2 de diciembre de 2012

Curuguaty, república o muerte


Por Jorge Zárate
Es lo que no está percibiendo la clase política que intentó detener el proceso de mínimos cambios iniciado por el gobierno de Fernando Lugo mediante un golpe de estado parlamentario de nefastas consecuencias hasta el momento.
Las fallas del proceso son evidentes. Desde la incompatibilidad manifiesta de Jalil Rachid para llevar adelante una investigación ecuánime, hasta la falta absoluta de pruebas que puedan justificar la prisión de la mayoría de los alojados hoy en las cárceles.
Rachid es hijo de un correligionario y amigo de la familia Riquelme, Bader Rachid Lichi.
El informe independiente deja en claro la situación de los presos.
Esto lo saben perfectamente los buenos abogados que hay en los partidos Colorado y Liberal y los de las otras fuerzas de derecha.
Por eso es delicado que no admitan públicamente la contudencia del reclamo de los partidos de izquierda y centroizquierda, las organizaciones sociales y sindicales que están abogando en materia de Derechos Humanos elementales con el acompañamiento solidario de entidades internacionales.
Se entiende que es un momento de encolumnamientos gruesos, y que habiendo votado juntos esa farsa de juicio político necesiten mantenerse cerradamente en una defensa,  lo que no se entiende es que pierdan de vista las groseras consecuencias de un pésimo proceso en el caso Curuguaty.
Puede morir más gente, para comenzar.
Pueden convertir a Franco en dictador como el peor de los finales.
La falla principal está en la consideración de la masacre.
El argumento de la derecha es que fue una emboscada de una treintena de campesinos a más de 300 policías. Es absurdo.
Lo real es que las de Marina Cue eran tierras públicas y que no se podía desalojar a los campesinos.
Lo real es que los policías no tenían orden de desalojo.
Lo real es que hubo un intercambio de disparos y que los campesinos testimonian que la balacera comenzó del lado de la policía
Lo real es que se incautaron escopetas que tiran perdigones y los policías caídos fueron muertos por balas de fusiles o armas automáticas
Lo real es que la familia Riquelme planteó un espurio juicio de usucapión de dichas tierras que jueces venales admitieron y que una oportuna acción del estado pudo reparar la injusticia a tiempo.
Lo real es que la cadena de responsabilidades políticas termina en la fiscalía y en el Poder Judicial que actuaron con la complicidad del Ministerio del Interior, órgano del Ejecutivo.
Un esclarecimiento total de esta cadena de hechos es lo que reclama la ciudadanía, no la inculpación a lo bruto del más débil que es el espectáculo que están ofreciendo.
Esta es la respuesta del pasado, la respuesta del palo, las balas de goma, los gases.
No es la que se necesita.
Inflexión
Curuguaty marca una necesaria inflexión en el curso de la lucha por la tierra en el país.
La matanza atemorizó a la derecha porque hizo evidente una cuestión que nunca había asomado con tal fuerza.
Los campesinos están dispuestos a entregar la vida por la tierra.
Es algo que sabe todo el país, no es tampoco una ciencia venir a develarlo.
Entre los ocupantes de Curuguaty hay personas que estuvieron en más de una docena de ocupaciones que fueron terminadas con la antigua fórmula stronista. Palo.
Hay más de 100 muertos en la lucha por la tierra, sólo desde 1989 hasta hoy y los relatos del informe Chokokue son de vital importancia para comprender esta profundidad.
La Constitución consagra el derecho de cada paraguayo a una parcela de tierra y entre tanto hay más de 300 mil familias campesinas sin tierra.
El gobierno de Lugo nunca pudo articular los principios de una reforma agraria, por falta de convicción, por torpeza, pero por sobre todas las cosas, por la incapacidad de sacar a la luz la fuerza y la justicia del reclamo campesino.
Hablamos de un país que se reivindica república (Del latín Res, cosa y pública, del pueblo) y no tiene catastro nacional.
Entonces se hace cínica la dicotomía del himno: paraguayos república o muerte.
Desde hace más de un siglo, la única respuesta que dio la oligarquía hija de la Guerra de la Triple Alianza es muerte.
Entonces, es hora de la República.

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