30 de junio de 2026

Gustavo Alfaro, breve historia del hombre que revivió la ilusión de todo un país

 


Una vida construyendo liderazgo, capitán de equipo, jugador emblema, técnico cercano a sus jugadores, estudioso, preparado, así describen al técnico de la selección periodistas que lo siguieron su derrotero desde su Rafaela natal. Aquí un repaso por la vida y obra del hombre que ilusiona a la Albirroja y al país. 

La locutora irrumpe al aire con energía de programa matinal de radio: “¡Saben que lo que más se vende en Areguá son las alcancías del profe Alfaro, los “Alfaritos…!”, dice y explica que se consiguen a 50 mil guaraníes y que los “alfareros” no dan abasto y las risas y voces se mezclan en comentarios sobre el Mundial, las expectativas, en la espera del contacto con los enviados, yendo al corte que vende televisores.

El fenómeno, más allá de la felicidad que aportó la clasificación, tiene mucho que ver con la capacidad motivadora de Gustavo Alfaro, algo, que veremos construyó en el tiempo, desde el joven futbolista, el empecinado técnico del fútbol de ascenso en la Argentina, su llegada a primera división, su paso por Boca Juniors, el salto final a ser técnico de selecciones.

Ahora sueña con dar junto a la Albirroja el paso más grande de su carrera. “Nosotros tenemos que pasar de ser un equipo que amenaza de contragolpe a un equipo que tiene letalidad de contragolpe, que va a definir de contragolpe”, dice Gustavo Alfaro tras el último amistoso y anticipa una figura táctica que tomará forma definitiva en los tres partidos de la fase de grupo.

Un hombre que, con trabajo, enciende una ilusión, una constante en su vida.

 Estudioso y motivador

Gustavo Alfaro, nació en Rafaela, Santa Fé, y le dicen “Lechuga”, porque de joven su cabellera encrespada se parecía a un atado de hojas de la hortaliza.

Cuenta Miguel González, periodista del portal Rafaela Noticias que el actual técnico de la Albirroja era volante central, número 6 en nuestro país, 5 en la Argentina. “Siempre fue caudillo, líder dentro de la cancha, más bien rústico, no era un creativo. Era más de marca, despliegue, de estar apoyando. Esporádicamente llegaba al gol pero hizo goles importantes, siempre era el que hablaba, ponía la cara, el capitán”, describe. “Flaquito, parecía endeble, pero era aguerrido como jugador, mucha marca, estaba en todos lados, gran líder “, agrega.

Miguel González
Jugo en Sportivo Norte y Villa Alvear de Chaco y entre los años 84 al 93 jugará en el Atlético de Rafaela en una carrera en la que “pega el salto del amateurismo al profesionalismo en el 89”, cuenta el colega.

“Juega un torneo que le permite clasificarse al ascenso Nacional B, actual primera nacional y él fue el capitán, caudillo, referente principal, porque se había formado en el equipo y era un técnico dentro de la cancha, era muy profesional, serio, estudioso”, memora. 

 Perseguir ese ascenso era como un sueño impensable para un club de una ciudad mediana que tenía una liga local de poco más de 10 equipos, pero lo hicieron, ganaron un regional provincial y clasificaron al nacional. “Arranca como futbolista, desde las formativas, se hace capitán del equipo, y es el referente que logra ascender”, resume.

Néstor Clivati de Radio El Espectador de Rafaela, confirma lo anterior: “Lo sigo desde el 89 cuando consiguió el ascenso con el Atlético”, cuenta. Desde Miami, donde cubre en estos días la participación de Argentina en el Mundial, cuenta que mantiene una buena relación con Alfaro, que sus familias son amigas y que también estará atento a la suerte de Paraguay en el torneo. 

De su liderazgo apunta que “viene de su personalidad, de joven, era la voz cantante, el que ponía el umbral del temperamento y siempre tuvo buena comunicación con los compañeros y el entorno. Tiene un aire intelectual, pero se debe a su formación, que fue importante”.

Néstor Clivati
Alfaro contó en primera persona que debió elegir entre su carrera universitaria o seguir su pasión por el fútbol: “Mi camino empezó cuando tenía 28 años, después de dejar la carrera de Ingeniera Química a falta de diez materias para el título. La decisión fue muy difícil de entender por mis padres. Años antes había llegado a un acuerdo con ellos para pausar mis estudios y dedicarme al fútbol por completo. Fue cuando llegamos con Atlético de Rafaela al Nacional B. En una categoría así ya tienes que entrenar todos los días, sin tiempo para enfocarte en los estudios u otros asuntos. “Déjenme hacer esto que es lo que soñé toda mi vida. Porque ingeniero puedo ser a los 40, pero futbolista no”, les dije. Y ellos aceptaron”, apuntó en el sitio Coaches' Voice (La voz de los técnicos).

Sigue contando el profe: “Entonces jugué tres años y medio, y después me retiré. Ya me había sacado el gusto por jugar. Pero al volver a la Ingeniería no cumplí con mi parte del trato con mis padres: terminar la carrera.

Alfaro con la copa del Ascenso en el ´89
Ahí sentí que la pasión por la Ingeniería se había muerto, y había nacido mi verdadera pasión, que era la que tenía de chico cuando soñaba con los domingos del fútbol de primera división. Como no lo había alcanzado como jugador, sí quería hacerlo como entrenador de un equipo de Primera.

Llevó pasar diez años en segunda división para poder hacer realidad la ilusión de poder disfrutar el privilegio de estar en Primera, pero llegó. Por eso digo siempre a mis jugadores –también a mis hijas- el valor de perseguir los sueños.

Lamentablemente mis padres ya no estaban con vida para poder haberlo visto hecho realidad”, narró.

Quizá de la ingeniería le venga el afán de mantener el orden y las estructuras en sus equipos. 

Conductor de grupos

Más tarde, dice González “asciende, juega en el profesionalismo, comienzan a codearse con el futbol nacional, cuando se retira, pasa a ser el técnico del equipo, y en su cuerpo técnico, hasta hoy está Carlos González, que jugaba de 8 a su lado en Atlético Rafaela y Sergio Chiarelli, que es el preparador físico de sus equipos, era también del club y se conocen desde chicos”, cuenta.

Clivati agrega que “Claudio Cristofanelli, lleva 20 años con ellos. Habla muy bien de él, saber rodearse y mantener el equipo en el tiempo”. Entiende que allí está una de las claves de su desarrollo: “Esa química que logra en los vestuarios viene de la que él generó en su cuerpo técnico y sus ayudantes. Si bien es notorio el caso de Paraguay, no es la primera vez que despierta un grupo, ya lo hizo con otros planteles en otras campañas, no es infalible, pero sus jugadores siempre destacan esa empatía que logran él y su cuerpo técnico que lo respalda”.

Dirigendo Atlético Rafaela en su primera experiencia cuenta González que “estuvo a punto de ascender a la primera, llegó a jugar definitorias con Estudiantes de la Plata, donde el capitán era Juan Sebastián Verón”, apunta.  

Después pasa a Olimpo de Bahía Blanca, Belgrano, Quilmes y en un tiempo más consigue llegar a dirigir en primera división y disputa la Copa Sudamericana con Arsenal de Sarandí.

“Es todo mérito suyo, porque no era un tipo de Buenos Aires que crece codeado con los más grandes, viene del fútbol del interior, de una liga provinciana”, destaca.

Alfaro lo cuenta asi: Por eso, después de dirigir a Boca, sentí que lo que tenía que hacer en Argentina estaba cumplido…Yo he estado en cuatro Mundiales seguidos, desde Alemania 2006 a Rusia 2018, trabajando para una televisión de Colombia. Antes de cada partido, miraba abajo desde la posición de la cabina de televisión y me fijaba en los seleccionadores y siempre me hacía las mismas preguntas: “¿Por qué yo no estoy ahí? ¿Qué me falta para dirigir en un Mundial?”

Clivatti recuerda que “pensó en dejar de dirigir después de Boca, que fue traumático para él, pero después hace un quiebre positivo y pasa de ser entrenador de seleccionados”. Primero en Ecuador (2020-22) con el que fue a Qatar, luego Costa Rica (2023-24) y finalmente Paraguay. Con 63 años cumplidos el 14 de agosto pasado, tendrá su segunda experiencia mundialista consecutiva.

Un tipo querido

González apunta: “Desde siempre fue un conductor de grupo, líder, un tipo preparado, estudioso, formado, lector de muchos temas. No solo estudia el fútbol, sino también las cosas cotidianas, no es que vende humo”. Señala que “su familia tenía una pequeña industria metalúrgica que quebró en una época difícil, creo que de autopartes, no viene de un hogar de carencias, y el equipo del que es referente es el del centro de la ciudad, al Atlético le dicen “La Crema”, es un club importante en lo social”.

Entiende que es un emblema de Rafaela, “una ciudad con poder adquisitivo que sobresalió en la región y en el país. Tiene una idiosincrasia de gente que provino en gran medida de la inmigración italiana que dio empuje y desarrollo, e instaló fábricas de caramelos, colchones, lácteos, como Ylolay, frigoríficos, etc”.

El Atlético de Rafaela administra además el autódromo de la ciudad, reconocido internacionalmente, al punto que “los autos de las 500 millas de Indianápolis corrieron aquí en el ´71 y allí en ese predio está el centro de entrenamiento que tiene el complejo de canchas e instalaciones del fútbol”.

Perfila a Alfaro como “un muchacho de clase media que aprovechó oportunidades y que trabajo duro. No se si soñó lo que le dio el fútbol” y comenta que “es muy reconocido y querido en la ciudad como un referente de fútbol en el mundo, no viene muy seguido, pero cuando lo hace suele dar charlas a los juveniles y se lo escucha con respeto”.

Clivati agrega que “es una figura admirada por sus valores, su compromiso, tiene una identificación con Atlético, pero lo quieren en general. Hace muchos años se fue de la ciudad donde quedan algunos familiares”.

A la hora de trazar un perfil apunta que “es una persona presente, es amigo de los amigos, es afectuoso, tiene siempre buena memoria emotiva y creo que en dosis se nota cuando puede llegar a un grupo de profesionales”. Agrega que “si repasas sus declaraciones, las matiza con alguna riqueza conceptual, con hechos que tienen que ver con el jugador persona, y es un recurso que lo hace un entrenador distinto, que llega al jugador y le toca la fibra más íntima lo que le agrega valor a su liderazgo como jefe de grupo”.

En diciembre de 2025 lo homenajearon en la fiesta del Deporte en su Rafaela natal 

 Una camiseta especial

“Fue una experiencia impresionante, el profe Alfaro me trató como como su hijo, me sentí como un niño chiquito al que su papá le da un abrazo”, cuenta Ignacio Villalba Denis, el dibujante guaireño que pinta camisetas “biográficas” de futbolistas y personalidades destacadas.

Comenta que espero media hora en la portería de la APF en Ypané “hasta que escuché la radio que decían déjenle pasar a Ignacio Villalba, la seguridad era tremenda y cuando logré entrar vi la locura que genera el profe porque cuando él salió incluso hasta lo que trabajan todos los días allí se acercaron para tomarse una foto con él”, recuerda.

“Fue súper amable súper correcto, tenía un aura y me puse muy nervioso, fue tan lindo y emocionante, me hicieron un video los de la Albirroja y ahí le dije a Alfaro que esto es por todos los paraguayos, por lo que nos devolviste y cuando vio el cuadro se le iluminaron los ojos. Voy a mandar el video para que lo puedas ver y a mí casi se me escapan algunas lágrimas y me abraza el profe y me dice muchísimas gracias voy a llevarme a un recuerdo muy bonito de Paraguay”, concluye)

El sueño de continuar

El profe Alfaro manifestó que se quiere quedar dirigiendo a la Albirroja más allá del resultado del Mundial, algo que se entiende, a partir de sus expresiones, ve difícil. “No depende de mí”, confesó a la prensa en uno de los últimos entrenamientos de la selección en el predio de Ypané.

Entonces dio a conocer la razón de sus dudas: “Veo, lamentablemente, mucho cortoplacismo en Paraguay…Lo veo en general”, apuntó.

Comentó que presentó un informe a la Asociación Paraguaya de Fútbol en el que consigna que los entrenadores en un campeonato promedio en el país llegan a dirigir a sus equipos un 20% de los partidos. Recordó que son los menos los técnicos que terminan un contrato y que eso interrumpe procesos. “Los pequeños fracasos parciales son escuelas de madurez”, expuso.

En diálogo con el colega Abc Color dejó expreso: “A mí me gustaría dejar algo el día de mañana para que el que venga lo pueda llevar a otro nivel… Por eso mi lista no está pensada únicamente en este mundial… Si yo llevo un plantel que para el 2030 ninguno estará jugando, entonces lo único que hicimos fue participar en este Mundial. No estamos construyendo una realidad, no construimos una identidad”, explicó.

Recordó entonces que la soñada clasificación para esta edición se dio “porque tuvimos una química increíble con los jugadores y porque el país se encolumnó y nos terminó empujando... Pero esto no siempre va a ser así. Entonces, acá hay que apostar al proceso… estoy dispuesto a hacer eso. Ojalá el día de mañana Paraguay pueda salir campeón del mundo o pueda ganar una Copa América. Y tal vez yo no lo vea. Pero ojalá yo haya contribuido a que Paraguay haya sido, aunque sea un escalón chiquitito así, para que Paraguay haya contribuido a eso”, señaló.

Jorge Zárate 

Links

La Nación / Letal y efectivo, deseo de Alfaro

La Nación / Llegaron los “Alfaritos”, un homenaje al DT de la Selección Paraguaya en Areguá

Gustavo Alfaro - Wikipedia, la enciclopedia libre

La conmovedora carta de Gustavo Alfaro antes del viaje al Mundial - Selección Paraguaya - ABC Color

(9) Instagram

Coaches' Voice | Un nuevo horizonte: Qatar 2022

Mundial 2026: Gustavo Alfaro, un futuro incierto en Paraguay - Selección Paraguaya - ABC Color

 

29 de junio de 2026

Cecilio Thompson, el inquieto pintor obrero de Tañarandy

 

Artista y agricultor, se dedicó al dibujo, la pintura y la talla en madera de forma autodidacta. A mediados de los años 90, junto con otros artistas obreros de su comunidad y de poblados vecinos, conformó un grupo cultural que intervino calles y casas de su compañía, surgiendo así murales y carteles que se hicieron marca distintiva de esta conocida compañía de Misiones. 

“La comunidad de Tañarandy da la bienvenida a los extraterrestres”, dice el popular cartel donde con alegría y brazos levantados al cielo, la gente aparece saludando a un Ovni.

Esa imagen despertó la curiosidad de Mirna Robles Armoa: ¿Quién es el Cecilio Thompson que firma esa escena tan simpática y tierna a la vez? Así se fue pensando al encuentro de su amigo Ever Enríquez que a poco le fue relatando las anécdotas del pintor popular que comenzó haciendo letreros de despensas y luego se extendió hacia los muros y las casas de Tañarandy con su peculiar estilo.

Cecilio Thompson
 A partir de allí pensaron en hacer un documental y la muestra “Cecilio Thompson, obrero de la imagen” que en estos días pueden verse en la Sala Cira Moscarda de la Fundación Migliorisi, sita en Grabadores del Cabichuí 2714, de martes a sábados, de 14 a 20, con acceso gratuito los viernes y sábado.

 “En esta muestra se intenta rescatar una mirada sobre su trabajo artístico y su intervención en la compañía donde nació, vivió y murió”, resume.  El recorrido compila registros fotográficos detallados de los murales y carteles comerciales pintados por Thompson y otros artistas e incorpora una serie de carteles originales intervenidos de forma reciente por su hija, la artista Chely Thompson.

Pudieron concretar el proyecto gracias a una postulación a los Fondos de Cultura. “Son fondos muy pequeños que no cubren lo que cuesta realmente el trabajo, pero hicieron posible trabajar en el material audiovisual, yendo a la comunidad, hablando con los vecinos que lo conocieron, con su hija y nos encontramos con que la memoria sobre Cecilio sigue siendo súper presente”, cuenta.

“La muestra tiene fotos de Elisa Marecos; Sandino Flecha; Nico Granada y otras de un libro muy lindo “Tañarandy, tierra de irreductibles, demonios y herejes”, de Teresa Santiviago y Rocío Velázquez que estudia los carteles y hacen unas fichitas donde aparece el autor, el año, la técnica, el motivo, la familia y la calle en la que se encuentra”, explica. También aparece como referencia el fotolibro “Tañarandy, la revolución del arte” de René González y Andrés Colmán Gutiérrez

La tarea se complementa con páginas en redes sociales bajo el nombre “Cecilio Thompson y los artistas obreros de Tañarandy”. 

 Arte en comunidad

En ese rescate pudieron entender cómo “historias y personajes propios de Tañarandy poblaron las paredes de las casas. Cecilio Thompson fue el principal promotor de estas intervenciones y lo acompañaron Teodoro Meza, Rolando Corvalán, Sindulfo Silva, como los principales referentes”, apunta Mirna. “El trabajo no se trata de rescatar una figura, ni un nombre, sino que toda esa obra salga un poco de la comunidad, no se quede limitado solamente al recuerdo”, agrega.

Robles Armoa cursó el año pasado el taller Ejercicios Curatoriales con el especialista español Eduardo García Nieto, en un evento organizado por la Fundación Migliorisi y la Agencia Española de Cooperación (AECID).

 En esa oportunidad los interesó en este proyecto que busca poner en valor este aspecto de Tañarandy, compañía de San Ignacio, Misiones, muy conocida en el país por su procesión de Semana Santa.

“Nos preguntamos, cómo una figura tan presente en su comunidad no es conocida más allá, entonces la idea fue ayudar a que se destaque un hombre que consideramos que se lo merece. Queremos que ese reconocimiento local se expanda, porque creemos que el trabajo es auténtico y vale”.

De ello da cuenta el documental “Cecilio Thompson y los artistas obreros de Tañarandy” en el que trabajaron con Ever Enríquez, Elisa Marecos y Sandino Flecha que fuera estrenado en diciembre pasado en la capilla de Tañarandy y que hoy puede verse en la muestra.

“Se trata de reconocer que las capacidades artísticas también forman parte de la realidad de la clase trabajadora, y que eso no es sólo una posibilidad, sino que es algo que existe, que ocurre, que ocurrió siempre en nuestra historia popular, pero que puede que la mayoría de las veces quede invisibilizada. Por eso creo que es importante concentrarnos en el registro de la obra de Cecilio porque él falleció hace 20 años”, apunta. 

 Habilidad innata

“No soy una experta de las artes visuales. Creo que es como la característica de este equipo de trabajo, que somos gente que tenemos interés y curiosidad”, dice a la hora de explicar la mirada sobre la producción del artista.

“Creo que el trabajo es súper diverso en temas y formas porque él dibujó, pintó, hizo tallado con mucha variedad. Sus compañeros señalan que era súper habilidoso, que tenía como una capacidad innata y se puede ver el trazo rápido y gestos donde se nota lo auténtico de su trabajo”, señala.

 “Él por un lado tiene su temática de aglomeración que son las festividades, la fiesta patronal, el Torín, cosas así. Tiene retratos, también algunos cuadros que asemejan un naïf y están los tallados que son muy representativos”, describe.

Su hija Chely Thompson acompaño al equipo de investigación y les recordó que “a mediados de los ´90, Cecilio y Delfín “Koki” Ruiz se encuentran y éste último lo invita a formar parte del taller Felipe Santiago Apocatú que había habilitado en la idea de alojar a quienes quisiesen aprender sobre arte. Entonces ahí se da como un encuentro entre varios trabajadores que  empezaron a dedicarse a la pintura, al tallado”, sitúa.

De ese equipo los que más se destacaron fueron Cecilio y Teodoro Meza, también pintor autodidacta. “En ese encuentro que es donde empiezan a surgir muchas ideas, ¿verdad? Tanto lo de Semana Santa, como las ideas de llegar a la comunidad con intervenciones artísticas que fue cuando empezaron con los murales y después pasaron a los carteles”.

Robles Armoa recuerda que “la idea original con los murales era la de precisamente rescatar historias, anécdotas locales y eso después se fue expandiendo a todas las casas y quien se hace cargo de esa idea es Cecilio que lleva adelante la mayoría de los carteles entre mediados y finales de los ´90”

 

Ese despliegue fue posible gracias a “la ayuda de sus otros compañeros, de los vecinos y las vecinas mismas, pero se sabe que la mayor parte fueron realizadas por él. A su muerte en el 2006 es como que se frenó un poco esa producción”, describe.

En la actualidad “es su hija Chely, que también pinta, la que de alguna manera continúa con el legado de su papá, pero no se observan tantas nuevas producciones. Hay carteles que son reintervenidos por ella. Los murales desaparecieron casi por completo y de los carteles es muy poco lo que hoy se puede encontrar”, cuenta.

“Sí hay obras de Cecilio, cuadros, algunos tallados que están en propiedad de vecinos que compararon en su momento. A mí me gustaría armar como un catálogo de su trabajo”, concluye esperanzada.

Una ausencia sentida

Es claro que tras la muerte de Cecilio Thompson mermaron los carteles y murales: “Los demás artistas que fueron sus compañeros en el taller siguen produciendo su trabajo artístico, pero también todos son trabajadores que se siguen dedicando a sus propios oficios a la vez”, señala Mirna Robles Armoa, responsable de la muestra “Cecilio Thompson, obrero de la imagen”.

 La curadora apunta que “lo que pudimos de algún modo concluir es que es muy probable que en movimientos culturales o en movidas que tengan que ver con algo comunitario, sea importante la presencia de ciertas figuras que promueven el hacer. Cecilio, además de sus potencialidades artísticas, era un promotor cultural para su comunidad y que con su fallecimiento se siente esa ausencia de él, no solo como artista, sino como un promotor cultural local. Porque eso es clarísimo ahora que con su fallecimiento se paraliza un poco ese diálogo creativo que se da ahí entre él y su comunidad”

Agradecimientos y conclusiones

Robles Armoa se muestra agradecida con Chely Thompson “que nos recibió muchísimas veces en su casa, que gestionó muchos de los contactos para las entrevistas a los compañeros de Cecilio, que accedieron a las entrevistas, que hicieron posible el documental”.

Entiende que el trabajo “puede promover a que otras personas de la clase trabajadora se animen a pintar o a escribir o a seguir su interés artístico, Creo que artistas populares siempre hubo y seguirá habiendo, entiendo que se ve más en la música, un poco en el teatro. Nuestra historia del arte está poblada de artistas populares que se merecen destaque”.

Apunto a su vez que “Pensamos que quizás más que arte popular lo que vimos en ese movimiento de artistas que intervino su comunidad en un momento es la del obrero artista, el trabajador que asume su posibilidad de hacer arte, ¿verdad?, porque fue así Cecilio el agricultor, Teodoro Meza era albañil y también pintor y así, todos eran obreros que se dedicaron y se dedican también al arte”.

 Para Robles Armoa los carteles de la comunidad tienen estrecha relación con los oficios porque configuran “una especie de mapita social de la comunidad: Identifican, porque te dan el apellido, te dan el oficio, informan, comunican, aquí estamos, esto hacemos”, apunta. “Habla de cómo la comunidad se apropia de esas intervenciones y genera su propia dinámica de representación, de preservación o de reproducción, de continuidad de esos trabajos, hoy con Chely que es la que hoy continúa el legado de su papá en los carteles”, apunta.

Poco de historia

Nacido en 1966 en Tañarandy, Cecilio Thompson fue un artista autodidacta dedicado al dibujo, la pintura y la talla en madera. Desde niño desarrolló una estrecha relación con las prácticas manuales y con el imaginario popular de su comunidad, elementos que posteriormente marcarían su producción artística.

 Su trayectoria tomó un impulso decisivo a mediados de la década de 1990, cuando se incorporó al taller Felipe Santiago Apokatu, impulsado por el artista Koki Ruiz. Desde entonces se convirtió en una figura central dentro de las intervenciones artísticas comunitarias de Tañarandy, contribuyendo a la construcción de una identidad visual propia mediante murales, carteles y representaciones de escenas locales y personajes de la comunidad.

En 1998 representó a Paraguay en la Bienal de São Paulo con la instalación “Pesebre koygua”, una obra que incorporaba elementos contemporáneos a la tradición del pesebre paraguayo.

Jorge Zárate

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