
Imágenes e
historia de la emblemática compañía nacional se disfrutan en el muy buen libro
“Un ejército para Terpsícore”. Una obra integral que recorre el tiempo y devela
el esfuerzo, el tesón, la persistencia de los amantes de la danza para sostener
un cuerpo de baile que eleva su arte para disfrute de la población. Una
celebración que mueve a bailar al son de los recuerdos.
“La idea del libro surge de parte de la
Asociación de Amigos del Ballet Municipal que tiene el interés de dejar por
escrito la memoria de la compañía más grande del Paraguay”, resume Patricia
Bonnin Arias, investigadora principal del trabajo.
Poder captar lo
intangible, el esfuerzo humano detrás de tamaña empresa, era el arduo objetivo
que se planteó con un equipo de la Universidad Rey Juan Carlos de España,
integrado por las doctoras Gaël Ĺévéder-Lepottier Bernard y Estela Alarcón
Rodríguez y el profesor Manuel Garzón Albarrán.
“Como se tiene
cierta tradición en la investigación de la danza, hay doctores en artes
escénicas, en comunicación, que están indagando en torno al hecho histórico,
artístico, social y estilístico de la danza se pudo contar con el personal
adecuado”, comentó Bonnin Arias que es doctora especializada en el desarrollo
institucional, identitario y estético de la danza.
“Fue un reto muy
grande, hubo que hacer una recopilación de fuentes primarias, datos empíricos,
entrevistas estructuradas, siguiendo la investigación social e histórica”, con
equipos de apoyo en Asunción y Madrid que permitieron abordar la tarea.
Patricia temía
que su parentesco con Miguel Bonnin, actual director del Ballet Clásico y
Moderno Municipal, no dejara ver su solvencia técnica. “Tenía reticencias a que
todo ese trabajo que me había costado años se pusiera en cuestión por mi
apellido, pero el hecho de contar con compañeros preparados y valiosos me
ayudó”, resumió.
“Un ejército para
Terpsícore”, fue un desafío porque hay muchas fuentes vivas que tienen la
historia dentro de sus corazones, sus cabezas, dentro de sus cuerpos como
bailarines, conservan la historia de la compañía como la conservan sus alumnos
y eso es muy grande. Porque ser un bailarín es muy difícil, es una carrera muy
exigente, muy vocacional, muy pocas veces remunerada a la altura de la
preparación y la entrega que requiere. Era fundamental respetar a todas las
generaciones, a cada uno de los pioneros, fundadores, maestros de la compañía,
esas que van ligando, entrelazando y construyendo como en un tejido, toda la
trayectoria del Ballet”, expuso.
También en el
esforzado derrotero jugó un rol muy importante la Asociación de Amigos del
Ballet Municipal que dio apoyo desde el 92 y cumple 30 años en esta tarea. “Son
fundamentales, como se verá en la publicación para que la compañía se
sostuviera en el tiempo y también creciera. Tenemos el apoyo de personas de la
intelectualidad paraguaya que ven desde otra perspectiva, también políticos que
fueron directores de cultura o intendentes, para dar una visión global, no solo
de un colectivo de personas. Entrevistamos a bailarines, coreógrafos, personal
auxiliar, la idea siempre ha sido realizar un abordaje poliédrico de 50 años de
trayectoria social e histórica”, dijo. “Todo para construir un dibujo común, lo
más fidedigno posible en relación al ballet, resaltando lo que une a los
protagonistas”, apunta reforzando la idea.
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| Patricia Bonnin (der.) y Gaël Lévéder-Lepottier (izq.) |
“El libro toca
las coyunturas que marcaron el devenir del elenco se tocan temas relacionados
con la funcionalización de la plantilla, su estabilidad laboral, su
remuneración, que son ineludibles cunado tratamos la profesión de la danza. Que
no ha sido tratada con todo el cariño y el respeto que merece”, cuenta la
investigadora.
De acuerdo a su
percepción “las generaciones tienen un denominador común, que es el tesón y la
lucha por sacar adelante la danza en el país”, apunta.
Así fue que
basada en la idea de Jean Georges Noverre, “el padre del ballet moderno” que
exhortaba a los “hijos de Terpsícore” a “abandonar las florituras y centrarse
en la dignidad de su profesión, en la expresión”, se decidieron por titular “Un
ejército para Terpsícore” al volumen de 280 páginas que relata esta rica
historia.
“Esa alusión a la
musa griega de la danza, da cuenta que eran hijos luchadores, con una carga
importante de desafíos de retos que tuvieron que afrontar para enfrentarse a
por ejemplo diferentes coyunturas políticas o en el caso de los bailarines
varones a los prejuicios en torno a la sexualidad o la orientación sexual. Al
desconocimiento de lo que significa ser bailarín. Nos pareció que hijos era
poco, son héroes. Queríamos centrarnos en ese componente de lucha, tesón,
entrega que reitero es denominador común que se ve a lo largo de la historia de
la compañía”.
Valoraciones
Patricia recuerda
que “estudiamos la historia para no repetir los errores del pasado y para ir
mejorando las sociedades y las instituciones. El libro es una fuente de
estímulos, de reflexión que nos puede hacer repensar políticas culturales y
también nuestra percepción del valor de la danza para la sociedad. Se minusvalora mucho a los bailarines. Tenemos
que ser capaces como sociedad de entender que no sólo la danza y otras artes
visuales y escénicas son patrimonio del ciudadano que invierte impuestos para
verse beneficiados por el hecho artístico. Entonces, es interesante que esta
fuente de reflexiones nos haga pensar en que la cultura es una inversión”,
resalta.

Apunta luego que
“podemos ver el ballet en diferentes perspectivas, en términos técnicos y
artísticos hay un enorme potencial, que no solo es promesa, sino que son
hechos, personas, bailarines profesionales que trascendieron la frontera y
otros que han decidido quedarse y emprender la lucha en el país, cosa que me
parece muy valiente, ser soldado de Terpsícore y luchar por su profesión,
tenemos cada vez bailarines mejor preparados”.
Recordó que la
última camada pudo trabajar “con maestros provenientes de la opera de París,
Chile; el Teatro Colón de Argentina; de Brasil; Estados Unidos, todos ellos con
gran generosidad desde su perspectiva dejaron algo sembrado para la reflexión y
la praxis que va calando en las siguientes generaciones”.
Otro elemento a
destacar es “una evolución de la propia sociedad paraguaya cuando se pude
contar con más bailarines formados en el Paraguay que no tienen que cruzar
frontera para profesionalizarse. El hecho de que los bailarines masculinos se
puedan desarrollar en su entorno sin prejuicios es una buena noticia”,
concluyó.
Esto permite ver
“un salto cualitativo y cuantitativo considerable. Las producciones son
espléndidas, nos hacen pensar en que esas primeras semillitas que tanto costó
crecer que soportaron tantas tempestades o falta de riego como consiguieron
convertirse en un árbol sano”.
A futuro entiende
que quedan desafíos como abrigar a la compañía en una mejor infraestructura: “seguramente
que con el abordaje del Patio Norte se podrá brindar un espacio de trabajo más
generoso y más holgado para que la compañía pueda producir más y mejor”, señala.
Miguel Bonnin: “El amor a la danza fue predominante”
“La persistencia
fue fundamental, pero creo que lo que predominó es el amor a la danza porque
toda la gente que pasó por la compañía ya como directores o bailarines, amaban
profundamente esta profesión”, dice Miguel Bonnin, director del Ballet Clásico
y Moderno Municipal de Asunción.
“La danza, el
ballet es un arte que gusta mucho al paraguayo, estamos dentro de los pueblos
que gustan profundamente de la danza. En Argentina, Brasil, Uruguay y Chile, el
pueblo latinoamericano en general ama la danza”, expone.
Protagonista de
esta historia Bonnin recuerda: “A mí me tocó estar en distintas épocas, cuando
tenía 14 o 15 años cuando se creó la compañía estuve como oyente. Después
estuve como 10 años bailando en el extranjero. En 1989 me dieron la dirección y
lo principal fue el apoyo de mi familia que fue incondicional. La familia tenía
una productora con la que pude llevar al Teatro Municipal obras como el Lago de
los Cisnes, Don Quijote, Romeo y Julieta y eso fue una gran ayuda. Mis hermanos
y la familia entera, mi esposa, mis hijos, siempre fueron un apoyo muy
significativo”, recordó.
“También la
Asociación de Amigos del Ballet dieron un apoyo sustancial para cumplir el
trabajo en los dos períodos que me tocó dirigir. Fue importante porque siempre
se manejaban en la intendencia y la dirección de Cultura, distintas opiniones
sobre cómo debía ser el ballet. Contar con el apoyo de una entidad que buscaba
los fondos y que ayudaba principalmente a conseguirlos, es central. Porque por
mucho amor que se tenga, si no se tienen los medios es difícil producir ballet.
Es un arte costoso donde todo cuesta caro, zapatillas de punta, pagar las
coreografías, los maestros, vestuarios, escenografías todo tiene costo elevado.
Por suerte, el público llena las salas, agota las entradas”.
- Se entiende siempre que las escuelas rusa y
francesa predominan en lo clásico. En la historia del ballet se puede apreciar
el esfuerzo por vincularlo a la danza moderna y contemporánea, ¿Cómo ocurrieron
y cómo se dan hoy en día esos diálogos?
- Las escuelas
francesa y rusa son fundamentales a pesar de tener características opuestas. La
persona que sabe ver o entiende, puede quitar lo mejor de ambas escuelas. Aquí
hubo mucha influencia en los orígenes de la escuela francesa que era la escuela
rusa antigua, imperial, después apareció el método de Agrippina Vaganova,
excelente, aunque con cosas buenas y otras no tan buenas. Aquí en el país se ha
tratado siempre de sacar lo mejor de las escuelas.
El bailarín tiene
que saber bailar de todo porque con la globalización los vocabularios de los
coreógrafos son muy eclécticos. Nuestra compañía es ecléctica desde hace mucho
tiempo, ya desde la época en que Teresa Capurro hizo la unificación bailábamos
clásico y moderno. El buen bailarín tiene que saber bailar de todo, clásico,
contemporáneo, hip hop, todo, cuando más vocabulario tenga, mejor será su
expresión.
Creatividad
El maestro
considera que la creatividad es un valor central en el Ballet paraguayo:
“Gracias a ella hemos avanzado mucho, porque se han hecho producciones que
hicimos con un dinero muy inferior a lo que cuesta en países vecino. Me
sorprenden siempre lo versátiles que son nuestros bailarines que pueden bailar
con zapatillas de punta, de media punta, descalzos, pueden interpretar a San
Francisco o San Roque y al día siguiente hacer Carmen o el Lago de los Cisnes o
Madame Lynch. Todos los personajes más dispares y eclécticos son interpretados
por ellos y son muy dúctiles y deseosos de seguir progresando, avanzando y creo
que lo están consiguiendo”, expuso.
“Hemos bailado en
el Mercado 4, en el Bañado Tacumbú, en la Costanera, en los escenarios más dispares,
en todos los teatros del país, en las principales ciudades del interior, por
todo el país, es una compañía que tiene un reportorio que se puede considerar
una compañía nacional porque tiene obras de inspiración paraguaya como Roque
Marangatú, Madame Lynch, bailamos con la banda, la orquesta, arpistas, somos
versátiles y creativos no se puede discutir”, apuntó.
La cuestión
económica aparece siempre. Bonnin
expone: “Hoy en día la directora Angie Duarte está dando un apoyo importante
para festejar estos 50 años de una manera digna, es una persona que gusta mucho
de la danza y está dando un apoyo significativo. También nuestra alianza con la
Orquesta Sinfónica Nacional (OSN) ha sido fundamental porque desde que hacemos
funciones acompañados por la orquesta el nivel ha subido notoriamente”,
consideró.

“Creo que el
ballet paraguayo ha crecido y tiene que seguir creciendo, aunque me preocupa la
formación de nuevos maestros. Creo que es importante que se formen, que se
estudien, que se analicen las escuelas, las tendencias que hay en el mundo hoy
en día. La carrera del bailarín no termina cuando uno deja de bailar, puede
seguir como maestro, como coreógrafo y es importante que los jóvenes lo vean
así y también que hay que especializarse, estudiando pedagogía y metodología y
ver la riqueza de los distintos vocabularios que hay en la danza. Hay que
especializarse y el mundo entero está avanzando a pasos agigantados, los jóvenes,
hay una camada muy talentosa y capaz en la que creo que podemos poner
esperanzas de que las cosas van a ir mejorando cada vez más. Es mucho lo que se
hizo y lo que queda por hacer”.
Según pasan los años
El Ballet Clásico
y Moderno Municipal nació “en plena dictadura con apoyo de algunas personas muy
afines”, recuerda Patricia Bonnin Arias que considera el hecho como una “gran
paradoja”.
Sin embargo “ese
apoyo va decayendo y podemos ver que la capacidad adquisitiva de los bailarines
no se mantiene, va decayendo y podemos ver la desidia en relación a la
compañía”, dice de esta historia que aparece bien contada en “Un ejército para
Terpsícore”, el libro que recorre los 50 años del cuerpo de baile.
“Hubo también
altibajos en el periodo democrático donde hubo apoyos más fuertes a partir de
las subvenciones y el apoyo financiero que se les da”, aunque indica que no
siempre fue sostenido.
La investigadora
recuerda que esto impacta en “la educación del público, que es la que
finalmente sufre. Los diferentes directores en estos 50 años buscaron la manera
de conectar con el público, no de darle lo que quieren o lo que más vende, sino
de darle un recurso para crecer”.
Es bueno señalar
que “la cuestión económica es transversal al relato, algo que se palpa a la
hora de llevar adelante la compañía donde incluso los directores sacaron dinero
de su propio bolsillo para poder comprar zapatillas, costear a un bailarín,
producciones, etc. Es un problema que todavía no se ha podido solventar en
totalidad”, apunta.
“Está la creencia
o la percepción de que si se pagan los sueldos ya está sostenida la compañía y
no es así. La cultura no es un gasto, es una inversión para los ciudadanos, la
sociedad en general debe entender que la cultura es lo que somos y se necesitan
recursos para las producciones porque una compañía que entrena y no sale a
escena, no es tal. Es muy importante centrarse en los recursos”.
Recordó también
que existe un proyecto de Ley de Mecenazgo que habría que desarrollar sin que
esto signifique una resta de los fondos públicos que sustentan el Ballet. “Es interesante,
pero hay que ver su desarrollo para que no exista un abandono de las artes,
pero me parece importante que la sociedad se involucre”.
Bonnin quizo
dejar un párrafo especial para destacar el “apoyo en tiempos de la Pandemia del
Coronavirus que dio la gestión de Angie Duarte permitiendo mantener a toda la
compañía sin que haya un solo despido en un momento de tanta incertidumbre”.
Una historia en imágenes
“Un libro como el que estamos presentando
contiene, pues, una narrativa de narrativas. Las imágenes narran historias”,
cuenta Fernando Allen, editor de “Un ejército para Terpsícore”
“Nuestro trabajo,
como editores, es el de presentar de la mejor manera posible esa narrativa
madre, el cauce principal por el cual fluirán todas las demás historias, como
un río pleno de significados. La edición de un cuerpo de imágenes implica
siempre un cierto dolor, el dolor de dejar fuera cosas que a menudo son las que
más nos gustan, pero que no encajan en el concepto del relato. Aunque suene
algo dramático, editar equivale a manejar ese “dolor”, explica. 
“Este trabajo es
minucioso, a veces tedioso, y se realiza en un territorio generalmente
inestable, porque muchas cosas van cambiando durante el proceso. Con Jimena
Riso (Elefante Mental), quien realizó el diseño gráfico del libro, hemos
invertido meses buscando que las imágenes se integren al relato y generen un
ritmo interesante para el espectador. No es poca cosa calzar 50 años de rica y
apasionante historia del Ballet, en 280 páginas. Creo que lo hemos logrado, por
lo que estamos muy conformes con el libro”, apuntó.
“Me gustaría
mencionar -y destacar- a mis colegas fotógrafos que han hecho posible, a través
de su talento, pasión, y de una práctica desarrollada con mucho esfuerzo,
compromiso y dedicación durante tantos años, tener un cuerpo de obra
fotográfica tan impresionante con el que hemos podido contar para realizar la
edición del libro. Sin estas magníficas fotografías, este libro sencillamente
no se hubiese logrado”, comentó.
- ¿Qué cosas crees puede movilizar el conocer tan
rica historia en administradores y actores culturales?
- Creo que es un
hito cultural histórico en el Paraguay la sobrevivencia, dentro de la esfera
pública, de una actividad artística como la desarrollada por el Ballet Clásico
y Moderno Municipal. Creo que se trata de un caso paradigmático en el que la
pasión, la perseverancia, el talento, el compromiso y la gestión en equipo,
méritos de todos quienes han trabajado en y por el Ballet durante estos
primeros 50 años, pueden prevalecer sobre la mezquindad y el desinterés,
generando dinámicas que alcanzan a otras disciplinas: vestuarios, teatro,
escenografía, fotografía, producción de espectáculos, músicos y directores,
etc.
Jorge Zárate

Dónde conseguirlo
Se podrá adquirir
el libro “Un ejército para Terpsícore” en las funciones de las 16 y las 19 de
la obra “El Lago de los Cisnes” que se presenta este domingo 23 a las 19 con
entradas agotadas y el próximo fin de semana, 28, 29 y 30 de octubre en el
Teatro Municipal, Ignacio A. Pane.
La primera
edición es de 1.000 ejemplares, y se pueden adquirir en la sede del Ballet
(Teatro Municipal).
También se puede
reservar el libro llamando al 0975-555209
Links
https://www.asuncion.gov.py/cultura-turismo/comuna-celebra-50-anos-del-ballet-municipal-con-lanzamiento-de-libro-exposicion-de-vestuario-y-gala