14 de julio de 2015

Junto a una multitud de jóvenes, el Papa rezó para tener un corazón libre


Impresionante la cantidad de jóvenes que llegaron hasta la Costanera para participar de un encuentro histórico con el papa Francisco. Foto de Carlos Juri, publicada en La Nación.
“Tenemos que tener el corazón libre, que pueda hacer lo que piensa y lo que siente. ¡Ese es un corazón libre!”, dijo el papa Francisco en un discurso que improvisó en base al pedido de Orlando, un joven que leyó las Bienaventuranzas durante la ceremonia. “Él me pidió que rece por la libertad de cada uno de nosotros”, dijo el pontífice recordando que la “explotación, la falta de medios para sobrevivir, la drogadicción, la tristeza nos quitan la libertad”. Fue apenas después de saludar y dejar los papeles del discurso que tenía preparado en el pupitre. “Gracias Orlando por hacernos caer en la cuenta de la necesidad de un corazón libre: Pídanlo todos los días!”, señaló desatando una ovación.
Antes había escuchado las historias de vida de Liz Fretes, de San Bernardino; y Manuel de los Santos Aguilar.
“Liz nos enseña a no ser como Poncio Pilatos y lavarnos las manos”, dijo recordando lo que la joven enfermera de 25 años había narrado minutos antes. Ella tuvo que hacerse cargo de su madre, que tiene Alzheimer y de su abuela que está postrada. “Esto se llama solidaridad, cuando nos hacemos cargo de los problemas del otro”, apuntó.
En tono didáctico, haciendo gala de sus dotes docentes, Francisco fue sembrando los conceptos y reiterándolos para su comprensión. “Manuel no la tuvo fácil… en lugar de robar, se fue a trabajar, en lugar de salir a vengarse de la vida miró para adelante”, destacó. El joven campesino de San Pedro relató cómo llegó hasta Asunción entregado por sus padres que no lo podían mantener, para sufrir explotación y maltrato, para caer en la adicción. Su relato de cómo se recuperó gracias a una tía, al grupo de oración y al trabajo constante en la chacra fue destacado por el jefe de la Iglesia.
Recordó que ambos coincidieron en algo: “Empecé a conocer a Jesús” había dicho Liz. “Conocí a Dios”, fueron las palabras de Manuel, recomendando entonces leer Mateo, Capítulo V. Recordó que la Biblia “no dice felices los ricos, los que tienen plata” sino “los que tienen alma de pobres”; no dice que serán felices “los que la pasan bien” sino “los que tienen la capacidad de afligirse por los demás…”. “Necesitamos jóvenes con esperanza y fortaleza, no queremos jóvenes que se cansen rápido y estén con cara de aburridos, queremos jóvenes fuertes, con el corazón libre, con solidaridad, trabajo, esfuerzo y esperanza”.
Reiteró entonces “Libertad, Servicio, Esperanza, Lucha por la Vida y Salir Adelante, ese es el camino, porque conocer a Dios nos da esperanza y fortaleza”, apuntó. Después comenzó a despedirse generando un “No” rotundo de la multitud. “Me tengo que ir”, dijo el hombre razonablemente agotado tras una gira muy exigente para un hombre de 78 años.
Entonces repitió su pedido: “Sigan rezando por mí” y agregó “sigan haciendo lío, pero también ayuden a organizar el lío que hacen. Un lío que nos dé esperanza, que nazca de haber conocido a Jesús”. Se despidió con una oración que repitió la concurrencia. “Jesús enséñanos a soñar cosas grandes, lindas, que aunque parezcan cotidianas, son cosas que agrandan el corazón. Danos fortaleza, un corazón libre, esperanza y amor y enséñanos a servir”, dijo para despedirse pidiendo que se rece por él. Lo acompañaron en el saludo Orlando, Liz y Manuel en un gesto que coronó una jornada histórica.
Jorge Zárate
jdzarate@gmail.com

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