21 de diciembre de 2018

Rosa Grilo, la última testigo de un crimen de estado en Napalpí


Rosa Grilo, la última testigo de un crimen de estado. Foto Chaco TV/Digital
En algún lugar del fondo de sus ojos centenarios aparece el dolor sin medida, el de ver morir a los suyos, indefensos, engañados, bombardeados por un avión de la Fuerza Aérea Argentina en la que se conoce hoy como la Masacre de Napalpí.
“Se asusta uno, porque parece que está viniendo [el avión], por eso no quiero hablar de la matanza. Ya pasó, ya pasó. La gente que murió, criaturitas como estas [señala a una niña] las mataban. Le largaron la bomba”, cuenta Rosa Grilo, indígena Qom, quizá la última sobreviviente de un acto de terrorismo de estado, un delito de lesa humanidad ocurrido en Napalpí, una reducción indígena del estado en la hoy provincia del Chaco, Argentina, distante a 148 kilómetros de su capital Resistencia.
Fue el 19 de julio de 1924, cuando ante la súper explotación laboral los Qom realizaron una huelga de brazos caídos que impedía la cosecha del algodón, hecho que generó la reacción más brutal posible.
Una protesta laboral lógica, ya que cobraban en vales de escaso poder de compra que administraba leoninamente el almacenero de turno.
La reducción tenía mil habitantes y se estima que unos 500 murieron en la masacre perpetrada con bombas o granadas desde un avión, con fusiles Winchester contra alguna que otra lanza y arqueros que no podían ofrecer combate.
Algunos indígenas mal heridos fueron rematados a machete por la policía y grupos civiles armados que respondían al gobernador del territorio chaqueño, Fernando Centeno
Ahora, con este testimonio tomado y registrado en video el 27 de noviembre pasado, el fiscal en derechos humanos Diego Vigay quiere abrir una causa en la justicia del Chaco antes de que concluya el año. El testimonio de Rosa permitirá avanzar y eventualmente condenar al estado a la reparación material a los sobrevivientes, a su descendencia, al pueblo todo.
Los recuerdos de la anciana de entre 100 y 105 años, no se conoce su edad con precisión, hacen entender que el plan fue macabro. Sobrevolar un descampado y arrojar allí comida para la gente a la que se le habían cortado los suministros a causa de la protesta.
Una vez congregados a buscar las raciones que habían caído desde el aire, el vuelo traidor del avión regresó con bombas o granadas para causar una masacre que fue silenciada, oculta por décadas, por la historia oficial, por los sucesivos gobiernos.
Se dijo en la prensa que fue un enfrentamiento entre los Qom y los Whichi y que la policía sólo acudió a poner orden y así repitió la prensa patronal y nadie preguntó mucho.
Así lo cuenta Rosa: “Pensaban que era mercadería. Y dice mi abuelito: ‘No vayan, porque ese está llevando la bomba, vamos a huir. Fue la gente a buscar la mercadería, y cuando están todos juntos largan la bomba. Los que buscaron murieron, nosotros nos salvamos porque mi abuelito no quería que fuéramos, había criaturas. Ellos escaparon, mi abuelito, mi abuelita, mi mamá. Menos mi papá, a él lo agarraron porque quedó ahí. Y nos quedamos en el monte y mi abuelito fue a buscar a no sé dónde para poder comer”, recuerda.
“Sufrimos hambre, comemos algarrobo, algunos no creen, abuelito sacaba los cardos del monte y ponía en una jarra y eso tomábamos” para no tener sed, agrega en la entrevista que filmó Chaco TV/Digital.

Develando
Vale mencionar la voz valiente de Enrique Lynch Arribálzaga: “La matanza de indios por la policía del Chaco continúa en Napalpí y sus alrededores. Parece que los criminales se hubieran propuesto eliminar a todos los que se hallaron presentes en la carnicería del 19 de julio (...), para que no puedan servir de testigos”, escribió en carta al Congreso dejando sentada unas líneas por la verdad en el mismo año de la Masacre. La oposición socialista pidió una investigación que el gobierno del radical Marcelo Torcuato de Alvear jamás emprendió.
Pasaron casi 100 años para que la verdad salga a flote.
El testimonio de Rosa, se suma al de Melitona Enrique, sus hijos y otros sobrevivientes que describieron aquel horror como Pedro Balquinta.
La entrevista que le realizaron en su domicilio, ubicado en el Paraje rural el Martillo del Lote 40, en el departamento de 25 de Mayo de la provincia del Chaco, ya hace parte de la investigación sobre la Masacre de Napalpí como un crimen de Lesa Humanidad. Causa en la que intervienen los fiscales generales Federico Carniel y Carlos Amad , el fiscal federal Patricio Sabadini y el fiscal ad hoc el ya mencionado Vigay.
El acta de apertura de la investigación expresó “creemos necesaria la búsqueda de la verdad y el ejercicio de la memoria histórica para que los hechos de violencia no se repitan, para establecer el por qué, cuándo y cómo se consumaron los hechos y saber quiénes son los máximos responsables y cuál es el origen y las motivaciones económicas, políticas o sociales que han conducido a su ejecución; para que se conozca públicamente el contenido integral de esta historia de horror y que se reconozca socialmente a las víctimas. La reparación debe contener la recuperación de la memoria histórica, la difusión pública y completa de la verdad de los crímenes perpetrados y la dignificación de las víctimas”.
En la causa, según reportó la Fiscalía, “se incorporaron un cúmulo de trabajos de investigación realizados sobre la Reducción y la Masacre de Napalpi y el Genocidio Indígena, recortes periodísticos de la época, legajos de efectivos de la Policía Nacional de Territorios Nacionales y los informes y documentación del Ministerio del Interior y de Defensa de la Nación, del Archivo del Congreso Nacional, del Archivo Histórico del Chaco, del Superior Tribunal del Chaco y del Aeroclub Chaco”.
Con el testimonio de Rosa se dió por concluída la investigación y la Fiscalía “requerirá antes de la Feria Judicial a la Jueza Zunilda Niremperger, la apertura de un juicio por la verdad- al no existir imputados con vida -, con la pretensión de que sea oral y público y con el objetivo de que se dicte una sentencia que reconstruya la Verdad de lo sucedido, con un sentido de reparación histórica a los pueblos indígenas víctimas”, indicó el Ministerio Público. 
Integrantes del Equipo Argentino de Antropología inspeccionaron el sitio de la Masacre en octubre pasado y esperan la orden de la jueza para comenzar a excavar en cuatro fosas comunes que se sabe existen en el lugar.
Quedan sonando las palabras de Rosa, a veces en Qom traducida por el historiador Juan Chico, a veces en castellano de este registro tomado por la Dirección de Cine y Espacio Audiovisual (DCEA) que tendrá valor histórico:
Yo era niña, pero no tan chica, por eso recuerdo. Cuando la reducción, mi abuelo cazaba cualquier bichito para rebuscarse. Es muy triste para mí porque mataron a mi papá y casi no me quiero acordar, porque me hace doler el corazón. Un avión de arriba tiraba bolsas y caían al piso y ahí los mataban. Mi abuelo y mi mamá gritaban disparemos, disparemos. No sé por qué mataron a muchos niños y grandes, fue mucho el sufrimiento", contó.
Nosotros disparamos en el monte porque queríamos vivir. Ahí comíamos algarrobo y cualquier fruto de los árboles y tomábamos agua de los cardos. Mi mama me contó que lo mataron a mi papá. No quiero ver que se repita. Duelen estas cosas. Cómo uno no va sentir la familia. Mi abuelo se llamó Francisco Grilo y mi mama Antonia Grilo. Nunca se habló de lo que pasó, recién ahora se habla", dijo.
Rosa, que tuvo 13 hijos, continúa trabajando cosiendo mosquiteros, imprescindibles en el verano del campo chaqueño a la hora de dormir por las noches: “El que necesite mosquitero que venga a comprar acá...”, dice en una entrevista en la que se la ve tomando un vaso de vino. Uno de sus nietos la pasea en la moto. “¡Más vale!, si querés te doy una vuelta aquí en mi casa... estoy muy sana... Si tengo hambre tengo para alimentarme con mis pollos, chancho, tengo mi vasito para el vino... Pido al señor que me dé más años”, va contando.
“La quiero ver a Cristina (Fernández, la ex presidenta de Argentina)... demasiado le quiero ver porque ella ayudó mucho a la gente acá, con el sueldito con todo”, dice a la cámara como último pedido. 

El avión utilizado durante la masacre de Napalpí, foto del equipo del etnólogo alemán Lehmann Nitsche. Los hombres portan fusiles Winchester. Giordano y Reyero, Visibilidades e invisibilidades en torno a la Matanza indígena de Napalpí (Chaco, Argentina). La fotografía como artificio de amistad, p. 92



Un trabajo esencial
La investigadora Mariana Giordano jugó un papel clave en este proceso que comenzó en el año 2014, por iniciativa de la Unidad de Derechos Humanos de la Fiscalía Federal del Chaco. Le tocó declarar en febrero de 2016 y allí presentó su análisis de las 14 imágenes tomadas por el antropólogo Robert Lehmann Nitsche el día de la masacre, que se encuentran en el Instituto Iberoamericano de Berlin (IAI). Una de esas imágenes “muestra un avión con el piloto en la cabina sobre el que se distingue la inscripción ‘2 Chaco’ y delante de él funcionarios, policías con fusiles Winchester y el mismo Lehmann Nitsche, además de vecinos criollos y, en un segundo plano, los indígenas que no se adhirieron a la huelga”, comentó.
Investigadora principal del CONICET en el Instituto de Investigaciones Geohistóricas (IIGHI, CONICET – UNNE), Mariana Giordano prestó declaración y describió el rol que tuvo la fotografía en la construcción de representaciones del “control” y la “mansedumbre” de las comunidades indígenas y en la justificación de los proyectos estatales de expropiación de tierras y explotación laboral. En su tesis doctoral “Discurso e Imagen sobre el indígena chaqueño” del año 2000, se refiere a la manipulación discursiva de la prensa hegemónica que, en consonancia con el discurso oficial, que presentó este suceso como un levantamiento y un enfrentamiento entre grupos tobas y mocovíes.

Devolución
El pasado 12 de diciembre, el gobernador del Chaco, Domingo Peppo recibió las urnas que contienen los restos de nueve integrantes del pueblo Qom que fueron fusilados en el siglo XIX y que se encontraban en la Universidad de La Plata. “Esto es una señal más hacia la búsqueda de justicia y reivindicación de nuestros pueblos originarios”, expuso anunciando que descansarán en un monumento en Napalpí. Destacó el trabajo de la Fundación Napalpí y de su presidente Juan Chico, que realizó el reclamo durante el primer Seminario de Reflexión sobre el Genocidio Indígena, en julio de 2017.
Los cuerpos pertenecen a indígenas chaqueños que fueron fusilados entre el año 1880 y 1890, en lo que se conoce históricamente como la “Campaña del Chaco” o “Campaña del Desierto Verde”.
Ahí adentro hay huesos de quienes fueron hombres y mujeres que fueron asesinados por el Estado en ese momento. Imagínense la connotación que tiene eso en nuestros tiempos...Esto debe permanecer en la memoria y la justicia, fundamental para reivindicar a nuestros pueblos originarios”, apuntó Peppo indicando que el memorial ayudará a que “los ciudadanos sepan que ahí hay personas que entregaron la vida por su tierra, que en definitiva fue entregar la vida por su patria grande, la nación indígena”.

Jorge Zárate
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