11 de julio de 2022

A 61 años del voto femenino sigue la pelea por la paridad

  

Hoy es inimaginable pensar un mundo con mujeres sin derechos políticos pero existió y no hace tanto. La lucha por la igualdad sin embargo se prolonga a nuestros días en que las mujeres buscan que las candidaturas se repartan en mitades con los hombres, como debería ser desde siempre. Aquí una revista por la historia y la actualidad.

 

“Los extranjeros pueden votar y las mujeres no”, decían los volantes que repartía la dirigente colorada Mercedes Sandoval en la calle Palma. Corrían los años duros de la dictadura de Alfredo Stroessner, y las luchas de las sufragistas paraguayas llevaban décadas sin conseguir la consagración del voto femenino.

En 1960 se dio la visita de Graciela Quan Valenzuela, presidenta de la Comisión Interamericana de Mujeres de la Organización de Estados Americanos (OEA) que respaldó una movilización de la Liga Paraguaya Pro-Derechos de la Mujer.

Esa presión internacional, la necesidad de legitimarse por parte de la dictadura, extrañas coincidencias políticas y sociales provocaron que el 6 de julio de 1961 finalmente se aprobara el voto femenino en el país. 

Mary Monte
 Entre 1961 y 1962, se habían legalizado nominalmente los partidos políticos opositores, siendo que la Asociación Nacional Republicana - Partido Colorado (ANR-PC) gobernaba como partido único desde 1947. Fue así que el Movimiento Renovación (MR) del Partido Liberal presentó la candidatura presidencial de Ernesto Gavilán en las elecciones de 1963 con lo que de alguna manera se legitimó el régimen, que después se hizo reelegir de manera fraudulenta hasta su caída en febrero de 1989.

“¡Fuimos el último país de América en tener el voto!. Para Stroessner ya era insoportable la situación”, apunta Line Bareiro, politóloga que entre los años 2011/14, fue la primera paraguaya en integrar el Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer de la Organización de las Naciones Unidas (Comité CEDAW)

 “Aunque de todas formas el dictador nunca nombró una ministra, ni tampoco hubo mujeres en la Corte Suprema. Estábamos fuera de muchas instancias, aunque si estábamos en la Comisión Interamericana de Mujeres que fue fundamental para que se apruebe la ciudadanía política en toda la región”, recordó.

Junto a Mary Monte y Clyde Soto editaron el recomendado libro “Al fin ciudadanas…” donde la mujer es sujeto de la historia y se cuentan los pormenores de este acceso.

La historiadora Monte recuerda en diálogo con Nación Media que “se aprobó en medio de un debate muy nacionalista en donde en mayoría dijeron se pronunciaron por la afirmativa recordando a las residentas, a la figura de la mujer paraguaya como la reconstructora del país que merecía ser acreedora de este derecho”, dice remitiendo al debate parlamentario citado en el libro.

Ahora trabaja en un nuevo libro de 5 capítulos que analiza la participación femenina en los espacios públicos desde la independencia en adelante, una manera de ir poniendo a la luz pública las luchas de diversas y prominentes mujeres a lo largo de la historia por su reconocimiento político.

“La única prócer que tenemos es Juana de Lara”, recuerda contando el caso de Josefa Facunda Speratti “que le escribe una carta a Pedro Juan Caballero diciendo que su sexo no le dejaba ir al campo de batalla pero daba 25 pesos, que pedía que se le saque del sueldo de Fulgencio Yegros que era su esposo”, dice risueña. 

 “Firma la carta con su propio apellido y luego, en la respuesta, el encargado del tesoro la llama “presidenta”. Así es como vemos éste nominativo, porque era esposa del presidente de la Junta de Gobierno, por primera vez en la historia”, cuenta como anécdota

Pero de aquellas precursoras ejerciendo derechos políticos que comienzan en la Colonia a este presente en que algunas pelean candidaturas presidenciales, una rica historia se desarrolló.

Para Bareiro en la fecha, “celebramos en realidad la ciudadanía política de las mujeres, es el reconocimiento de que somos ciudadanas. Muchas veces nos nombraron así, en 1867, estaban felices de ser nombradas así, pero propiamente comenzaron a buscar la formalización efectiva de los derechos a partir de las argumentaciones de Serafina Dávalos en 1907, en su tesis doctoral, cuando muestra que la Constitución no limitaba de ninguna manera y era solamente una cuestión de Código Electoral”, apuntó. 

“Hay otro elemento que es que fue una causa de América Latina y en 1910 en el Primer Congreso Femenino Internacional de Argentina, ya se hace todo un posicionamiento colectivo de mujeres que estaban de Paraguay, Argentina, Chile y Uruguay”, recordó.

Telémaco Silvera presentó en 1919 el primer proyecto de igualdad civil y política de las mujeres. “Muy cercano a Lisandro Díaz Léon, el liberal que presentó el proyecto del divorcio vincular en ese mismo año”, apunta Bareiro.

En 1936 María Casatti con su periódico “Por la Mujer. Para las mujeres que trabajan y piensan”, establece una tribuna pública pidiendo ampliación de derechos, agrega indicando que en las décadas subsiguientes “se fueron armando organizaciones multipartidarias, coloradas, liberales, febreristas, comunistas, impulsando ese tema del ejercicio de la ciudadanía”.

Line Bareiro
 Paridad

“Somos el penúltimo país de América, sólo Brasil está por debajo del Paraguay”, recuerda Line Bareiro. Los datos oficiales, aportados por el Ministerio de la Mujer, son contundentes. En los últimos años la participación de las mujeres en los cargos electivos pasó del 7 al 16,8 % en el Parlamento Nacional, 12 % de intendentas en las últimas elecciones, 22 % de mujeres en las juntas municipales, 20% en las juntas departamentales y 0 % en las gobernaciones.

“Hace falta aprobar la ley de paridad porque es una obligación del estado paraguayo. El artículo 48 de la CN no deja dudas reforzado por el 117. Esto funciona en 9 países en nuestra región, a los que ahora se está sumando Chile, que tuvo paridad para las recientes elecciones de convencionales constituyentes”.

Para la politóloga, la situación no tendría mayor complejidad en la práctica, si se toma en cuenta el ejemplo de México “donde a pesar de su complejo sistema electoral, de los 500 diputados, 250 son mujeres”.

Así como en su momento fue el voto, hoy la educación sexual, salud reproductiva, la posibilidad del aborto, son algunas de las demandas del movimiento feminista ya que la lucha de la sociedad no se detiene.

Bareiro es prudente: “El problema del Patriarcado es muy complejo, es un sistema muy duro, creo que su peor expresión es el feminicidio y tiene que ver con la idea de decir que en las relaciones personales, “si no sos mía no sos de nadie”, una cuestión muy dura”. 

Igual es optimista en torno a ciertos avances. “Tenemos planes de igualdad que se van discutiendo. Se debate sobre los cuidados, porque se supone que las mujeres deban hacer el trabajo reproductivo y el cuidado, situación que ahora está en debate en torno al reconocimiento y la remuneración. El patriarcado se fue transformando, evidentemente hay cambios sociales, se conquistan las cosas cuando ya es insostenible mantener algo”.

Lo ejemplifica con el caso de la teniente de fragata Carmen Quinteros Giménez que fue castigada con prisión por sus superiores por pedir permiso para amamantar a su hijo. “Debemos avanzar en

normas y acciones, políticas públicas porque todavía hay leyes que discriminan, civiles, laborales, penales, pero éste fue un tema en el que dijimos: “Nos falta revisar las leyes militares y otras como las aduaneras, impositivas, hay que trabajar sobre el conjunto de la legislación”, entiende.

Para apoyar todo considera fundamental involucrar el arte, “que tengamos músicas, canciones, esculturas, pinturas apuntando a que todo tienda a la igualdad y a la condena de un orden jerárquico que excluye y se mantiene violentamente”, expuso.

Jorge Zárate


Una larga lucha

En “Al fin ciudadanas…” de Mary Monte, Line Bareiro y Clyde Soto se cuenta: “Las primeras organizaciones propiamente feministas que conocemos en el Paraguay surgen bajo el influjo del sufragismo, motivadas por la necesidad de dar apoyo a proyectos de ley presentados. Así, se crean el Centro Feminista Paraguayo en 1920 y la Asociación Feminista en 1929. otras organizaciones fueron surgiendo posteriormente, tanto para bregar por los derechos políticos de las mujeres como para acompañar y demandar al siempre accidentado y no pocas veces violento devenir político del Paraguay. En especial podemos recordar a la Unión Femenina del Paraguay de 1936 y a la Unión Democrática de Mujeres de 1946, que fueron polos pluralistas del pensamiento progresista de su tiempo. Y, finalmente, fue la Liga Paraguaya Pro Derechos de la Mujer, creada en 1951, la organización bajo cuyo influjo directo se consiguió, finalmente, la aprobación de la Ley 236 de 1954, que representó un avance en los derechos civiles de las mujeres, así como la Ley 704 de 1961, que consagró la igualdad de los derechos políticos. 

 Ciertamente, las organizaciones sufragistas no lograron de forma inmediata sus objetivos. Sin embargo, consiguieron que cuando finalmente la ley fue aprobada en 1961, no hubiera oposición alguna ante la propuesta, que fue elevada por el propio Poder Ejecutivo. El largo debate, que se trascribe in extenso en el anexo de este libro, es una sucesión de alegatos a favor de la necesidad de que el Paraguay finalmente se integre a la corriente internacional favorable al reconocimiento de derechos políticos a las mujeres. Hasta hubo un tono de orgullo entre los exponentes colorados por haber tenido entre sus filas a muchas de las personalidades que abogaron por el reconocimiento de este derecho. Es decir, casi un siglo se tardó, pero finalmente se logró que a nadie se le ocurriera calificar como “ridícula” la idea de que las mujeres debían gozar de iguales derechos ciudadanos que los hombres. La ley 704 fue un hito culminante, pero no pertenece a un solo sector político en particular. Demasiadas vertientes, esfuerzos, colores y pensamientos estuvieron presentes en el largo proceso que llevó finalmente a la concreción del deseado logro en 1961”, se indica. 

 Cupo

“En 1996 el Código Electoral paraguayo estipuló un 20 por ciento de participación mínimo de mujeres en las listas primigenias de los partidos políticos, a razón de al menos una mujer por cada cinco lugares; es decir, en las listas elaboradas por los sectores internos para postular a elecciones partidarias.

El resultado de esta cuota mínima es también mínimo, y luego de quince años de aplicación continua es absolutamente insuficiente para mejorar y acercar a la paridad el aún escaso porcentaje de mujeres que acceden a cargos electivos de decisión.

Ya en el siglo XXI, han seguido formulándose diversas propuestas para superar la histórica exclusión de las mujeres de las listas partidarias”, comenta el citado libro “Al fin ciudadanas”

Links

https://es.wikipedia.org/wiki/Sufragio_femenino_en_Paraguay

https://www.cde.org.py/wp-content/uploads/2017/02/AL-FIN-CIUDADANAS_2016.pdf

http://www.mujer.gov.py/index.php/noticias/hace-60-anos-las-mujeres-paraguayas-pueden-votar

4 de julio de 2022

Graciela Martínez, una orgullosa embajadora del “Tembiu Paraguay”

 
Maestra, etnogastrónoma por estudio, su libro “Poytáva. Origen y Evolución de la Gastronomía Paraguaya” enseña mucho más que las recetas del tradicional “Tembiu Paraguay”. El alimento es lo que nos sostiene, de “Po´ytayta”, columna en guaraní, surge la palabra que titula su trabajo de compilación de más de 400 recetas durante 35 años. “La gastronomía es un valor cultural que nos identifica, tenemos que defenderla y ofrecerla a la gente. Tenemos que mostrarla al mundo, hay que poner en primer lugar la comida paraguaya, porque si la cocinamos bien, seremos sanos y longevos”, propone.

Graciela Martínez

Ramona Graciela Agüero viuda de Martínez, nacida en San Lázaro, Concepción “sobre el río Apa, en el límite con el Brasil”, es profesora de arte culinario; estudió cocina internacional, se especializó en etnococina y es una profunda investigadora de las comidas típicas paraguayas.

Todo comenzó en “un curso de 2 años con Carlos Villagra Marsal y Oscar Ferreiro en la Fundación Cabildo. Muchísimos alumnos éramos”, recordó. “La etnogastronomía es el estudio de la alimentación antigua para saber qué comían nuestros antepasados”, precisó.

Graciela cuenta también: “Soy abuela y bisabuela de una niña de dos años” y también escribió un libro de poesías que a la vez son recetas. “Yvotyrope” (Petalos de flores) “hace diez años que fue publicado, es texto obligado en la Escuela Experimental Paraguay Brasil y en otras escuelas, en el día del folklore, los niños suelen recitarlas", recuerda.

Por estos días estudia para asistir al festival “Celebremos Iberoamérica” que del 20 al 25 de septiembre próximo se desarrollará en Madrid, España. Un evento apoyado por las embajadas de los países miembros de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) que tendrá tres ejes temáticos: Cine, literatura y gastronomía. 

Es claro, que “Poytava” es un libro que tendrá allí un escenario preciso, ya que Graciela cuenta los orígenes del “Tembiú Paraguay” que son contemporáneos con lo ocurrido en toda Latinoamérica. Participará de mesas redondas previstas en el evento buscando acercar la sabiduría de sus investigaciones.

El libro, con edición agotada, ganó el premio a mejor promoción patrimonial de un país en Miami, Estados Unidos en la Feria Internacional de Turismo Gastronómico (Fibega) de 2019.

El año pasado, el nuncio apostólico Eliseo Ariotti le ayudó a enviar una carta con un ejemplar de su libro al Papa Francisco. “Se puso muy contento porque él ama la cocina paraguaya, le gusta mucho la chipa”, comentó Graciela.

Habló con Nación Media:

- Contaste alguna vez que tu curiosidad por las comidas comenzó en la escuela primaria con tus compañeros indígenas. ¿Qué más nos podés comentar de esta experiencia tan rica en tu vida?

-Mi curiosidad sobre las comidas me nació de niña, junto a mi hermana menor y los niños, hijos de las diferentes etnias chaqueñas, como los Sanapana, los Ayoreos, Angaite, Maskoy, Toba, Nivaclé y otras más. Todas estas personas nativas trabajaban en la compañía taninera, haciendo diferentes tareas: como echar los árboles de quebracho, del que se obtiene el tanino, otros cortaban las palmas, llamada “Karanda'y”, con las que hacían tejas para techos y estaqueos de las chozas indígenas alrededor de la fábrica de tanino, en Puerto Casado, a orillas del río Paraguay.

Lo novedoso entre los niños era el trueque que ocurría en los recreos, cada uno con nuestras diferentes meriendas, y que, como niño, nos llamaba la atención, lo que todos los días traían nuestros compañeritos indígenas, como por ejemplo, pajaritos asados a la brasa, que son riquísimos, crocantes; palmito del karanda'y y la deliciosa miel de abeja en panales. Ellos daban todas las cosas, no eran mezquinos.

En cambio, nuestra merienda era totalmente diferente, con las tortillitas, güãigüĩ nambi (oreja de vieja) o “chipa cuerito”, que igualmente, como a nosotros también, a los niños nativos le llamaba la atención, así que nos convidábamos entre todos.

Las conversaciones eran una Torre de Babel, cada uno hablando en sus respectivas lenguas, pero cuando querían integrarse a nosotros la lengua “general” era el idioma guaraní, que todos sabíamos hablar, lo que menos hablamos era el castellano.

- ¿Cuándo comenzaste a compilar la información que hoy forma parte de tu fantástico libro?

Siempre apegada al Alto Paraguay, lugar de mi nacimiento, me convertí en maestra, y me tocó enseñar en una humilde escuela, de un puerto calero llamado Itapukumi, me uní en matrimonio con uno de los directivos de la empresa calera, que era de Asunción, y en poco tiempo ya nos vinimos a vivir en la capital del país.

Era la época en que tanto extrañaba mi lugar de origen y eso hizo que me convirtiera en nómada, recorriendo todo el país, visitando los lugares más recónditos, buscando personas de mucha edad que me dieran los secretos de su longevidad, en cuanto a su alimentación. 

Porque nuestros pueblos originarios eran longevos, vivían 180 años, y eso es por la comida sana.

No sé si es defecto o virtud la de ser empecinadamente curiosa, y esa soy yo. Se aprende observando y preguntando, pero esta técnica no funciona con nuestros hermanos indígenas, las preguntas se las deben hacer con mucha táctica y paciencia, en primer lugar, porque no hablan de corrido como nosotros.

También iba a los hospitales y hablaba con nuestros ancianos y les preguntaba qué comían para ser tan longevos. Así fui compilando recetas maravillosas.

- Recordabas que la comida paraguaya, la americana en general, tiene mucho de mestizaje, ¿cuáles son para vos los platos principales de esa mezcla?

- En cuanto a nuestras comidas, la mestización se produjo con la llegada de los españoles, con el descubrimiento del nuevo continente que luego llamarían América.

En nuestro país la mayor mezcla de nuestra alimentación autóctona con las foráneas se produjo con la llegada de los Jesuitas al Paraguay en el año 1587, cuando ya encontraron los vacunos, que 30 años atrás ya habían llegado las primeras siete vacas y un toro. 

El ganado equino llegó antes, de la mano de Alvar Nuñez Cabeza de Vaca.

Los evangelizadores solamente debían enseñar a los nativos a cabalgar y arrear hacia las reducciones las vacas salvajes para ser ordeñadas y obtener leche y queso o para ser sacrificadas para proveerse de carne vacuna, ya que los nativos dejaron de entrar a los bosques para cazar, como siempre lo hacían.

Con los jesuitas se cambió la comida porque había que alimentar a entre 3 a 4 mil personas en San Ignacio, en Encarnación, tenían que carnear las vacas para dar de comer a tanta gente.

Con la leche nació el “Queso Paraguay” y ambos ingredientes se incorporaron a las comidas, el “Mbaipy Kesu”; “Kumanda Kesu”, “Andai kamby”, por ejemplo.

- ¿Contanos un poquito de la influencia árabe que permanece en nosotros?

- El mestizaje gastronómico empezó con la albóndiga (comida árabe), cuando se les enseñó a los nativos a pisar la carne en mortero, y mezclar con la harina de maíz para luego redondearlas y a esta acción los nativos llamaron “So'o Apu'a”, o carne redonda; esto es llamado nominación por observación.

Igualmente ocurrió con nuestro famoso “Sojo” (que no se escribe Soyo) o “So'o josopy”, que también fue nominada por observación (de pisar la carne).

Ese es el origen de estos dos platos, pero la mayoría de las comidas venían de la tradición árabe, porque ellos estuvieron en España más de 700 años, entraron en el 711 y salieron en el 1492.

El uso del comino es árabe, mi hija vive en Francia y allí probé una ensalada de lechuga riquísima rociada con comino, a todo le ponen, es la herencia de ellos.

El hecho de mezclar la carne con mandioca da nacimiento a la comida mestiza, de ahí el “Pajaguá mascada”. Recordemos que Pajaguá es un nombre despectivo para la etnia guaycurú o guarayos. 

 

Ellos vivían hacia el Matto Grosso, dominaban el Río Paraguay, traían animales de caza del Chaco y cambiaban por maíz y mandioca y por cosas que había aquí en la Región Oriental y cuando no les querían dar, arrasaban… se llevaban las mujeres…

- Además del Queso Paraguay, la Sopa Paraguaya, etc, ¿qué otra comida emblemática nace en las reducciones jesuíticas?

- La Sopa Paraguaya nació por nostalgia hacia el “Ensopado Español”, cuya receta era con pan mojado en leche, huevo y mucho queso, que luego era metido al horno. Los sacerdotes quedaron sorprendidos con el resultado y lo llamaron, exclamando “¡Este es el ensopado paraguayo!” que era la receta con harina de maíz, leche y queso (aún no tenían huevos, ya que las gallinas tardarían más tiempo en multiplicarse). 

Lo metieron en el tatakua y ¡quedó bien! Entonces con el tiempo el “Ensopado Paraguayo”  fue acortando su nombre hasta quedar en “Sopa Paraguaya”.

“Borí borí deriva de un plato español llamado “bolita bolita” y era de sémola. Cómo no tenían aquí, lo hicieron de harina de maíz en las Reducciones, obteniendo perfectas pelotitas en el proceso. Como al que habla guaraní le cuesta la “consonante licuante” cambió bolita por bori, por eso la guaranización del nombre.

- ¿Hay alguna comida que sea originalmente indígena y que siga hasta nuestros días?

El “Chipa Guasu” es más indígena, lo cocinan en la takuara, en el hueco interior y lo tapan con hoja de banana y lo cocinan en las cenizas.

Usaban también el “Takype”, una olla grande de cerámica que adentro tenía una pieza con agujeritos, donde ponían zapallos, batatas, mandiocas y las cocinaban a baño maría que ya conocían y no es que lo trajeron los españoles.

También es importante el trabajo que hicieron con los maíces que van cruzando entre ellos y se van coloreando, al sembrarse uno acerca de otro, comienzan a mezclar sus colores azul y blanco, negro, rojo.

También había distintos tipos de mandioca como la “Mandio saiju”, que no tenía almidón y diferentes tipos de papas que hoy todavía las cultivan los Ava Guaraní.

Siempre que puedo me voy a cocinar con ellos. Me gusta, demasiado quieren que me vaya luego.

- ¿Llegó hasta nuestros días algo de la comida de los pueblos chaqueños que tan bien conociste?

- En cuanto a las comidas chaqueñas que nos llegaron a través de los Incas, fueron la chipa, la chastaka, el charque (charqui), además de cientos de términos Quechua o Quichua, que entraron en el idioma castellano, como por ejemplo, choclo, charque, chastaka, chala, chaco, charata, poncho, carpa, chacra, yapa, etc.

La chipa no podemos registrar como cosa nuestra porque los Incas ya hacían chipa, Kuñape se llama en Bolivia. Ese mestizaje gastronómico ocurre en el mismo tiempo histórico y por eso las comidas las compartimos regionalmente con los países hermanos de Latinoamérica.

El “Mbeju” es por ejemplo el pan más antiguo de América y es posible que provenga del Caribe.

Los pueblos andinos le enseñaron a los chaqueños a secar las carnes, ellos lo hacían con las llamas y guanacos, por ejemplo, pero como aquí no existían esas especies, los pueblos locales secaban la carne del ciervo guasu.

Hoy los Nivaclé no tienen nada que comer, “porque los dueños nos corren con fusil” me contaron, es un desastre como viven nuestros indígenas comen muy poquito una vez al día. 

- Contanos lo de Quiindy y Kumbarity

- Un dato no menor es que los guaraníes conocían al menos 22 tipos de ají picante (Ají es palabra Taína) de los cuales quedó solamente uno sin extinguirse, el tan bien “Ky'ỹ” del que deriva el nombre de una localidad paraguaya, mal llamada, “Quindy”; se cuenta que era un lugar con abundante plantación del ky'y. Además, existe otra localidad llamada “Kumbarity”, que también era un lugar en donde abundaba esta variedad de ají picante.

- ¿Cuándo sale la segunda edición de Poytáva…. ¿Será aumentada?

-En este momento nos encontramos trabajando sobre la segunda edición, la cual saldría al mercado el año entrante, ya que previamente tenemos previsto sacar una aplicación digital para facilitar el uso y aprendizaje de nuestra gastronomía, enfocándonos en nuestra verdadera labor, la de volver universal a la gastronomía nativa y paraguaya, a la par venimos trabajando sobre una adaptación del libro a una caja recetario, la cual facilitaría la tarea a la hora de trabajar en la cocina.

Porque ustedes saben, la comida paraguaya es sana pero depende de las técnicas y los ingredientes para cocinarla. 

Esteban Aguirre

“La idea es llevar este

Libro a todo el mundo”

“Este libro nace hace 40 años, que es lo que llevó a Graciela todo su proceso investigativo”, cuenta Esteban Aguirre, editor de “Poytáva. Origen y Evolución de la Gastronomía Paraguaya”.

“Ella es curiosa de profesión y el libro fue escrito en guaraní y la primera traducción que hicimos fue al castellano. La idea a futuro es que el guaraní sea el hilo conductor para llevarlo al inglés, francés y japonés, que son los desafíos que tenemos en principio”, dijo sobre la oportunidad de traducirlo.

“Son mercados a los que queremos llegar en el futuro. Estamos bastante avanzados en el diálogo con una editorial de los Estados Unidos para llegar a las universidades gastronómicas para poder instalar la gastronomía paraguaya desde la educación”, contó.

“A la par de eso, hicimos un recorrido por ferias internacionales donde quedó premiado en Miami y a la vuelta fue recibida con el premio Comuneros, para nosotros fue una linda cereza al helado de todo el trabajo hecho”, dijo. 

“Recopilar, trabajar con ella y tres editores en guaraní, fue difícil. Nos arrepentimos de no haber documentado el proceso de las interpretaciones del guaraní alrededor de una receta porque era un libro aparte”, cuenta del trabajo que hicieron con Christian Kent: “Literalmente creamos la Editorial Dos Maletas para hacer el libro, era algo que veíamos como tan urgente y necesario que el libro le dio nacimiento. Hacer libros no es para los de corazones débiles, es un proceso largo y lo que es la rentabilidad en un país que cada vez lee menos te deja en claro que hay que tener romanticismo y amor por la lectura”, apunta.  

Aguirre dice que seguirán apostando a “historias que nos hacen más paraguayos, a poder encapsular cosas que nos representan, y tratar de a futuro ir colocando en distintos mercados para generar interés en lo genial y particular que es nuestro querido Paraguay”. 

 La comida en la

primera Asunción

Guillaume Candela, es un historiador francés especialista en el Paraguay colonial, específicamente en el siglo XVI, por lo que Nación Media lo consultó sobre los orígenes de la alimentación en el incipiente Paraguay colonial. “La alimentación es un tema interesante, los archivos nos muestran como con la instalación de la provincia, aparece al mismo tiempo la llegada de animales europeos y cómo los españoles se alimentan con productos de la zona. Encuentro en el documento más antiguo del Archivo Nacional, que todavía no habla de vacas, porque aparentemente éstas vienen desde los territorios portugueses, desde el Brasil, desde la Capitanía de Sao Vicente (hoy Sao Paulo), se dice que los españoles roban vacas a los portugueses para hacer venir a Asunción y se entiende que llegan en buena cantidad hacia 1560”, cuenta.

“Entre los años 1540 a 50 llegan las primeras vacas con Alvar Núñez Cabeza de Vaca, en 1542. La primera mención de la alimentación en la sociedad de conquista aparece en ese año, un año después de que Asunción se convierte en el centro de conquista de la Provincia del Río de la Plata y es el pago de los sacerdotes.

No les van a pagar con metal, sino con alimentos, por ejemplo, a los curas Luis de Miranda y Martín Armencia y también para el sacristán Juan García en la primera Iglesia de Asunción se destinan 20 fanegas de maíz, 10 de frijoles, 50 panacús de raíz de mandioca y 30 pollos. 

Guillaume Candela

El Panakus es un cesto, es una palabra guaraní, que se transforma en unidad de medida.

Quiere decir que tempranamente hay pollos que seguramente vinieron de España, porque partir de los 50, 60 hay cabras. Los cochinos aparecen en 1552 en un testamento de un griego. La persona tenía que pagar 60 fanegas de maíz, 7 de frijoles, 5 cochinos y 20 a 25 pollos. Y algodón, que también había.

En 1570 ya aparecen vacas, uvas, ya hay de todo, muchos productos europeos también”, sigue relatando Candela.

Recuerda también que los caballos que vinieron con la primera gran expedición de Pedro de Mendoza en 1536/7 y que en ese viaje también vinieron 6 vacas a las que “se las mata para comer durante la hambruna del primer fuerte de Buenos Aires. 

 “Pienso que en Lima o México capitales virreinales seguramente tenían una alimentación más variada porque había productos tanto de los Andes como de la zona tropical”, dice comparando aquellos primeros años de Asunción.

“El cambuchi de miel es otra medida que se traía para vender a la ciudad, hay una manera de hacer trueque de productos, frutas, desde afuera hacia la ciudad como cuñas, hachas y pedazos de metales que los pueblos indígenas usaban para huertas. Puede verse en los escritos que rápidamente, a pesar de no estar cerca del mar, hay una agricultura basada en lo europeo, productos como la uva, la caña de azúcar, que llegan relativamente rápido.  

También que existían animales de caza y que en los pueblos cuando se construyen las casas quieren tener huerta, piden licencias para cultivar para el autoconsumo y vender en el mercado.

El cabildo rige las licencias.”, apunta.

Ya hacia el interior, “en las misiones y pueblos de indios como Yaguaron y reducciones franciscanas, se verifican campos más grandes de maíz y vacas, ganados, manadas de caballos, en fin. En los años 70 se encuentran todos los productos que una persona noble española católica pudiera requerir, tiene vino para celebrar la misa y tiene trigo, algodón. Tiene productos relacionados al mundo cristiano para no vivir en el mundo que van a llamar de los infieles, salvajes, bárbaros. La comida es importante, por eso traen los animales para recrear la sociedad española cristiana”, señala el historiador.

“La yerba al final del siglo XVI será la moneda corriente en Asunción, el producto agrícola originario, es Mbaracayú la fuente de la yerba y allí se verifica el nacimiento de un comercio que será fundamental en la economía colonial”, expone. 


 

Jorge Zárate

Fotos de Nadia Monges y gentilezas

 

 Links

https://www.lanacion.com.py/espectaculo/2017/09/04/graciela-martinez-lanzo-su-libro-de-cocina-recetario-poytava/

https://www.youtube.com/watch?v=QVUJW75Sr68

https://www.youtube.com/watch?v=Mpf6pa_iZEs

https://www.youtube.com/watch?v=Ae2H2_ULNEQ&t=137s