente como un sitio de esparcimiento y recreación, el objetivo por el que peleó todo un pueblo durante más de una década.
  “Le pedimos al municipio que ejecute la construcción de los parques infantiles que podrían estar utilizando los niños; hay también una cancha enorme que se puede mejorar y utilizar, la ciclovía, los senderos que tanto hacen falta para que la gente camine, hay cosas que se pueden hacer rápido con los recursos municipales, con los royalties”, insiste Hugo Céspedes, de la Comisión Vecinal por la Recuperación del Cerro Ñemby.

Esa organización que peleó por años contra la destrucción del cerro, contra las explosiones de la cantera que literalmente hacían llover piedras sobre las casas de los vecinos.
El intendente Lucas Lanzoni (PLRA) dice que comenzarán las obras del primer sendero apenas acabado el evento que está en marcha, que se estima será en Año Nuevo.
“El próximo desafío es hacer el circuito de 5 kilómetros de senderos”, apunta, comentando que fue un año difícil en el que “levantamos la medida judicial que nos impedía invertir, hicimos casetas para los guardias, baños, empedrados para mejorar el acceso, trabajamos en las calles aledañas”.
Señala a su vez que el Ministerio del Ambiente (Mades) tiene que aprobar el proceso de “cierre de cantera”, que la administración municipal pretende realice una empresa europea “que tiene la experiencia en este tipo de situaciones, ya que en el país no tenemos ninguna que lo pueda hacer”.
A partir de allí, asegura que se tendrá vía libre para las inversiones más grandes “porque ahora hacemos lo poco que se puede en lugares seguros que no generen riesgos. Hablamos con los inversionistas rusos que hicieron el teleférico que se colocó en Camboriú. Ellos dicen que es factible hacer uno aquí uniendo el cerro Ñemby con el cerrito que está aquí a 2 kilómetros, lo que sería una obra que generaría un gran movimiento turístico para la ciudad y la zona toda”, comentó.
Lanzoni dice que los eventos que se vienen realizando, como el vía crucis de Semana Santa o el lazo rosa gigante que reunió a más de 2 mil mujeres, son parte de un programa de empoderamiento de la gente en el lugar. Resalta para el caso el reconocimiento que le hiciera la Universidad de Florida, sita en Miami, que consideró a Ñemby entre las 5 mejores prácticas de empoderamiento ciudadano.
Céspedes tiene sus críticas: “Valoramos la iniciativa de la Navidad, pero no compartimos que se le cobre a la gente humilde que toda la vida luchó por la recuperación y ahora tiene que pagar entrada a estos eventos”.
La ciudadanía sigue esperando la parquización de las 72 hectáreas, donde incluso se pensó la construcción de un anfiteatro y miradores.
 Indemnizaciones
“No nos indemnizaron”, se queja Céspedes, señalando que la Fiscalía relevó datos del daño directo que la escuela San Pedro y San Pablo, que está apenas a 400 metros del cerro, recibió a raíz de las explosiones de la dinamita en las canteras que se producían hasta tres veces por día, generando grietas por el temblor en sus paredes.
“El municipio jamás se hizo cargo de los afectados, ni decir la empresa”, agrega, recordando que son centenares los vecinos de Los Naranjos, San Miguel, Florida y Caaguazú que tuvieron agujeros en sus techos, grietas en las paredes, afectaciones varias como los suelos carcomidos por el enorme volumen de agua que los explotadores bombeaban para que no se les inundara la veta.
Hay una carpeta que se inició en el 2012 ante la Fiscalía del Ambiente, que todavía no tiene resolución. “A pesar de ello, seguimos adelante y rememoramos las cosas que fuimos pasando en la lucha; lo que criticamos es al intendente Lanzoni, quien nos prohibió la entrada. Al reclamar, fuimos condenados y apartados de los proyectos”, expone Ceśpedes, quien fue uno de los pioneros de los grupos que apadrinó el sacerdote Pablo Giménez allá en el 2007, cuando comenzó la pelea final.
  Los barrios crecieron al costado de la cantera, que en principio quitó piedras para exportar a la Argentina, pero que luego comenzó a utilizarse en los pavimentos de la capital y de las ciudades que hacen la Gran Asunción. Mucha de la gente que allí vive, trabajó en la cantera.


Paisaje y humanidad
Hombres y mujeres, desde que son tales, subieron a las alturas para experimentar, para la ofrenda, la perspectiva de la inmensidad apareciendo ante los ojos.
Así, los guaraníes en aquella Cordillera del Ybytypanemá de la que Ñemby es parte con sus hermanos los cerros Lambaré, Tacumbú, Kôi y Patiño.
Hoy tiene 169 metros sobre el nivel del mar, aunque se cree que su cima estaba a más de 200.
Cuando lo vemos de arriba, con su herida que lo divide en dos, se entiende que se paró a tiempo, que la lucha tuvo el sentido de cuidar un patrimonio, una porción del paraíso que supo ser toda la zona.
Con la mayoría de sus arroyos contaminados, Ñemby, que fuera ciudad balnearia por excelencia, tiene en el cerro una oportunidad de redimirse de tanto daño.
  Allí aparece curioso un yryvu, más arriba ronda un par de kara kara y sus sombras se proyectan en las paredes grises y blancas que parecen pintadas por un plástico moderno de paleta sideral.
Las nubes enmarcan la cima y ayudan al silencio.
Arturo está mirando la inmensidad, vino con su grupo para hacer los preparativos del espectáculo de la noche, en el que dan vida a conocidos personajes de dibujos animados de la TV para entretener a los niños y, por qué no, a los padres.
Se acercó curioso a ver cómo se fotografiaba esta crónica.
Sus ojos buscan seguir las escenas que ilustran esta página.
Calla por un momento después del último cierre del diafragma de la cámara.
“¡Es lindo acá!”, dice suspirando.
Ciudad Navidad

 
Los viernes 13 y 20, así como los sábados 14 y 21, con conciertos en agenda, las entradas al evento Ciudad Navidad tendrán un costo de 25.000 guaraníes.
Los recitales dispondrán de un área VIP, con asiento frente al escenario, al precio de G. 50.000.
Uno de los principales atractivos de Ciudad Navidad consiste en una cascada artificial de 50 metros de altura emanada desde el cerro Ñemby.
Entre otras actividades previstas, se hará la presentación del pesebre viviente, árbol navideño gigante, shows en vivo, espacios temáticos y paseo gastronómico.
El pesebre viviente gigante será una réplica de la ciudad de Belén, donde participarán 20 actores, dirigidos por Miguel Rodas, siguiendo la visión de los realizadores Juan Carlos Maneglia y Tana Schémbori, quienes recrearán el nacimiento de Jesús en 45 minutos, de lunes a viernes, a las 21:00.

Jorge Zárate
Fotos de Nadia Monges y Pánfilo Leguizamón

10 de diciembre de 2019

Lago Ypacaray: Una postal del país que necesita recuperarse

  Ya no puede ser usado como balneario, sigue mostrando valores de contaminación muy graves y las obras para atacar las causales se hacen esperar. Entre tanto, sufre una de las bajantes más grandes de la historia que obliga a tomar recaudos para que siga teniendo agua. 

Sus aguas son negras, parduscas y a causa de la sequía los valores de contaminación del Lago Ypacarai son de los más altos de su historia. Es algo que se percibe cuando el pequeño oleaje hace bambolear una espuma verde junto a la orilla en la playa de Areguá.
Así lo confirmaron estudios que se presentaron entre el 3 y el 6 de diciembre pasados en la Semana de la Ciencia del Centro Multidisciplinario de Investigación Tecnológica (Cemit).
Allí el microbiólogo Gilberto Benítez explicó que básicamente, la cantidad de fósforos, nitrógeno y nutrientes, sumadas al intenso sol de la temporada hacen al desarrollo de las algas (cianobacterias) y a la multiplicación de los valores tóxicos en el agua.
Según explicó “la turbidez del agua impide la floración de las cianobacterias”, aunque expuso que apenas exista un poco de claridad en la superficie, debido a eventuales lluvias, es posible que el Lago vuelva a darnos el color verde de cada verano.
El problema "vino a quedarse"
Jefe del laboratorio de Hidrobiología del Cemit, Benítez, indicó que este problema “vino a quedarse”, en el sentido de que las cianobacterias están depositadas en el lecho y si tienen los nutrientes, fósforoy nitrógeno, principalmente, se volverán a desarrollar apenas se den las condiciones de temperatura necesarias.
- ¿La bajante hizo que esté en su máxima contaminación?, le preguntó La Nación.
- No, es de una contaminación frecuente, hubieron épocas en que los picos se dispararon mucho más, aunque si la sequía hace que se concentren ciertos elementos.
Benítez dice que desde este año, con la financiación de la Binacional Itaipú se hará un monitoreo de 14 puntos del Lago y su cuenca que ayudarán a detectar dónde se dan los focos más importantes de contaminación
En estos días se conocerán los analisis de los coliformes fecales presentes en el agua y se estima que los valores serán prohibitivos para que se puedan usar los balnearios, para que se puedan hacer deportes acuáticos inclusive.
Es archisabido que la clave para revertir el cuadro de contaminación del Lago está en eliminar las fuentes de contaminación que son variadas, industriales, principalmente curtiembres; agrícola ganaderas, las aguas que arrastran la materia fecal de vacas, caballos, etc y los agroquímicos, y; la mayor de todas, las clocacas domiciliarias.
En un 80% se contamina por cloacas y en un 20% por industrias y lo agricolaganadero, y todo ingresa por los humedales del Arroyo Yukyry de acuerdo a los estudios técnicos.

Promesas y deseos
Suenan grillos de fondo cuando se recuerda que estaba previsto para este fin de año que se llame a licitación en Ypacaraí, Itauguá y Luque para concretar alcantarillados sanitarios y en esta última inclusive se proyectaba una planta de tratamiento de liquidos clocacales en la vera del Río Salado. También la idea era legar al 2021 con los alcantarillados de Capiatá y San Bernardino completados a totalidad.
Igual, un trabajo mínimo se ha hecho, pero el desarrollo, la presión demográfica sobre la cuenca es cada vez mayor. Hay más gente, hace más cosas, como por ejemplo lavar autos, los jabones que se usan tienen fósforo, el alimento de las cianobacterias.
Para el hidrógolo Elías Díaz Peña, “lo esencial es detener la destrucción de los bosques y humedales de su cuenca; que son invadidos por urbanizaciones y al mismo tiempo trabajar en la restauración de los ecosistemas destruidos y también detener el vertido de efluentes cloacales e industriales”, cuestiones que se vienen advirtiendo en estudios que ya tienen casi dos décadas.
También la deforestación urbana provoca otro fenómeno, la colmatación con arenas del fondo del espejo de agua. Un técnico calculó en más o menos el equivalente a 100 camiones de arena lo que ingresa por cada lluvia grande en el lecho lacustre.
La presión de la especulación inmobiliaria avanza sobre el propio Lago, y ahora, con la sequía y la baja, el proceso se aceleró.
Los humedales, actúan como descontaminantes naturales, pero están siendo secados para lotear terrenos a un ritmo que debería detenerse abruptamente para mantener esta posibilidad de solucionar la suerte del espejo de agua.
De otra forma no habrá manera de que siga entornando noches tibias de plenilunio, al son de la guarania eterna de Demetrio Ortiz.

Las obras
La idea que se tiene para enfrentar la situación de bajante actual es regular la salida de agua para mantener el poco caudal que tiene del espejo de agua. Colocar gaviones, armazones de alambre de acero a la manera de una gran bolsa de piedras, en la desembocadura del Lago en el Río Salado, es la solución que los técnicos buscarán implementar en estos días.
Así coincidieron el Ministerio de Ambiente (Mades) y el Ministerio de Obras Públicas (MOPC) que comenzarán a recuperar el muro existente para después agregar nuevos gaviones como si fueran grandes dientes que dejen pasar el agua en una salida sustentable para el ecosistema de humedales que se desarrolla en el Salado en su carrera hacia el Río Paraguay.
“Evaluación y diseño de un sistema de control hidráulico del nivel de las aguas del lago Ypacaraí”, es el nombre del proyecto próximo a iniciarse. Esta tarea viene a constituirse en un complemento de un trabajo iniciado en el año 95 cuando se colocaron los primeros gaviones en el lugar, comentó Darío Mandelburguer, director de Biodiversidad del Mades.
El técnico explicó que no resulta viable la intención del intendente de San Bernardino, Luis Aguilar (PLRA) de modificar la Ley 5256/16 para hacer un dragado del lago Ypacaraí. Lo basa en que es un Área Silvestre Protegida de 36 mil hectáreas (Ha.) bajo la categoría de Recursos Manejados sobre la que rige una prohibición de realizar cualquier actividad en la zona hasta 2026.
Apuntó que con el dragado, “vas a sacar el lodo y ese pozo se va a volver a llenar con la poca agua que queda y vamos a reducir otra vez el espejo de agua. Lo que tenemos que hacer es una retención de cierto volumen (de agua) y regular ahí como para que tenga un cierto caudal biológico, en el sentido de darle un poco de oxígeno a ese lodo activado ahí”, consideró.

Exclusas en el Salado
“Más allá de estas restricciones es bueno recordar que el lodo no debe quedar dentro del perímetro del Lago porque tiene muchos elementos contaminantes, lo mejor sería excluirlo del territorio, pensamos en la posibilidad de succionar este lodo y su exceso de nutrientes tóxicos y quitarlo hacia una zona de depósito fuera de las costas. Se aspira la tierra negra sin remover la arena del fondo”, explicó.
La desesperante baja del caudal del Ypacarai, se produce según el técnico “no es sólo porque se escurre al Salado, sino porque los tributarios están escasos, nulos o llegan con desechos, es el caso del Yukyry, Arroyo San Lorenzo, etc”, comentó.
“A futuro y con mayor inversión habría que hacer exclusas de navegación en el Salado”, dijo adelantando una solución que está en estudio.

Otra Comisión
La Cámara de Senadores creó la Comisión Nacional de Gestión y Manejo del Lago Ypacaraí un organismo que buscará articular los proyectos de recuperación del curso de agua, según su proyectista el senador Fernando Silva Facetti (PLRA).
El legislador apuntó que “miles de ideas y millones de dólares ya se gastaron en esfuerzos aislados” y que la idea sería concentrarlos y aplicar los más víables, buscando una solución transversal.

Paso Yobai Otro caso crítico
De acuerdo a denuncias ciudadanas es impactante la contaminación del arroyo Gasory, en el distrito de Paso Yobái
“En minutos salía un color rojo luego otro, se nota el componente químico que es lanzado al cauce hídrico, esto luego va formando una vista desagradable”, reportó el portal de Facebook Paso Yobai Noticias.
“La situación se arrastra hace años y las infractoras se aprovechan de lagunas en leyes ambientales, los molinos de oro, arrojan todo tipo de desechos al arroyo tan querido por los lugareños, ante lo que se podría interpretar como inacción por parte de las autoridades correspondientes, por un lado, pero, por el otro, la propia ley es hasta benigna con los infractores”, consideró.
En estos días comenzará una serie de estudios que durarán 4 meses, en los que se tomarán muestras de sedimentos en 12 puntos buscando medir el nivel de mercurio que tienen las aguas, anticipó Mauricio Rodas, coordinador del Proyecto NAP: “Establecimiento de un Plan de Acción Nacional para el sector de Minería Aurífera Artesanal y de Pequeña Escala (MAPE)”
Indicó que la tarea consistirá en analizar las piletas de tratamiento de químicos de 50 molinos auríferos de Paso Yobái.
La preocupación continúa...

Los químicos en el Lago Ypacaray

 



5 de diciembre de 2019

Triple Alianza: Hallaron un navío de la contienda



Uno de los vapores que la Armada Paraguaya utilizó durante la Guerra Grande (1864-1870) fue hallado ayer por un equipo de historiadores en Primero de Marzo, Cordillera, que asistidos por excavadores consiguieron hacer asomar la popa del navío. Fue durante una expedición auspiciada por el gobernador Hugo Fleitas, que de inmediato comunicó el hallazgo a la Secretaría Nacional de Cultura (SNC), pidiendo que se envíen especialistas para la verificación y se apronten las tareas para el rescate posterior.

El buque fue fondeado adrede para impedir el avance de los aliados que venían persiguiendo al Mariscal Francisco Solano López tras la cruenta batalla de Piribebuy en la Campaña de las Cordilleras. El combate ocurrió el 12 de agosto de 1869 y en ese ínterin se dio la orden de López de quemar los vapores y fondearlos para cerrar el paso por el Río Yhaguy.

La Comisión Departamental Sesquicentenario fue la institución que apadrinó la expedición, buscando corroborar los relatos de los lugareños que afirmaban la existencia de un navío en esa área del Yhaguy. La bajante excepcional de los ríos en esta temporada, aportó lo suyo. El gobernador Fleitas dio su respaldo y pudo concretarse un hecho que fue celebrado por los pobladores, que ya comenzaron a reclamar que el barco pase a convertirse en la pieza central de un museo local en Caaguycupé.

Historia y rescate

Perdida la batalla de Piribebuy, López se mudó de Ascurra (Caacupé) hacia Caraguatay acompañado del Primer Cuerpo de su Ejército, a cargo del general Francisco Isidoro Resquín. Un durísimo ataque se registró en la zona de lo que hoy es Primero de Marzo, donde los marinos de los buques resistieron el embate aliado desde el amanecer del 18 de agosto de 1869 hasta casi el atardecer, de acuerdo al reporte histórico. Ya después, los aliados llegaron a Caraguatay donde ante la superioridad numérica del enemigo se ordenó quemar y hundir las naves.

En distintos lugares del país se encuentran todavía navíos hundidos, de acuerdo a lo informado por la Comisión Nacional de Puesta en Valor y Recuperación del Patrimonio Tangible de la Historia del Paraguay, presidida por el senador Pedro Santa Cruz. “Tenemos identificados ocho buques que están hundidos entre el río Manduvirá y el río Paraguay que fueron de la Guerra del 70”, recordó el legislador indicando que se buscará la manera de rescatarlos.
Jorge Zárate

21 de octubre de 2019

Fidel Fernández: "“Salir del país me ayudó a mirar más hacia adentro”

Sus pinturas espejan la vida nacional y en la contemplación llevan a reflexionar sobre la injusticia social, el color de fondo omnipresente. También grabador, escultor y muralista, Fidel Fernández, chaqueño por adopción, es dueño de una obra original por los significados, los detalles de sus cuadros que construyen el tiempo de la observación, la integración del espectador a la escena, algo que aprendió en el campo. 
“Vivimos en estancias del Chaco por 4 o 5 años, la escuela estaba en la casa de una persona en uno de los cascos y después hice una escuela plurigrado en otro lugar, después vivi­mos un tiempo en Carape­guá, también en estancia”, dice Fidel Fernández, este artista plástico autodidacta que viene atrayendo la aten­ción de coleccionistas de todo el mundo.
Nacido en San Juan de Ñeem­bucú, “sobre la antigua Ruta 4ª que quedó prácticamente aislada”, tiene una especial consideración con los “ani­malitos”, sonríe como niño ante el canto de los pájaros, el follaje crepitando al paso de un teju, allí en su bosque personal en Cerrito.
Rescató cuatro loritos de un fabuloso verde claro cuyo nido se cayó en una tormenta. “Dos se fueron y estos dos se quedaron, los tuve que ali­mentar con jeringa, crecie­ron lindos pero el más chiqui­tito no puede volar”, cuenta mientras los miramos en la jaula que les construyó. Ase­gura que los libres vienen a visitar a sus “hermanitos” al menos una vez a la semana.
También dos tortugas de agua y cuatro perros que lo cuidan. “Son perros de la calle, ésta –dice señalando a la mayor– estaba embarazada y la tiraron, tuvo siete crías y ubicamos todas. A la otra la encontramos con caracha y ya ves lo linda que está”, dice y pasa la guampa de tereré.
El camino a la pintura
- ¿Cómo llegaste a la pintura?
–Más bien por mi forma de ser, era un chico muy introvertido y en la escuela comencé a dibujar, pintando sobre teja, después madera, autos y esa onda, motos. Después me dediqué más a la lec­tura, que al final me lleva a lo que es esa corriente hacia lo social, las personas, todo eso. Mucha literatura, sobre todo paraguaya, allí me enfo­qué en las pequeñas historias dentro de la historia misma. Tomaba una temática como la fundación de Asunción y dentro de eso yo hacía como una escena fabulosa más o menos de la historia, no una escena real, imaginaba y daba una lectura libre.
En ese primer abordaje sur­gen las escenas de la guerra del Chaco, la Triple Alianza, el trabajo de los mensú, el 47, la época de la dictadura de Stroessner “y después en la última parte hice lo más contemporáneo”. Mi pri­mera obra de esa serie fue la del semáforo, en el 2008. Luego Cateura, el campo, la tierra, y el tema del avance de la producción del agronego­cio. Esas fueron tres obras de la serie “Historia y antihisto­rias” que la titulé así basán­dome en Mario Halley Mora, “‘Cuentos y anticuentos’, así comencé”, refiere.
“Las cosas que se te quedan de chico las vas desarro­llando de grande”, expone después haciendo entender sus vueltas a la vida en el Chaco profundo.
Su bella casa con un corre­dor jere con mosquitero a la vuelta, como en las estancias.
Un lugar donde encontrar el fresco bajo la sombra de los árboles, el sonoro correr de un arroyo a metros de donde conversa con La Nación.
“Esa calle hice todo con carretilla, en un año terminé, son como 15 tumbas de los doble eje los que descarga­mos. Hay unos cuantos puen­tecitos que también hice. En un año hicimos la casa entre dos, yo soy albañil…”, dice orgulloso.

Trabajando con las hormigas
En el patio hay dos takuru. “Me gusta hacer una imagen de esto. Las hormigas tra­bajan después de la lluvia y agrandan su casa, ese más grande tiene entre 10 y 12 años”, comenta de la mate­ria con la que encara escul­turas sorprendentes.
Después revela el origen: “Se los dábamos a las gallinas, buscábamos en el campo y veníamos y rompíamos con mazo y le dábamos las larvas a los pollitos y crecían rapidí­simo”, cuenta.
“Hay que sacarlo cuando está bien seco, es como si fuera una piedra. Los quito con las hor­migas, pero están ahí, des­pués van abandonando, van dejando poco a poco… Aun­que alguna vez sería intere­sante hacerlo donde están. Una vez hice uno de un bebé y lo dejé unos días, después vino una lluvia y comenzaron a trabajar sobre él… reintervi­nieron la obra… el trabajo de ellas es una cosa de locos…”, se admira.
La serie de takuru de la dicta­dura es brutal, un Montanaro derruido, el busto de Stroess­ner montado sobre huesos. El primero ganó en el 2010 el premio del concurso del Cen­tro Cultural Paraguayo Ame­ricano (CCPA).
“Le pegué unas pilas con azúcar quemada, y se que­daron bien duras. Lo tomé de la crema de mi mamá que hacía la crema con el azúcar, con el caramelo, que era durí­simo… En el arte está todo ya explorado, así que dentro de eso hay que buscar esa origi­nalidad”, propone. 

De cuadros y Fletes
Fidel tiene un temple espe­cial, la plástica no fue un camino fácil, sin embargo, era el camino. Lo comenzó a saber a partir de su mues­tra consagratoria en el 2009 en El Cabildo. “A partir de ahí tuve más posibilidades de participar de concursos, lo que me ayudó muchísimo y así poco a poco fui presen­tando mis cosas”.
Entonces hay como un cres­cendo en el canto de los pája­ros, en la arboleda que filtra el sol, que llama a un pequeño silencio, ese que ayuda a bucear en la memoria.
“Trabajaba en albañilería y cada vez que llovía, que no se podía trabajar, aprovechaba para pintar”.
También había vivido con una señora que en ese momento tenía 85/90 años, hace poco falleció con 103 años, a la que cuidaba.
Ella me había contado cosas de la Guerra del Chaco como el tema de hervir la suela del calzado, situaciones que le iba contando su marido. “Modifi­qué un poco la idea pintando un soldado con cara de ham­bre asando su calzado, busqué un concepto para que se pueda comprender porque lo real era que hervían la suela”, explica.
Esa primera pintura tuvo un azaroso viaje a la exposición del 2005 del CCPA, también debut del arte de Fernández para el gran público. “No manejaba las dimensiones, así que hice un cuadro muy grande. Para llevarlo fue difí­cil, vino un amigo verdulero de la zona de San Lorenzo y le pedí que me lo lleve”.
Quedó descalificada por ser muy grande, entonces le pedí a los organizado­res que la dejen para que se vea, aunque sea fuera de concurso y se quedó ahí porque no tenía cómo traerla y el jurado me dio un reconocimiento. Me acuerdo que el gran escultor Herman Guggiari estaba de jurado… Eso me ayudó bastante, fue lo que más me marcó”, evoca.

Una puerta al mundo
Ese espaldarazo le abrió una puerta al mundo, comen­zando por España, a la que llegó en el marco de un pro­yecto de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) en una semana con otros 5 artistas latinoame­ricanos a visitar museos en Sevilla, Toledo.
“Lugares históricos como el Museo del Prado, las obras que pude apreciar allí me die­ron otra visión. Francisco Goya, las escenas de su época oscura, famosa la del perro; el Greco, impresionante, esas son las que más me gustaron, también Diego Velázquez”.
Fidel ganaría luego el Pre­mio Matisse 2012 y consoli­daría su obra, cuadros gran­des, verdaderas postales, reportes gráficos, grabados de época, un estilo que com­bina vertientes de la gráfica y una paleta fabulosa de colo­res paraguayos.
“Salir me ayudó a mirar más hacia adentro. Este lugar es lo que es mi lugar, me hace man­tener más fuerte el arraigo… Viajo y de todos los lugares, el lugar donde vivo es donde me corresponde”, afirma.
“Así fui conociendo gente, después vinieron artistas argentinos de la zona de Corrientes, Fernando Cal­zoni, que organizaba even­tos de esgrafiado, que en un tiempo se hizo bastante por Asunción, que es una técnica con cemento en capas que se van cortando. Con ellos viajé a San Cosme, Corrien­tes, al evento ‘Arte por tie­rra’, un proyecto para com­prar un terreno que querían para su taller en el pueblo. Era un encuentro de muralistas con gente de diferentes países que va haciendo un museo a cielo abierto en la ciudad. Me fui dos años consecutivos ”, recuerda.
“Allí conocí a gente, mura­listas de Chile, la Brigada Ramona Parra, y también a gente de Mendoza. También me fui a México y me invi­taron a ir a El Salvador pero ya no pude ir; después ya no quería viajar más, quería que­darme a trabajar aquí”, dice señalando su espacio.
“Nos fuimos a Nezahualco­yotl donde pinté murales, una ciudad donde los nego­cios están pintados a mano como si fuera la filigrana de los fileteados de los porte­ños, tienen un estilo pare­cido y hacen los carteles con esa onda, ¡se hace todavía a mano! Aquí cuando entró el ploteado, todos los negocios se hacen con eso y se des­plazó la cartelería a mano”, reflexiona.
Fidel nunca pintó un mural en el país, un contrasentido, pero bueno, se podría recordarles a los gestores públicos de la cul­tura que tiene uno gigante en Mendoza, Argentina.
“Sí, era un homenaje a los escritores latinoamericanos y a mí me tocó Ernesto Car­denal, que hice por un mono­block”.
–A propósito de los carte­les a mano, ¿hiciste car­telería?
–También hice, de todo, hasta pasacalles hice. “Se vende Chancho”, hice hace poco para una vecina que me pidió para la Navidad del año pasado. Ajapo, hasta ahora sigo haciendo.


Un ciclista obstinado
Fidel tiene 35 años y reco­noce haber comenzado a los 22 años en la pintura. “Era complicado el tema familiar, a esa edad en serio me enfo­qué en esto. Era como una forma de decirme que estaba perdiendo el tiempo. Siempre le dije a mi mamá, siempre me toleraron”.
–Te apoyaron entonces…
–Tolerar, no apoyar… y era un gesto como decir bueno, le gusta a él, le gusta eso.
La pedaleó entonces, como siempre, este ciclista obs­tinado que tiene una colec­ción envidiable de bicicletas. Máquinas, su pasión.
“Hacía changas, esa era mi forma de obtener recursos, llegué a vender las plante­ras de mi mamá, quité todo el aluminio de las macetas y cambié por tarros de pin­tura y con eso compré para mis materiales. Hendy era antes…
Después comenzó a ven­der sus cuadros y las cosas comenzaron a cambiar.
“Le conocí a una persona. Fue en un evento cuando Evanhy era ministra de Turismo. Le invitaban a la gente de las comunidades, el tipo que es el intendente de Benjamín Aceval ahora me invitó, era gente cuando eso, llevé el cuadro y después para traer era problema, enton­ces le pedí a una persona para dejar ahí y después si en algún momento se vende le iba a dar un porcentaje. Dejé sin expectativa. Y allí se fue un alemán, que hace 35 años que está en el Para­guay, el señor Burkhard Wit­tkowski ve la obra. La de la Guerra del Chaco. Entonces le llama la atención y compra esa primera obra y me llama y me pregunta que hacía. A mí siempre me gustó lo fan­tástico, lo alegórico, todo eso.
 Había sido que es coleccio­nista de arte, entonces le explico a lo que apuntaba.
Le dije que me gustaba lo histórico, pero dentro de un contexto más social, más de pueblo, más de lo que la gente creía, ¿verdad? No lo que pasó realmente, sino lo que la gente cree que paso…
Entonces me dijo seguí haciendo y cuando tengas, traeme foto y te compro.
Después de tres meses le llevé una foto y le convenció y me apoya.
Trabajamos años juntos. Unos 12 años estuve con él e hicimos 4 o 5 muestras jun­tos.
Desde hace 3 años nos sepa­ramos.
“A través de él yo vendía, me ayudó bastante”, reconoce.
Los cuadros comenzaron a viajar.
“Particularmente, vendo por aquí, a gente del país, también extranjeros. A un tipo de Corrientes le vendí, se llama Juan Carlos, abo­gado que trabajaba con lo que era el Casino Asun­ción sobre España. Vio una obra y le gustó. Es más gente extranjera la que valora”, comenta Fidel.
El precio de su obra comenzó a crecer hasta rondar hoy en día cotizaciones de hasta 10 mil dólares por uno de los cuadros de gran formato.
Sabe el pintor que esto lo aleja un poco del gran público, pero está traba­jando en ello.
“Tengo obras para el año que viene que quiero hacer una expo de grabados”.
Una serie en la que incor­pora al humor gráfico en el código del “Cabichuí”, obra fundante de la gráfica nacio­nal, célebres frases en gua­raní, idioma fuerte en sus “malas palabras”.
Estos serán más económi­cos y estarán al alcance de la gente, esa a la que gusta de visitar montado en una de sus bicis. “Sabés que cuando fui a Francia hice coincidir mi viaje con el Tour de France (la carrera de bicicletas más afamada del mundo). ¡Fue espectacular!”, dice el pintor, albañil y velocista del pedal.
“Me golpeé mil veces, me rompí dientes, pero es la pasión”, cuenta sonriente.
Arte para el pueblo
Fidel Fernández pedalea por su pueblo y para en cada lugar, una carnicería, una bodega, una ferretería, un almacén. “Tengo necesidad de ver la gente”, comenta.
En una de esas idas mira las paredes y le pinta una idea.
Piensa el proyecto APP (Arte Para el Pueblo), uno que llevó los cuadros y fotografías de 10 artistas de la zona de Benjamín Aceval a exhibirse rotativamente en 10 locales comerciales hasta el 31 de diciembre próximo.
Antonella Meister (pintura), Nicolás Riquelme (dibujo), Reinaldo Giménez (fotografía), Ariel Mencia (pintura), Lorenzo Escobar (pintura), Ramón Torres (pintura qom), Fausto Irala (pintura), Fidel Fernández (pintura), Luis Ayala (pintura). Sus obras se verán en la Despensa Noelia, Ferretería Achucarro e Hijos, Autoservice y Parador Vago, Despensa Dos Hermanas, Carnicería Don Neneco, Impresiones Pancho Torres, Comedor Il Napoletano, Bodega Lekaya, Almacén LM y Despensa Eduardo Ale.
Pasen y vean.
Jorge Zárate 
Fotos Nadia Monges, pinturas, grabados y esculturas de Fidel Fernández.
Click aquí para ver nota orginal y galería de obras en La Nación