2 de abril de 2013

Los arrepentidos


Blas Llano y Efraín Alegre.Foto: .com
El arrepentimiento comienza a leerse en las redes sociales, en la prensa patronal, incluso se oye en las reuniones empresariales.
Un grupo importante de la coalición golpista se está dando cuenta del tenor de lo que hicieron al apoyar la aventura de Federico Franco, la angurria de la dirigencia liberal, el cálculo de los viejos zorros del establishment colorado.
Se está ante el advenimiento de lo peor que puede ofrecer la  nacional: Un Neostronismo.
Un engendro donde la narcopolítica es lo menos grave.
Es una opción fascista que apenas asomó su rostro.
Asesinato de dirigentes campesinos, amenazas de muerte a los responsables de radios comunitarias en todo el país, escuchas telefónicas, censura de prensa a los partidos políticos que se sostienen en organizaciones sociales es parte de un menú que se advierte ya.
Entonces muchos de estos arrepentidos que fueron mogijatos seguidores de los patrones en su despiadado ataque al gobierno del poncho juruicha de Lugo, hoy se dan cuenta del tamaño de su irresponsabilidad.
Entonces salen y opinan que sería bueno que haya un izquierda que le de balance a esta derecha bárbara que tiene el país. E inclusive parecen alentar las opciones legislativas de Avanza País y el Frente Guasu, en ese orden.
Es tarde, pero no deja de ser importante que se reconozca lo que se estuvo advirtiendo en estas páginas desde que ocurrieron los sucesos del 15 de junio pasado.
Sería bueno abordaran La Masacre de Curuguaty. Golpe Sicario en el Paraguay”, excepcional libro de Julio Benegas Vidallet, una oportunidad de acercarse a las vivencias profundas del mundo de los campesinos sin tierra, para tomar la dimensión exacta del exabrupto de ese desalojo brutal y asesino.
También para comprender la dimensión de las violaciones al derecho de defensa en juicio que representa la prisión sin argumento alguno que recae sobre los campesinos acusados de un imposible por el malísimo fiscal Jalil Rachid.
No basta sólo con el temor, entendible, ante lo que se avecina.
Se requiere de una solidaridad activa que bien pueden ejercer estos grupos de presión para recuperar las garantías mínimas de una democracia que se precie de tal.
Este Poder Judicial, que como contrapartida acaba de liberar al Gordo Paiva, esta dando claras señales de todo lo que se puede perder sin una clara condena social de estos actos.
Si están honestamente arrepentidos, sería bueno comenzar a verlo en acciones.
Después será tarde.
Jorge Zárate

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