16 de abril de 2013

The Cure, Thatcher, la vida y la muerte


No es casualidad digo sin siquiera pensar en la infinita serie de causalidades que hacen posible todo. Se murió la hija de la gran remil Thatcher y está tocando en Asu el genial Robert Smith.

Por Jorge Zárate


Tiene que ver.
Al menos para recordar algo de todo lo malo que hizo esta mujer provocando ese sonido oscuro que bien supo retratar el hombre que mejor lleva el rimmel y el labial.
 que nació como Easy Cure, la cura sencilla, es música, arte para soportar la destrucción del estado de bienestar, los despidos masivos, el afán guerrerista, la pérfida mueca de Maggie, la amiga de Pinochet, jodiéndolo todo.
Smith lo deja en claro respondiendo desde Asunción a un periodista en Buenos Aires la pregunta que ninguno de los muchachos le hizo aquí: “El suyo fue el peor gobierno inglés de todo el Siglo XX. Destruyó a todas las clases sociales. Y era una mujer soberbia y tonta”.
Por eso cuando se los escucha arremeter con los temas más densos, góticos, bellamente oscuros de Desintegración se entiende mucho de la sensibilidad de un momento histórico.
Ese donde la caída del muro de Berlín aumenta la velocidad de la globalización capitalista y provoca con las privatizaciones a nivel mundial el más grande saqueo de la historia de la sociedad de clases.
“No future” habían dicho los punks en los 70, desentrañar ese mensaje fue la tarea de muchos artistas que sobrevinieron, entre ellos Smith, un referente que aparece por ejemplo en la imaginería de Tim Burton que peina y maquilla a ese brillante Johnny Depp del Joven Manos de Tijera como si fuera un alter ego de Robert.
Robert Smith tocando en Asunción. En el recuadro, la guitarra que usó en Buenos Aires, en la cual con una calcomanía celebra la muerte de  con la frase “Ding Dong! The Witch is Dead” (Ding Dong! La bruja ha muerto), una canción de El mago de Oz que ha sido usada como símbolo por los detractores de la política inglesa. Foto: EFE.
Cuánto le debe el sonido, la lírica de muchas bandas de hoy a esta banda colosal de la que sólo se extrañan los fabulosos vientos en algunas canciones que suenan eléctricas en el show del Jockey Club Paraguayo.
“Ciudadanos, no sujetos”, dice la leyenda que lleva en la guitarra Robert que en esta gira latinoamericana adhirió a una campaña de Amnesty International por los derechos sexuales. “Si un puñado de personas salen de nuestros conciertos sintiendo que tienen más poder sobre su cuerpo -su vida-, habremos conseguido algo positivo”, dijo al aceptar difundir la campaña en palabras que vienen bien justo cuando un energúmeno, lo más triste del caso es candidato a presidente, dice que se pegaría “un tiro en las bolas” si un hijo suyo fuera homosexual.
Cosa buena que haya pasado este niño que pronto cumple 54 años con su equipo de locos a jugar un poco con la memoria afectiva. Ese paso de danza al que se anima cuando tocan Close To Me lo define en un movimiento…
Ese mismo impulso hizo bailar a una generación que en un momento llegó a olvidarse que desde hace medio siglo vivimos con la amenaza de la hecatombe nuclear, seguramente el sonido más oscuro que el hombre supo inventar.

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