Una familia de
payasos muy especial está preparando una gala para septiembre próximo para
festejar las 4 décadas en el camino de las sonrisas. El grupo que nació en el
exilio español de Jorge “Bochín” Britez, creció en nuestro país con
presentaciones hasta en los sitios más remotos de su territorio y con los
públicos más diversos, desde el centro de las capitales a las comunidades
indígenas. Un recorte de memoria y celebración en esta charla que mantuvo con
Nacion Media. Pasen y ocupen sus asientos que la función está por comenzar.
“A mí me gusta tomar el mate de la pava” dice
Jorge “Bochín” Brítez en su hogar estudio de Isla Bogado mientras la hace
despegar de un brasero luminoso en la tarde fresca de Luque.
El mate es
ceremonial, la historia fluye junto al fuego.
“Nací en Asunción, me crié en Oviedo me malcrié en un pueblo de Madrid y
vivo en Luque”, dice él resumiendo lo propio.
Allí, en un
jardín mágico en el que se preservan especies raras de la flora nativa como el
Manduvi Guasu, sale un repaso de la vida de Bochín Teatro Clown, la compañía
que fundaron en Madrid con Marisa Cubero, y que desde toda su vida integra Aura
Brítez, actriz y gestora, hija de los dos.
Marisa “La
Payasa” recuerda que fue un 2 de mayo de 1983 “porque son las fiestas cuando se
liberaron los españoles de los franceses y se levantaron en Móstoles, el pueblo
de los alrededores de Madrid donde yo vivía entonces. Para esos festejos lo contrataron
a él; a mí y a otras 20 personas. Entonces payaso y payasa, nosotros dos, el 5
de julio estábamos viviendo juntos”
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Bochín y Marisa en los inicios
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Después de aquel
festejo compartido, Marisa cargó un Fiat 124 con sus cosas y se fue “a vivir
con el muchacho este, no sabíamos ni cómo nos llamábamos entonces… La
conclusión de esta historia es que mi novio me hizo payé seguramente “Kaburei
ragüe” (risas)”
De esto hace 40
años
Ya juntos, los
payasos hacían espectáculos a la gorra en el parque El Retiro de Madrid siendo de
los primeros artistas callejeros que alegraron esa primavera democrática
española. “Fuimos los pioneros y Jorge estuvo en un festival de teatro de calle
que se hizo en Madrid por primera vez estuvo en el Odín Teatre, con Eugenio
Barba; estuvo con un mollo de gente de esas raras que había antes por ahí y
todos quedaron encantados con el payasito paraguayo”, cuenta.
Y sigue: “Oye, el
payasito triunfó y en una primera visión la gente dice que linda historia de
amor, como una cosa muy bonita que puede verse superficial, pero aquí hubo un
compromiso de vida y uno solidario con este planeta, con las luchas de los
pueblos”
Era un momento
especial “empezaron a abrirse las casas de cultura en cada barrio y nosotros estuvimos
en la inauguración de casi todas ellas, era espectacular”, memora Marisa.
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Bochín en Viena en 1984
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Jorge recuerda
después la gira por Europa que lo llevó a conocer a los grandes maestros de su
arte como Popov, Dimitri, el gran Marcel Marceau en ese momento en que “empezaron
a salir de las pistas de circo y empezaron a invadir las calles, los anuncios.
Los teatros. Y nosotros ahí dentro de esa dinámica, nos metimos a esa
competencia que fue buena porque nuestro trabajo fue seleccionado para el Festival
Mundial del Circo del Mañana, en París, Francia. En principio íbamos a ir por
España, pero justo hubo el golpe en el 89, así que en el 90 decidimos ir por
Paraguay. Y entonces fue la primera y única vez, hasta hoy, que dentro de ese
festival estuvo un paraguayo”, señala.
Francia, Alemania,
Suiza, Austria, Italia, aplaudieron a Jorge y Marisa en esos años de
multiplicar risas por Europa.
También anota un
lamento porque su pasaporte paraguayo no le dejó cruzar “La Cortina de Hierro”
para ir a Alemania Oriental, en ese entonces, y a Moscú al más grande festival
de payasos del mundo. “Tampoco pude ir al Circuba”, cuenta “porque mi pasaporte
decía bien claro: Válido para todos los países del mundo, excepto los
comunistas”.
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Bochín y Marisa en España
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Entonces vuelve
la risa con una anécdota peculiar. “¡Después de todo eso, ahora aparecí
afiliado al Partido Colorado!”
Jorge cuenta que
“en Europa vivíamos relativamente bien llegamos a construir nuestra propia casa
en la sierra de Madrid, con arroyos, con bosque, así que teníamos la parte
bucólica y trabajábamos en los mercados medievales en espectáculos por los que
pasaban 60 a 70 mil personas en un fin de semana así que en teoría estaba todo
hecho y en eso cae la dictadura de (Alfredo) Stroessner y empieza la apertura por
lo que entonces decidimos cerrar todo y venir a empezar otra vez”
Aura recuerda que
tuvo que decidir entre España y Paraguay: “Yo me podía quedar con mi abuela,
pero decidí también venir. Había venido sola a los 8 en avión y después a los
12 fue la vez que pudimos venir los 3 y creo que fue al volver del viaje que ya
nos sentamos a hablar de instalarnos en Paraguay”.
Un período
trascendente en la vida de la familia que va del 2002 al 2005: “Teníamos una
casa alquilada aquí, veníamos medio año y pasábamos medio año allá en España.
Entendíamos que era la solución del migrante, aunque después nos dimos cuenta
que el exiliado, el migrante tendrá esa condición toda su vida”.
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Aura y Marisa
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Como recuerda la
joven, “él siempre veía que los migrantes se van y regresan en su vejez y su
idea era venir con tiempo, con vitalidad, como para transmitir también su
conocimiento, pero fue mi mamá la que le dijo “¡Vamos!”.
Arte, mensajes, trabajo
Marisa cuenta que
conseguir su personaje de “Pokacoska” le llevó unos 10 años. “Me puse ese
nombre porque nunca me valoro soy muy “pocacosa” y como los artistas de circo
siempre se ponían en España nombres rusos para parecer guau que eran más
importantes pues yo dije “Pokacoska” porque me sonaba más ruso”, cuenta
mientras Aura destaca la pelea por encontrar un lenguaje en el arte, en un diálogo
que acompaña la tarde fresca bajo los árboles.
Jorge dice que el
arte no es portador de mensajes. “O sí, pero si alguien se propone hacer un
mensaje, la está cagando. Por ejemplo, el Guernica de Picasso, es un alegato
contra la guerra, pero vos ves el cuadro y no todo el mundo se siente
enternecido. Hay gente que conoce el antecedente y he visto gente llorar viendo
el cuadro, ¿no? porque hay un relacionamiento. Lo que sí nosotros hemos hecho
aquí, por suerte, es trabajar con distintas organizaciones que manejan temas interesantes,
sobre todo de medio ambiente, por ejemplo”.

En uno de sus
trabajos importantes recorrieron el Chaco llegando a 30 nucleamientos con una
organización que se llama Pro Comunidades Indígenas. “Llegábamos y decíamos: ¿Cuál
es el problema aquí de la gente? El acceso al agua, nos respondían. Entonces
nosotros tratamos el tema del agua e indirectamente, como una cosa lógica,
llegamos a que es una carencia, una falta de respeto a los derechos humanos. Hacer
otra cosa sería un panfleto, que es a lo que estamos habituados a veces con
gente que viene y te dice “Nosotros tenemos que ser revolucionarios…”
A mí me da lo
mismo la gente de derecha o de izquierda, si se puede conversar con ellos.
¿Cuál es el drama a nivel político? La ignorancia entre la gente que se dice
derecha y entre la gente que se dice izquierda hace que no podamos iniciar un
diálogo de construcción. Y entonces agarramos la bandera y decimos, ¿ese es
facha? ¿No? ¿Ese es zurdo? Como ahora, ¿verdad? Cualquier cosa, “hake los
zurdos”. Yo digo, ¿dónde están? ¿Quiénes son?”
Sigue
desarrollando la idea: “Falta diálogo en la sociedad en general, ¿verdad?, puntos
de encuentro, no puntos de desacuerdo. Porque si no, en teoría, hay como dos
bandos que dicen buscar el bien para la sociedad, pero viven realmente de
espaldas a la búsqueda de un consenso… Ahora se ha dado una situación bastante
curiosa. ¿Se acordarán ustedes todos estos meses antes de las elecciones que
hubo una confrontación muy grande sobre el tema de la agenda 2030, sobre los
Providas y los otros, ¿verdad? Y era una batalla encarnizada entre los
legisladores, entre la gente de la calle. Terminaron las elecciones y sigue sin
haber una discusión seria sobre esto”, dice ejemplificando.
La casa, la vida, el barrio
“La casa está en
constante construcción porque de a poquito se va haciendo todo. Está bien,
porque es la única manera que tenemos también, ¿verdad?”, dice Bochín.
Y agrega: “Realmente,
si uno quiere generar un cambio, uno necesita tener una infraestructura para
competir. No solamente en la parte de calidad creativa de tu proyecto, por
ejemplo, un excelso guitarrista necesita un buen instrumento. Entonces si nosotros
queremos trabajar en el interior con comunidades campesinas e indígenas
entonces necesitamos el manejo de los dos idiomas el guaraní y el castellano. Y
mover los equipos con una furgoneta en condiciones, un equipo de sonido, una
microfonía adecuada, el local para ensayar y gente formada.
Hemos aprendido
mucho. Somos guay, estupendo, fantástico. ¿Y ahora qué? ¿Qué hacemos con ello?
Compartirlo. Poner a disposición del barrio por ejemplo.
Son 20 años que
vivimos acá y no es fácil. No es fácil, aunque ahora estamos un poco más
calmados, el barrio ha tenido épocas peores. Tres de los niños que han estado
aquí están en la cárcel y eso es muy fuerte, es muy duro”, apunta Brítez con un
dejo reflexivo.
Aura cuenta que
fue a hacer un espectáculo a la cárcel y uno de los chicos le gritó “¡Eh, Bochín!
Mandale que saludo a tu papá. Yo era el que iba de madrugada a tocar las manos”
(Risas)
Y la escena es
tragicómica. Un adolescente drogado buscando dinero para seguir fumando chespi.
“¿Te acordabas de mí no? Y yo ko me iba a las 3 de la mañana para palmear en tu
casa, pero ya estoy mejor. ¿Cómo está, Bochín?”, escenifica Aura.
“Por suerte, esa
generación de chicos en droga pasó. Siempre creo que una de las motivaciones
también de la Casa de Arte es tratar de que los chicos conozcan otra forma de
ver la vida. Que tengan la apertura de venir a hablar con nosotros y que tengan
también ese acceso a los libros, al arte, al teatro. Que es súper válido porque
Isla Bogado es enorme. Y de a poco estamos siendo más conocidos”, apunta.

Bochín agrega: “Tener
esta puerta para que los chicos conozcan algo diferente es maravilloso. Y es un
poco lo que nos mueve también como casa. Creo que el cambio siempre va a estar
en los niños y en los jóvenes. Y lo organizamos también. Primera vez tocábamos
aquí, se subían todos por la muralla. Un día les junté a todos en la plaza y
les dije, a ver, los ensayos son abiertos, pero no siempre. Si estamos
practicando, a veces no podemos estar pendientes de ustedes. ¿Quieren ir a
casa? Sí, sí. Entonces se van al portón, tocan la puerta y si yo veo que es un
día que pueden pasar, pasan”, comenta.
Todo comenzó con la
visita de Pepito Ron, un payaso que llegó de intercambio y se prestó al ensayo
abierto, se hizo correr la voz y la casa se volvió teatro. “Les decía vayan a casa
a ver un concierto. Va a venir Ricardo Flecha, va a venir Rolando Chaparro,
estuvieron los de La Múcura en otra farra”, dice.
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Bochín Teatro Clown por Dani González
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La compañía hace
también trabajos solidarios en festivales barriales, para los que pide que se
los llame con antelación al 0982-121145 para poder agendar convenientemente.
Aura cuenta las
dificultades del trabajo en una compañía independiente en la que cada fecha de
trabajo es importante. Pero igual dice que el esfuerzo vale la pena, al punto
que dejó un trabajo fijo para darle más fuerza al proyecto. “Entonces cuando me
di cuenta que, si yo vendía dos cuentacuentos o dos cumpleaños a la semana
durante un mes, me salía lo mismo que el estrés de irme todos los días a la oficina.
Y que además estaba gestionando cada vez más los proyectos de Bochín, que estaban
saliendo cosas gracias a mi esfuerzo. Dije, ¿yo qué hago acá? Y claro, es
tirarte el vacío porque vos tenés que generar mes a mes para tener y
administrarte cuando hay alguito más porque el otro mes no sabes si hay”,
comenta.
Bochín no puede
con el genio: “¡Y perdimos el único sueldo fijo que teníamos en la familia!”,
dice para desatar las risas una vez más.
Nace un payaso
Payaso viene del
italiano “pagliaccio” y su etimología lleva a la palabra plagiador, al que
imita, pero también enfatiza otros rasgos, en este caso para la risa.
“A mí desde niño me llamaron mucho la atención
los circos que llegaban en los 60´ a Coronel Oviedo. Todos los años venían”, relata Jorge “Bochín” Brítez.
Así fue conociendo
a la gente de las carpas. “Algunos de ellos siguen vivos hasta hoy, ¿eh? Forman
parte de nuestra asociación. Algunos ancianos todavía. Y entonces, entre varios
niños, lo que hacíamos nosotros cada vez que se iba un circo era construir en
nuestros patios nuestros trapecios, nuestras cuerdas de equilibrio. Y nos
conocíamos todas las comedias. A mí me fascinaba ese mundo de los payasos y por
ahí empezó realmente mi amor”.
Después fue la
escuela primaria donde “siempre yo intervenía con alguna poesía o con algún
cuento, con alguna historia. En el colegio pasó igual. Y ya en la adolescencia
empezamos a trabajar con un grupo de teatro donde combinábamos un poco también
los elementos ya circenses que habíamos aprendido con nuestras juntadas”.
Más luego, la
vida: “Yo creo que un punto de inflexión muy importante en Paraguay se dio a
partir del 73 cuando se hizo aquí la primera muestra paraguaya del teatro
porque Latinoamérica se abría a un teatro diferente. Diferentes maestros
surgieron y aquí empezó la formación de los grupos de teatro independiente.
En Oviedo estábamos
pendientes de eso y hacíamos festivales e intercambiamos espectáculos con la
gente de Asunción. Y por ahí yo entendía que una forma diferente de hacer la
comedia de los payasos podía ser más teatralizado, aunque sin comprender en
aquel momento que realmente la esencia del clown, del payaso, proviene
realmente de la comedia del arte.
¿Y cuándo fue la primera vez que te vestiste de
payaso?
- Hay una foto
con Wal Mayans, que será del 77 o 78 más o menos que muestra que ya
trabajábamos nuestras comedias de payaso. Lo hacíamos con Wal y con Arturo
Pereira, la gente venía con sus linternas, sus lámparas, y ahí hacíamos la
velada. Pero nosotros de día nos íbamos en grupo a las escuelas a anunciar que
a la noche había velada.
Comenzamos como
un relleno pero acabó convirtiéndose en un punto vital de nuestro relacionamiento
con el público la presencia de los payasos.
En el 82 el
Paraguay estaba convulsionado “Estaba feo. Y nosotros en “Aty Ñee”, éramos un
grupo contestatario, los compañeros caían presos, otros iban al exilio, todo
era así.
Hasta que un día, no sé quién,
alguien, me avisa, porque así era la cosa y me dice, Jorge, andate, porque te
tienen fichado.
Entonces yo fui a
buscar a las distintas embajadas en Asunción, quién podía darme una beca o algo
para poder moverme. Latinoamérica estaba vetada porque en todos lados había
gobiernos militares. El único que me dio un papel fue el Centro Cultural
Español Juan de Salazar, que cuando eso estaba a cargo Paco Corrales, en donde
decía que yo era un colaborador de la Embajada. Tengo esa carta. Y eso fue lo
que me sirvió a mí en el aeropuerto cuando conseguí un billete para viajar.
Así yo salí en
los ochenta y a partir de ahí, trabajar la calle, la soledad, la tristeza,
¿verdad? Sentirte obligado a salir. Como tantos otros paraguayos. Cientos de
paraguayos. Y ahí, ya en Europa, dije, bueno, a ver qué hago. Aquí puedo
ponerme a lavar platos, o a trabajar de jardinero, o a buscar en la calle el
desarrollo de mi arte. Y elegí esto último.
- El payaso tiene como algo de lenguaje universal,
la risa como instrumento infalible…
- ¡Sí, claro…! ¡Más
que la música…! La sonrisa es un elemento genial, ¿no es cierto? Insufla vida.
- ¿Cómo viven ustedes ese momento en que consiguen
despertar una sonrisa, una alegría?
- Realmente eso es
el feedback, el retorno, es un enriquecimiento de ambas partes. Es algo muy
especial. ¿Cómo se diría en castellano? ¿Por qué tengo que usar yo feedback?
¿Retorno? Sí, sería como el eco, ¿verdad? Eso es, vos lanzás y.… realmente es
una recarga… un tomadaca. Se dice que el ser humano es el único que tiene esa
capacidad de reírse y la primera pregunta que nosotros nos hacemos cuando
planteamos un gag, un esquema, es esa: ¿De qué se ríe la gente? ¿De qué se ríe
el ser humano? ¿Y de qué se ríen los payasos, Jorge?
- ….
- ¡Del público! (Risas) Ese es el corazón.,
porque si no tienes la capacidad de reírte de ti mismo vas yendo mal. Aunque
vale decir que uno si está solo no se ríe. Si está entre tres, cuesta. Se
siente observado. Cuando uno está arropado por más gente, es cuando se descarga.
Por eso, un circo
vacío es muy triste., es muy difícil sacar una risa de un circo vacío. El payaso
sabe dónde va a actuar y sabe muy bien lo que va a funcionar, tanto como lo que
no, porque de eso depende su comida y también su alegría. Pero su comida es muy
importante.
- ¿Es un arte que requiere mucha formación?
- El payaso es
muy selectivo. Tengo una biblioteca muy extensa que habla de todo esto y algún
día, ojalá, podamos tener un Instituto del Circo donde podamos ponernos a
investigar y a estudiar esto. Que hasta ahora no existe, ¿verdad? Hasta ahora,
ahora mismo, por ejemplo el payaso está en el mismo nivel de los chistes del Cachique
y del puto. Hasta ahora todavía se hace el chiste del maricón. Esto era un
maricón, ja, ja, ja, ja. Esto era cachique que iba ja, ja, ja. Esto era ja, ja,
ja. Es de payaso, ja, ja, ja. O sea, en el mismo esquema de desprestigio.
Los propios
políticos utilizan, ¿no? Esto es un circo, dicen. Estos payasos, dicen. ¿Y por
qué hacen eso? Porque la ignorancia es muy grande. En Paraguay tenemos 13
pueblos indígenas y cuando hablamos del torpe, del ignorante, del que mete la
pata, es Cachique.
O en las comedias
populares sale uno que se hace el maricón, y la gente se ríe, se mata de la
risa porque hace un estereotipo. Hay todavía mucho prejuicio, nos falta
muchísimo.
¿Hay que utilizar
esos clichés? Claro, pero hay que saber utilizarlo.
- ¿Sería no buscar la risa fácil nomás, con el
recurso de siempre?
- Y no, a pesar
de que la comedia del arte está basada en esos clichés, ¿verdad? En el cliché
del viejo, del enamorado, del pícaro, pero no se queda en eso. En el teatro
popular, a nivel universal, ¿de quién hablamos? Hablamos de Shakespeare, ¿no?
Por ejemplo, hablamos de Cervantes. O sea, hablamos de una calidad en la pluma
y en los planteamientos de la comedia del arte. Pero aquí, en la época de la
dictadura hacía un tipo de teatro maniqueísta y pobre, que llenaba el Teatro Municipal
con chistes baratos, donde estaba ausente el criterio crítico.
Quiero decir que
me da tristeza ver el Municipal vacío. No se lo usa. Es triste. Las luces están
apagadas. Bueno, toda Asunción está lastimosamente así siendo que, en cualquier
parte del mundo que vos te vas, los hoteles, lo que te anuncian y lo que te
ofrecen, es la cartelera teatral. Madrid tiene un promedio de 300 espectáculos por
noche durante todo el año y ni siquiera durante la Guerra Civil se cortaron las
temporadas. Pero claro, tiene más de 400 años de tradición, claro.
Nosotros tenemos
que empezar algún día.
La magia de la Dulzaina
Compañera de
Jorge “Bochín” Brítez es la Dulzaina Castellana, un instrumento de sonido
especial que tiene además una historia muy curiosa. “Estando con Arturo
Pereira, identificábamos los instrumentos que se usaban en la época en el
Paraguay: violines, guitarrones, harpa, clarinete y de casualidad me encuentro
con la Chirimía, que me pareció rarísima, pero la cosa quedó allí”
Años después, “estando
yo actuando en los pueblos en España escucho este sonido árabe tan bonito y me
digo “ésta es la Chirimía. ¡Y allí me doy con que la Chirimía es la Dulzaina…! Entonces
empezamos a utilizar las Dulzainas en las fiestas en los mercados temáticos
medievales y ahí yo empecé a irme detrás de los payasos tratando de aprender y
lo primero que me enseñó mi maestro fue a tocar temas de Dulzaina para
que siempre se la identifique porque en la dictadura de Franco, todos estos
instrumentos populares fueron ninguneados.
Y bueno es algo
que nos quedó también la voluntad de enseñar, de seguir transmitiendo así que
aquí tenemos saxos, las trompetas, clarinetes, guitarra para que la gente venga
a aprender”, invita.
Jorge Zárate
Fotos de Eduardo
Velázquez
Gentilezas
Dani González