10 de junio de 2013

Cartes y la derecha adelantan definiciones políticas

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Horacio Cartes, de camisa blanca y sombrero, en la Expo Santa Rita. “Brasil es una locomotora y Paraguay debe ser el mejor de sus vagones”.
Transición: el presidente electo de Paraguay reivindicó la necesidad de que el país vuelva al Mercosur y a la Unasur; mostró acercamientos con Venezuela y ofreció grandes oportunidades de inversión a empresarios brasileños. Reafirmó su defensa de la propiedad privada –es decir, negó la posibilidad de una reforma agraria, se alineó con los sectores del negocio agropecuario y reivindicó su proyecto de maquila, producción a bajo costo con condiciones precarias de empleo. Fueron las primeras definiciones del Partido Colorado tras la victoria electoral. La izquierda quedó afectada por la derrota en las urnas. Dos de sus referentes analizan los resultados, la etapa que comienza y los pasos a seguir.
 
Tras haber ganado las elecciones con el 48,6% de los votos el 21 de abril el empresario Horacio Cartes asumirá la presidencia el 15 de agosto. En sus primeras actividades públicas, interrumpidas por una operación de hernia de disco, Cartes dejó en claro su pretensión de que Paraguay regrese a los espacios continentales de Mercosur y Unasur, de los cuales fue suspendido en junio del año pasado tras el golpe legislativo contra Lugo.

El candidato vencedor, del Partido Colorado, reafirmó que su gobierno priorizará las relaciones regionales e inclusive señaló que pediría al Congreso Nacional que apruebe el ingreso de Venezuela al Mercosur, un viejo dilema de la política nacional. También señaló que invitaría al presidente Nicolás Maduro al acto de asunción de mando, afirmación que desató fuertes reacciones en la derecha y la prensa burguesa, que pusieron en marcha una campaña para evitar la presencia del mandatario caribeño. El presidente bolivariano fue cuestionado y denunciado penalmente por los sectores golpistas luego de que, siendo canciller, encabezara la delegación de Unasur que viajó a Paraguay ante la destitución de Lugo.

La derecha paraguaya recupera el poder con Cartes, un dirigente que no proviene de la política tradicional del país. En una de sus primeras declaraciones reafirmó su acompañamiento a los empresarios del agronegocio al visitar la Expo Santa Rita, la principal muestra del sector. Allí, en esa ciudad del departamento de Itapuá, dio sus primeras definiciones públicas sobre algunas políticas de su futuro gobierno. Primero prometió ante los productores agropecuarios y terratenientes que durante su gestión se respetará la propiedad privada. Y defendió su proyecto de desarrollo bajo el régimen de maquila (fábricas de productos o empresas de servicios a bajo costo con un sistema laboral precario), al sostener que eso atraerá inversionistas y generará oportunidades a la población juvenil paraguaya que demanda empleo. “Seremos una herramienta útil para el pueblo que quiera trabajar”, señaló.

El presidente electo invitó a industriales brasileños a instalarse en el país y reconoció que “ellos pueden ser mucho más eficientes con nosotros”. Alentó a los paraguayos a “ser serios y ofrecer reglas claras” para los inversionistas. “Yo quiero trabajar con Brasil y no contra Brasil. Paraguay es un país bendecido, tiene energía, una necesidad mundial que compartimos con ellos y esa es una tranquilidad para trabajar. Hay muchas razones para que seamos felices juntos”, reafirmó.

Mientras espera asumir, Cartes designó un equipo para llevar adelante la transición con el gobierno actual de Federico Franco. Una de sus primeras demandas fue la suspensión de las licitaciones del Poder Ejecutivo, sospechadas de estar sobrevaluadas, rápidamente desestimada por el actual Presidente, que asumió tras el derrocamiento de Lugo. El dirigente del Partido Colorado también pidió acceder a los acuerdos con la multinacional canadiense Río Tinto Alcán, sospechada de haber instigado el derrocamiento del ex obispo. En este caso, logró que Franco suspendiera las negociaciones y se ofreciera a transferir las gestiones iniciadas al equipo de gobierno entrante.

Cartes puso énfasis en sus primeros 100 días de gobierno, en los que aseguró que “va a salir polvareda de este país”, gracias a la predisposición de mucha gente para generar cambios en diferentes ámbitos. También dijo estar convencido de que “se puede poner orden en Paraguay”. Y cuestionó los errores cometidos por el Partido Colorado, especialmente el haber “abandonado a la gente”. Dijo que su fuerza política –a la que se afilió para participar de las elecciones de abril– debe pedir disculpas y rectificar rumbos porque “nació para la gente humilde pero le ha dado la espalda por mucho tiempo”.



Razones del triunfo

Las organizaciones sociales interpretan que el derrocamiento de Lugo cambió de modo radical la agenda política. Los actores de la derecha, omnipresentes en la prensa patronal, se dedicaron a instalar sus prioridades: privatización de las empresas públicas, demandas del agronegocio, explotación de los recursos mineros, gasíferos y petrolíferos del país, entre otros puntos de la agenda neoliberal.

Ese fue quizás uno de los motivos centrales por los cuales se concretó la victoria electoral del Partido Colorado, que no causó sorpresa ya que Cartes siempre lideró las encuestas de opinión tras el derrocamiento de Lugo. Pero aún varias semanas después de las elecciones diversos espacios políticos y sociales intentaban otras respuestas ante esa misma pregunta: ¿cómo retornó la derecha a la presidencia después del triunfo progresista en 2008?

Una primera respuesta concluiría que la gestión de Lugo no llegó a satisfacer a las masas empobrecidas. No hubo reforma agraria; no hubo planes masivos de vivienda; se desarrollaron pocas políticas sociales inclusivas. Aunque sí hubo algunas decisiones de gobierno con alcances profundos, como la declaración de gratuidad en la salud, una medida importante que no llegó a concretarse en la totalidad en los servicios médicos públicos por la falta de profesionales capacitados y la ausencia de presupuestos razonables, cercenados por un Congreso que se mantuvo bajo el dominio de la derecha.

Tampoco puede desconocerse el miedo que sembraron los partidos tradicionales y la prensa patronal luego de la masacre de Curuguaty, donde fallecieron 17 personas entre campesinos y policías en un absurdo desalojo que no se investiga cabalmente y por el que permanecen presos una docena de los ocupantes campesinos. El golpe de Estado parlamentario fue un sacudón tremendo que desnudó la presencia de una masa crítica que apoyaba al Gobierno pero que no tenía la fuerza necesaria para tomar las calles y reclamar la permanencia del Presidente que había elegido en las urnas. A partir de allí, la prensa patronal se encargó de demonizar aún más a “la izquierda”, incluyendo bajo este rótulo también a sectores de centro y centroizquierda.

Ya en campaña electoral, el espacio progresista sufrió las disputas de ambiciones personalistas que llevaron a la fractura del Frente Guasu, del cual se escindió la corriente Avanza País, que llevó como candidato a Mario Ferreiro. Tras este desmembramiento fue imposible constituir una alternativa a la candidatura de Horacio Cartes, que tuvo desde siempre el respaldo del poder establecido y del Partido Colorado, además de enormes recursos económicos para la campaña. Ese espacio alternativo lo intentó ocupar el Partido Liberal, que traicionó a Lugo y apoyó el juicio político que lo destituyó. Su candidato, Efraín Alegre, padeció la desconfianza del electorado de centroizquierda por el golpe parlamentario, el cual no apoyó la idea de que Alegre era “menos malo” que Horacio Cartes.

El Frente Guasu apuesta ahora a la actividad parlamentaria. Lugo, que encabezó la lista legislativa de la agrupación, resultó electo senador y arrastró el 9,59% de votos, lo que permitió el ingreso de otros cuatro senadores. La izquierda conformará así la tercera bancada más importante, desde donde buscará encabezar una resistencia que se estima compleja. Otros dos senadores ingresaron por las listas del desprendimiento del Frente Guasu, el movimiento Avanza País, lo que anima la posibilidad de que puedan al menos terciar en el debate parlamentario.


Desde Asunción, Jorge Zárate



La oligarquía frente al campesinado
En un país como Paraguay, donde la tierra es el problema fundamental porque el 3% de los propietarios tiene el 88% de los terrenos de acuerdo al censo agrícola de 2008, la denominada masacre de Curuguaty es un símbolo de la debilidad de los pobres y la impunidad de los ricos. Y fue, como se sabe, el detonante del golpe de Estado. Curuguaty fue la máxima expresión de la demanda de los más de 300 mil campesinos sin tierra, porque la ocupación desalojada por la policía se hizo sobre un terreno que debería estar escriturado a nombre del Estado. Según el informe de la Comisión de Verdad y Justicia (CVJ) hay casi 8 millones de hectáreas de tierras malhabidas, es decir, tomadas por gente que no era sujeto de reforma agraria y que debería devolverlas al Estado si se realizara un relevamiento de catastro serio.
Esta situación unió a las fuerzas de la oligarquía. Blas N. Riquelme, empresario y político del Partido Colorado que pretendió apropiarse de las tierras del paraje Marina Kue mediante un espurio juicio de usucapión, se victimizó frente a una supuesta “invasión” de sus tierras hecha por campesinos. El esclarecimiento del caso Curuguaty evidenciaría que sectores de la derecha fomentaron el desalojo para evitar una discusión no sólo sobre la propiedad que reclama Riquelme, sino sobre las de todos los poseedores ilegítimos de tierras.
En medio de una lucha aún abierta por la propiedad de la tierra, Cartes ya anunció su plan de radicación de industrias maquiladoras, con el que busca dar trabajo precario a campesinos desplazados para evitar nuevos reclamos. Pero las fuerzas campesinas son las más organizadas del país, lograron protagonismo político en los últimos años y serán la fuerza principal en el congreso que convocó el Frente Guasu para noviembre, donde se definirán las estrategias de los sectores de la izquierda para los próximos años.





Trabajar para la conciencia


Por Magui Balbuena (*)
Tenemos muchas experiencias de este Partido (Colorado) cuando estaba en el poder, que ha dejado al país en la pobreza extrema, que ha entregado todo su patrimonio a las multinacionales. Ha dejado un país atrasado pese a las riquezas que tenemos. Somos el país más pobre, más analfabeto, con gente que sufre, que vive en la indigencia y en la miseria, muy especialmente en el campo, en el sector que yo represento. El sector pobre de la población ha sido prácticamente comprado en su conciencia por tanta pobreza, confusión y desesperación en la que está inmerso. Este candidato que entró aprovechó esa circunstancia de nuestra gente desparramando de aquí para allá recursos económicos de origen tan oscuro que se han hecho muchísimas acusaciones sobre su persona y sobre el origen de sus bienes. Este pueblo confundido, desesperado y hambriento, que no ve un futuro, piensa que quien tiene más plata va a solucionar sus problemas de hoy. No hay forma de pensar en el futuro. Dos meses antes de las elecciones ya proliferaban recursos con operadores y una infraestructura enorme. Eso dio a Horacio Cartes como ganador.
Los sectores de izquierda pensábamos que en 2008 abríamos la posibilidad de ir despertando la conciencia, construyendo una alternativa, dando otra visión y otra posibilidad a nuestra gente. Sin embargo hoy no estamos en esa situación por muchos motivos: se ha sojuzgado al pueblo en su libertad, no hay información y se les bombardea día y noche desde los grandes medios de comunicación, que no responden a los intereses de las grandes mayorías sino a un sector privilegiado del que se han puesto a disposición. Debemos hacer una crítica como sector de izquierda, porque no hemos podido unificar nuestros criterios y nuestras fuerzas para estas elecciones. Y los resultados están ahí. Históricamente el sector popular organizado no estuvo en el poder y ahora va a tener poca fuerza en el Parlamento, porque los que entraron van a tener mucha heterogeneidad. No creemos que se puedan hacer muchas cosas desde allí. Seguiremos con nuestra incansable lucha de tantas décadas en este país. Vamos a seguir por el camino de la lucha y de las reivindicaciones, para construir alternativas políticas. Seguiremos trabajando arduamente hasta que nuestro pueblo haga la diferencia y no se vea engañado por estos grupos de mafias y multinacionales, que tienen el poder económico y, gracias a eso, el poder político. Ésa es nuestra realidad hoy en Paraguay. Nos lastima, pero tenemos la convicción de que queremos seguir adelante para construir un proyecto diferente para nuestro país. Desde Asunción (*) Dirigente de la Coordinadora Nacional de Organizaciones de Mujeres Trabajadoras Rurales e Indígenas de Paraguay (Conamuri). Reciente candidata a vicepresidente por el Movimiento Kuña Pyrendá. Declaraciones realizadas a Radio Nacional de Argentina.





Democracia restringida


Por Anibal Carrillo (*)
El gobierno que se ha impuesto en las elecciones no favorecerá la integración regional porque representa los intereses trasnacionales y de los negocios de la soya y la carne, que a nivel interno proponen una democracia restringida, un ropaje formal; le tienen pánico a la organización social. El Frente Guasu (FG) estará preparado para dar respuesta política a este cuadro de situación con su participación parlamentaria, donde sus acuerdos van a estar supeditados a una agenda que involucre los intereses populares. La peligrosa cuestión de la eventual radicación de la productora de aluminio canadiense Río Tinto Alcan y de las semillas transgénicas, la reintegración a los espacios de Mercosur y Unasur, serán cuestiones que tendrán siempre nuestra mirada y acción crítica.
También buscaremos que se consoliden y se brinden presupuestos a políticas sociales que tienen que ver con la salud y la educación, sobre todo ahora que se escucha nuevamente el discurso neoliberal, que impone como meta lograr el superávit fiscal. Habrá que estar atento a la posibilidad de recortes a las políticas sociales. Defenderemos lo conquistado, el Estado como servidor público y la necesidad de la reforma agraria. No nos quita el sueño la posibilidad de acceder a la mesa directiva del Senado, somos conscientes de que a pesar de poder desbalancear en alguna votación, hay una fuerza real que tiene orígenes y temas profundos que hay que respetar. Entendemos que el FG tiene que construir alianza con las bases tanto del Partido Colorado como del Partido Liberal, no con sus cúpulas. También que en nuestro país los procesos tienen plazos largos. Tardamos 35 años en sacudirnos la dictadura, otros 20 en hacer lo propio con la democracia restringida o tutelada del coloradismo hasta que triunfamos en 2008 con Fernando Lugo.Ahora vivimos un retroceso, pero entendemos que el proceso de cambios no se detuvo, que hay un espacio, una conciencia entre la gente de la necesidad de luchar por un desarrollo autónomo que nos ofrezca la salvaguarda de los derechos a la educación, la salud y la vivienda para todos, que permita la integración continental del país por sobre la idea de seguir siendo usados por el patrón del Norte, que es lo que esta gente viene a proponer. Desde Asunción (*) Secretario General del Frente Guasu y reciente candidato presidencial


Recomposición mafioso-política
El nuevo escenario político y su correlato en las bandas criminales está dando señales. Trágicas e impunes, hasta el momento. Las disputas generaron ya víctimas inesperadas. Carlos Manuel Artaza, periodista que trabajaba para la gobernación de Amambay, en el nordeste del país, en la frontera con Brasil, fue baleado el 24 de abril. Falleció al día siguiente, una jornada antes de la conmemoración del Día del Periodista, el 26 de abril. Artaza fue asesinado en medio de cruces de intereses y acusaciones entre componentes del hasta ahora gobernante Partido Liberal Radical Auténtico: el senador Robert Acevedo y el recientemente electo gobernador y ex diputado, Pedro González. La justicia avanzó poco y nada para esclarecer este crimen, que sembró el terror en Pedro Juan Caballero, capital del departamento, donde en 1991 había sido asesinado el periodista Santiago Leguizamón, también víctima de las mafias.
Otros periodistas, como Aníbal Gómez Caballero, Cándido Figueredo, Emerson Dutra, Leo Veras, recibieron avisos intimidatorios. El habitual accionar de las bandas criminales, que no dudan en mostrar su bestialidad, hace que estas amenazas sean tomadas muy en serio por los comunicadores, que están hoy en la incertidumbre. Se sospechan vínculos de estas bandas delictivas con jefes policiales y fiscales zonales y departamentales. La lucha por espacios de negocios y de poder hace que los grupos delictivos busquen respaldos en las alas partidarias, así como en los organismos de seguridad y en el propio ámbito de la justicia. En este contexto, la divulgación de informaciones, análisis y voces que enfoquen hacia uno y otro grupo ponen en primera línea de riesgo a los periodistas. En un país donde la institucionalidad es recurrentemente atacada tanto por el crimen organizado, que cuenta con padrinos en instancias políticas, partidarias, judiciales, así como por instancias del Ejecutivo, la movilización popular encabezada por las organizaciones sociales es fundamental para tratar de salvaguardar la vida y hacer habitable esta golpeada nación. 

Desde Asunción, Vicente Páez, secretario General del Sindicato de Periodistas de Paraguay (SPP)

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