18 de agosto de 2014

Aferrarse a la tierra, resistir y plantar alimentos, salidas populares al hambre que azota el mundo.


Nilciney Tora, Claudia Korol, Raúl Zibecchi y la moderadora Marielle Palau en el debate público frente al Panteón de los Héroes en el centro de Asunción. Foto Natalia Ruiz Díaz.

En 61 muestras de leche materna tomadas en una investigación sobre el uso de agroquímicos en el Brasil, el 100% tenía al menos un tipo de veneno. El 85% entre 2 y 6 tipos distintos de venenos registrados.
“Lo más sagrado de la salud y la alimentación humana, que es la lactancia materna, ya comienza también a ser una manera de envenenarnos también desde el comienzo”.
Nilciney Tora, Movimiento Sin Tierra (MST) del Brasil.
“No acabará esta especie maligna de la sola-persona hasta que la persona-muchedumbre suba a imponer todo su derecho sobre lo torcido y venenoso de la especie humana”.
Augusto Roa Bastos, Yo El Supremo.
panel rosa
El público desafió al frío del miércoles 13 de agosto. Foto Natalia Ruiz Díaz.

Sobre el Seminario Internacional sobre Agronegocio en el Cono Sur: Resistencias y Alternativas


“Once mil compañeros salieron a interrumpir el tráfico, a cortar 7 diferentes rutas”, cuenta Nilciney Tora del Movimiento Sin Tierra (MST) del Brasil insistiendo en que la Reforma Agraria Popular es la única alternativa para los campesinos de todo el cono sur. “Y esto se logra con luchas permanentes, masivas y unitarias”, expone ante un auditorio en mayoría urbano que se constituyó frente al Panteón de los Héroes desafiando el viento helado de la tardenoche del miércoles.
Un debate más que importante al cumplirse un año del gobierno de Horacio Cartes donde el uso del Estado mediante la fuerza pública para favorecer el agronegocio aparece como el detalle más escandaloso de un gobierno que descuida de manera indolente el grave problema de pobreza que vive el país.
Era el cierre del Seminario Internacional sobre Agronegocio en el Cono Sur: Resistencias y Alternativas que organizado por las Ongs. Servicio de Paz y Justicia (Serpaj), Base de Investigaciones Sociales (Base IS) y apoyado por la Fundación Rosa Luxemburgo se desarrolló en la semana en nuestra capital.
Desde el golpe de Estado a Fernando Lugo en junio de 2012 se revirtió por completo la política de mínimos controles de los productos transgénicos, de los insecticidas y herbicidas que se utilizan en el campo. El gobierno de facto de Federico Franco, que sucedió a Lugo, aprobó la utilización de semillas transgénicas de algodón, soya y maíz, que en otros países todavía están en estudio por sus posibles impactos en otros cultivos.
La muerte de las niñas Adela y Adelaida en el asentamiento Huber Duré son en gran medida el disparador de las jornadas de protesta que se están llevando a cabo en todo el país en este momento.
Por eso la propuesta del brasileño Tora forma parte de una respuesta posible ante un avance implacable de un modelo financiero de la agricultura en el que de ninguna manera interesa dar de comer a un mundo donde más de la mitad de la población, miles de millones de personas, vive con hambre.
Así lo recuerda Claudia Korol de Pañuelos en Rebeldía de Argentina exponiendo la necesidad de enfrentar a la idea de “Las repúblicas unidas de la soja”, aquel aviso publicitario de la transnacional Syngenta que muestra toda el area sojera del cono sur sin fronteras.
“Todos juntos tenemos que enfrentar a ese enemigo que nos está matando, la integración de los pueblos es lo único que los va a derrotar”, señala.
Se destaca entonces el ejemplo de los pobladores del Barrio Malvinas Argentinas de Córdoba, la palabra de Esther Quispe, una de sus dirigentes principales. “Le mojamos la oreja a Monsanto”, cuenta la mujer y reseña años de lucha para evitar que se instale en el barrio una planta de la transnacional que hizo de un agroquímico de uso militar, el agente naranja, un utilitario agrícola al que quiere presentar como inofensivo a pesar de las miles de vidas que ya se cobró en el mundo.
Todo indica que la planta ya no se construirá en un barrio en el que la mayoría de la gente se dedica a la producción hortícola.
Marcial Gómez, secretario general adjunto de la Federación Nacional Campesina (FNC) recuerda que para una sola de las siembras de soja se utilizan una cantidad tan grande de agroquímicos que si se los divide por la cantidad de habitantes a cada uno nos tocaría 5 litros. “Como dicen los compañeros, a fortalecer las luchas”, insta.
El periodista y analista uruguayo Raúl Zibecchi había abierto el panel analizando las triunfantes luchas en Argentina, Chile y Colombia contra la gran minería, situación a la que presentó como ejemplo de que es posible enfrentar el agronegocio que responde a “este modelo de muerte, a esta fase del capital financiero que es brutal”.
Lo dice de manera sencilla. “O frenamos el agronegocio o nos mata, por eso hay que aferrarse a la tierra, defender la agricultura familiar campesina, movilizarse generando una situación política que haga insostenible este modelo”.
Somos capaces, tenemos que hacerlo.
Jorge Zárate
Fotos: Natalia Ruiz Díaz

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