27 de julio de 2008

La compañera Evita


Fue una luchadora tenaz por la justicia social. Venerada por su pueblo, odiada por los poderosos. Entregó su vida a la causa de los desposeídos. Pasional, fanática, mandona, motorizó cambios sociales de vanguardia en Latinoamérica. Dijo en Mi Mensaje: “Quiero rebelar a los pueblos. Quiero incendiarlos con el fuego de mi corazón. Quiero decirles la verdad que una humilde mujer del pueblo -¡la primera mujer del pueblo que no se dejó deslumbrar ni por el poder ni por la gloria!-, aprendió en el mundo de los que mandan y gobiernan a los pueblos de la humanidad.”.

“Todos llevamos en la sangre la semilla del egoísmo que nos puede hacer enemigos del pueblo y de su causa. Es necesario aplastarla donde quiera que brote si queremos que alguna vez el mundo alcance el mediodía brillante de los pueblos, si no queremos que vuelva a caer la noche sobre su victoria”,
Eva Perón, Mi Mensaje

Por Jorge Zárate

Fue mujer, bellísima la compañera.
Dice Evita en La razón de mi vida:“Todo absolutamente todo en este mundo contemporáneo ha sido hecho según la medida del hombre. Nosotras estamos ausentes en los parlamentos. En las organizaciones internacionales. No estamos ni en el Vaticano ni en el Kremlin. Ni en los Estados mayores de los imperialismos. Ni en la energía atómica. Ni en los grandes consorcios. Ni en la masonería ni en las sociedades secretas. No estamos en ninguno de los grandes centros que constituyen un poder en el mundo”.
Actuó en consecuencia. Desde 1945, en los inicios del gobierno de Juan Domingo Perón peléo por la incorporación de la mujer a la vida cívica. Lo consiguió en 1947 mediante la ley 13.010.
El voto femenino, defendido hasta ese entonces por mujeres ilustradas y elitistas, se hizo realidad gracias a la presión de las mujeres del pueblo alentadas por Evita.
En 1952, veintitrés diputadas y seis senadoras ocuparon bancas en el Parlamento argentino, disparando una ola a favor de la reivindicación en todo el continente. En 1961, la mujer paraguaya conseguiría idéntico derecho.
Su batalla consiguió anular la indignante calificación de “hijos adulterinos”, “hijos sacrílegos” e “hijos putativos” que hacía el anacrónico Código Civil argentino a los hijos de madres solteras.
Promovió también una encuesta sobre el estado de la familia trabajadora que fue la base del proyecto de la diputada peronista Delia Parodi que estableció el divorcio vincular en noviembre de 1954.
Sentía "indignación frente a la injusticia".
Ese fue el fuego que la animó.
Lo explica con claridad: "No es filantropía, ni es caridad, ni es limosna, ni
es solidaridad social, ni es beneficencia. Ni siquiera es ayuda social, aunque por darle un nombre aproximado yo le he puesto ese. Para mí, es estrictamente justicia."
Lo transformó en lema: "Ayuda Social, sí; Limosna, no".
Se enfrentó así a la caridad de la Iglesia Católica, a las sociedades de beneficencia de las señoras de la oligarquía.
Darse era la cuestión. Una tarea mayúscula en un país de injusticias seculares, de minorías riquísimas y mayorías miserables.
La tarea la desbordó en la navidad de 1947. Había conseguido repartir cinco millones de juguetes y en mayo de 1948 ya no podía responder las 12 mil cartas diarias que recibía.
Entonces, creo la fundación Eva Perón. Así consiguió extender la ayuda social a todo el país. Peones de campo se calzaron por primera vez las alpargatas, fueron revisados por un médico, recibieron cacerolas para reemplazar a las oxidadas latas en que cocinaban. Mujeres simples recibieron una máquina de coser con la que ganarse la vida.
En poco tiempo, desplazó a la caridad de la Iglesia Católica, a las sociedades de beneficencia de las señoras de la oligarquía.
Atendía a la gente en persona.
Obreros, líderes sindicales, mujeres campesinas con sus hijos, gauchos, hacían fila para pedirle desde un aumento de salario hasta la creación de una fábrica.
Diferenciándose del mero asistencialismo, creó albergues para mujeres pobres del interior del país, para madres solteras y para mujeres desplazadas de sus hogares por la violencia familiar. También escuelas talleres para enseñarles desde tareas comunes del hogar hasta las técnicas del trabajo industrial. La Fundación creó hospitales, escuelas, centros de esparcimiento, colonias de vacaciones y organizó los populares “Campeonatos Evita” tanto de fútbol como de otros deportes.
La ayuda social llegó también al extranjero. Se enviaron comida y medicamentos a toda Latinoamérica, Italia, España, Estados Unidos y el estado de Israel. La dirigente judía Golda Meier viajó a Buenos Aires donde se abrazó con Evita en muestra de su gratitud.
Entonces describió su obra: “Lo que yo doy es de los mismos que se lo llevan. Yo no hago otra cosa que devolver a los pobres lo que todos los demás les debemos porque se lo habíamos quitado injustamente”.
El pueblo premió ese darse reclamando que fuera candidata a vicepresidente en las elecciones de 1951. La fragilidad de su ya herida salud, según unos, las presiones de militares, iglesia y empresarios, según entiende la historia, le negarion la posibilidad.
Se cuenta que Juan Perón le dijo: “Hacé tu 17 de octubre”.
En un acto multitudinario, el 22 de agosto de 1951, Evita dialogó con el pueblo que le reclamaba que fuera vicepresidente. “No, no”, le gritó la masa cuando deslizó la posibilidad de su renuncia. “Denme tiempo para decidir”, pidió ella. “Ahora, ahora”, le reclamó la masa. “Yo haré lo que el pueblo quiera”, concluyó llorando. El 31 de agosto les dijo a sus descamisados que no renunciaba a la lucha, “solo a los honores” después de un encendido discurso que declamó sostenida por Perón. No pudo ser candidata. Nunca tuvo un cargo público.
Para muchos fue el golpe definitivo, la indignación final.
Treinta y tres años en la tarde agónica y gris del 26 de julio de 1952. Los receptores de radio eran tapados por los rezos de sus adeptos, por los brindis de los oligarcas. A las 20.25 se moría.
Más de dos millones de personas mantuvieron el luto en las calles allende las cincuenta y cinco horas. El cuerpo embalsamado fue al Congreso y después a la Confederación General del Trabajo.
Hizo de sus reivindicaciones una lucha personal, quijotesca, mesiánica si se quiere. Organizó a las mujeres, a los trabajadores para defender sus conquistas, su ideal de un mundo más justo.

4 comentarios:

Maria Salvadora dijo...

gracias por el excelente e ilustrativo material.

Maria Paredes dijo...

Gracias por tan ilustrativo y alentador mensaje.

Jorge Daniel Zárate dijo...

A vos Salvadora querida por la buena onda...!

Anónimo dijo...

Releer tu texto y descubrirlo en clave feminista "todo esta hecho a la medida del hombre"... No estamos en el Kremlin ni el Vaticano ni en los estados mamores ni en la energía atómica. ... Es una dulzura su cabildo abierto. ...