24 de marzo de 2017

Lo que hay que enmendar


Quizá logren entrar por la ventana y llevar todo a una debilidad institucional extrema, consecuencia necesaria del despropósito político en que se convirtió el país.
Con la enmienda, haciendo decir a la constitución lo que no dice, o quizá también en las maravillosas interpretaciones de ese oráculo especial que se instaló en la Corte Suprema de Justicia (CSJ) que hace lo que le pide el poder como un trámite de escribanía desde hace un buen tiempo.
Parece que nada importa ya, pero debería.
Es necesario revisar el escenario de lo constitucional porque hay que prepararse a dar esa batalla, una disputa que en el mundo está tomando colores más que interesantes.
La monstruosa concentración de la riqueza hace rato destruyó el modelo republicano, de la división de poderes, que hoy opera apenas como máscara del poder real.
Basta ver el funcionamiento del Congreso de los Estados Unidos para entender de qué se trata. Allí, interminables listas de lobbistas ponen plata para que los legisladores voten cualquier barbaridad a favor de sus corporaciones.
Aquí no hay lobbistas legalizados e inscriptos en una lista, pero las cosas operan de manera similar, la aprobación de las semillas transgénicas que no se usan en ningún otro lugar del mundo durante los gobiernos de Federico Franco y Horacio Cartes exime de mayores comentarios.
El poder del dinero ataja, por dar el ejemplo más crudo, el impuesto a la exportación de soja en bruto, una locura por donde se lo mire, una realidad sostenida en el poder real de la corrupción.
La obsesión de Cartes, que del poderoso caballero sabe bastante, deja esta situación al desnudo en el país.
La coincidencia de intereses que en este punto, la posibilidad de reelegirse, que tiene Fernando Lugo con el actual presidente debería sin embargo tener otra carga para intentar validarse.
Sin embargo queda claro que todo el Frente Guasu, la mediana estructura que puede comenzar el debate por hacer una reforma constitucional con seriedad está paralizada esperando la suerte de su líder.
Un error, porque de este escenario, sólo se sale con un acuerdo para la cambiar la carta magna o, con la temida dictadura cartista que es el otro extremo, probable, de este sin sentido.
Dificil que las fuerzas políticas que hicieron un golpe de estado parlamentario en el 2012 comprendan esto, pero hay que intentarlo.
Los extremos de pobreza, la recesión económica, la crisis educativa, la falta de atención de la salud pública, el abandono a la agricultura familiar campesina, la falta de incentivos a la producción, se deben revertir consagrando en la constitución moderna, un estado social de derecho que garantice inclusive el acceso a la tierra con un mecanismo fijado en la norma.
Esta discusión es la que debe abrirse más temprano que tarde.
De cambiar el régimen se trata.
Jorge Zárate





2 comentarios:

Miguel Ángel Fernández dijo...

EXCELENTE REFLEXIÓN

Jorge Daniel Zárate dijo...

Muchas gracias estimado profesor...!